viernes, 26 de diciembre de 2025

161.- Ya está en verde

     ¡Cómo le fastidiaba, joder!

     Estaba a punto de comenzar a gritar. Los semáforos lo ponían de los nervios. Sobre todo cuando iba conduciendo y lo obligaban a detenerse porque sí, un buen rato, aunque no hubiera nadie. Solo para joder. La verdad era que sí, que se hubiera puesto a gritar. Total, nadie se hubiera enterado. Estaba todo tan desierto, a esas horas de la noche... Por no haber, no había ni vecinos con luces encendidas. Seguro que estaban todos durmiendo.

    Estaba ya preparando las cuerdas vocales para descargar su rabia, cuando un coche se le puso al lado, en el carril de su derecha.

    Maldita sea, tendría que dejar el grito para otra ocasión. Tampoco quería parecer un loco.

    Miró al otro conductor. Seguro que estaba tan molesto con el semáforo como él. El otro, al menos, acababa de llegar, seguramente la espera se le haría más corta.

     Notó que lo miraban, giró la cabeza. El conductor del otro coche lo observaba a él. Y eso que se había contenido. Vio que le hacía una señal y que bajaba la ventanilla. Pensó que querría preguntarle algo, una dirección o cualquier otra bobada.

     El semáforo ya se iba a poner en verde. Joder, todo eran fastidios. El otro conductor levantó algo que tenía sobre las piernas. Cuando vio que era un arma de fuego, intentó gritar. Esta vez, con todas sus fuerzas. El semáforo ya estaba en verde. Quiso pisar el acelerador.

    Sonó una detonación. Solo una. Y de los dos coches, solo uno salió disparado con el permiso del semáforo. El otro permaneció parado. En su interior, un tipo al volante, con la boca abierta y la cabeza reventada, en un último y macabro grito final.

jueves, 4 de diciembre de 2025

160.- Para fardar

     Cuando el John Lennon con pijama se fue, Gutiérrez y Hortensio se quedaron mirando el uno al otro.

     - ¿Y bien, comisario?
     - Poca hostia, Hortensio.
     - Pero menos da una piedra, ¿no?
     - Muy poco menos, la verdad.

     Hortensio levantó la libretita en la que había estado tomando apuntes durante el interrogatorio y la observó mientras hablaba.

     - Sabemos que es un coche azul oscuro, de tamaño mediano...
     - Casi todos los coches son azules y de tamaño mediano, joder. Y no sabemos ni la marca, para qué hablar ya de la matrícula.
     - Todo se andará, jefe...

     Gutiérrez suspiró y se encendió un pitillo.

     - Yo no descartaría que ese tipo fuera el asesino. Con esas pintas de jipi...
     - ¿Usted cree? Parece un buen ciudadano.
     - Yo lo seguiría.
     - ¿Y para qué habría venido, entonces? ¿Para fardar?
     - A mí no me extrañaría...
     - Bueno, tenemos sus datos.
     - Pues ya sabes. Que no se escape. Menos da una piedra, como tú dices...

jueves, 20 de noviembre de 2025

159.- Chanclas con calcetines

     Toc, toc. Llaman a la puerta del despacho de Gutiérrez. Le informan de que alguien pregunta por él. Gutiérrez apoya su cigarrillo en el cenicero y da permiso para que pase.

     Aperece entonces en la puerta, acompañado de Hortensio, un tipo de lo más estrafalario. Pelo desmadejado, como de no haberlo lavado en semanas y no haberlo peinado en la vida, barba hasta el pecho, gafitas de John Lennon, una especie de pijama de colores como atuendo y un par de chanclas con calcetines (¡chanclas con calcetines!) como calzado.

     Gutiérrez se pregunta que fue de aquellos tiempos en los que las chanclas con calcetines se consideraban una ridiculez, algo que solo los guiris, por desconocimiento, se atrevían a llevar. No obstante, deja la añoranza del pasado para otra ocasión y preguntan por qué se le requiere.

     El tipo, con voz aflautada, dice que tiene información sobre el asesinato. Sobre el coche. Que vio algo.

     Gutiérrez mira a Hortensio, que rebosa ilusión por la noticia. A Gutiérrez le parece un tipo chungo, un colgado que podría, perfectamente, ser el propio asesino acercándose a ellos por diversión, para jugar un poco.

     En cualquier caso, existe un protocolo que hay que seguir. Aunque es una mierda de protocolo, la verdad.

     - A ver, dime qué viste.

jueves, 13 de noviembre de 2025

158.- A plena luz del día

     - Joder, Hortensio, ¿en serio?
     - Sí, comisario.
     - ¿A plena luz del día?
     - Sí, comisario.

     A Gutiérrez se lo llevaban los demonios. A Hortensio también, pero este, al menos, intentaba disimularlo.

     - ¿Y sigue sin haber testigos? Parece increíble.
     - De momento, no. Nadie se fija en un coche que transita por la calzada. Debe ser un vehículo muy común, desde luego. Y cuando oyen el disparo y quieren darse cuenta, ya ha doblado la esquina y ha desaparecido. Es todo tan aparentemente casual...

     Gutiérrez le dio una calada al cigarrillo. Miró a Hortensio.

     - Pues ya van tres muertos -dijo con un hilo de voz.

     Hortensio asintió.

     - ¿Y si colocamos guardias en todas las esquinas? ¿O agentes de paisano?
     - ¿Cuántas esquinas cree que hay en la ciudad, comisario?
     - Que te jodan, Hortensio.

     Hortensio guardó silencio.

     - Alguna vez tendrá que cometer un error, maldita sea... y entonces estaremos allí para cazarlo, Hortensio. Dalo por seguro.

     Hortensio lo dio por seguro.

jueves, 30 de octubre de 2025

157.- Esto ya pasa de castaño oscuro

     Al tipo le había apetecido almorzar un bocadillo de pechuga de pollo con mayonesa. Eso era todo. No es que la nevera estuviera vacía; aunque no estaba a rebosar, desde luego que podría haber sacado un almuerzo decente. Lo que pasaba es que le apetecía el pollo.

     Es más, le apetecía la pechuga de pollo con mayonesa. Y tenía el pan, y tenía el pollo. Pero no tenía mayonesa.

     Por eso había salido de casa. Al supermercado, a comprar un bote de mayonesa. Tuvo que cambiarse de ropa, incluso. El supermercado estaba a dos minutos de casa, sería un momento, pero no quería aparecer por allí hecho unos zorros, con la ropa de andar por casa. Al principio le había dado una enorme pereza cambiarse, pero habían vencido las ganas de mayonesa.

     Así que se había cambiado, se había calzado decentemente y allí estaba, camino del súper.

     Hacía frío. No había cogido chaqueta. Se arrepintió de este detalle, pero tampoco le dio más importancia. Ya casi estaba allí.

     Había bastante gente. Supuso que estaban haciendo recados; algunos, como él, iban en busca de su antojo para el almuerzo; otros, como los operarios de enfrente, llevaban toda la mañana haciendo ruido con sus máquinas taladradoras.

     Un coche llegó a su altura, y caminó paralelo a él durante unos segundos, lo suficiente para que girara la cabeza. Quizá fuera un conocido. Pero no. La ventanilla estaba bajada, y pudo ver claramente cómo un tipo con la cara cubierta le apuntaba con una pistola.

     Cuando cayó al suelo, a plomo, con un disparo en la frente, se encontraba ya, prácticamente, a la altura de la puerta de supermercado.

jueves, 23 de octubre de 2025

156.- Nada que llevarse a la boca

     - ¿Alguna novedad con el caso? -preguntó Gutiérrez, con la calma de quien pasa por un aburrido trámite.
     - Pues sí, señor. Tenemos novedades.
     - ¿Algo nuevo con la identificación del asesino? ¿Algún vecino, alguien de la familia de la víctima que sospechara algo? ¿Alguna amenaza previa? ¿Alguien del trabajo, algún compañero de estudios?
     - No, señor, sobre eso no hay nada.
     - ¿Es la bala, entonces? ¿Algún dato nuevo de balística?
     - No, señor, de balística aún no tenemos nada.
     - ¿Y del arma? ¿Se ha encontrado algo?
     - Por el tipo de herida parecía un revólver estándar, comisario. Imposible dar con su poseedor; no, al menos, si no tenemos el arma en nuestras manos.

     Gutiérrez encendió un cigarrillo.

     - ¿Entonces qué coño tenemos, Hortensio?
     - Otro asesinato, comisario. Muy parecido. De momento, sin pistas.
     - Joder.
     - Sí, señor. Joder.

jueves, 16 de octubre de 2025

155.- Mejor sola que mal acompañada

     La verdad es que a Paula no le gustaba nada, pero nada, regresar a casa sola desde la sala de estudios. Pero era necesario, si quería salir airosa del complicado periodo de exámenes que tenía ante sí. Sus compañeros vivían al otro lado de la ciudad, y ella, por no molestar, nunca había hecho a nadie conocedor de sus miedos y de sus inquietudes, esos que se guardaba para ella misma y que, de vez en cuando, salían a la superficie.

     Solía acabar de noche, y el camino a casa, bordeando la valla del parque, se le antojaba siniestro. Siempre tan oscuro allí dentro, un terreno siempre poblado de susurros, silbidos, de sombras que se agitan... ¿cómo puede un mismo lugar ser, durante el día, un centro de vida y verdor y, al caer de noche, convertirse en la sede de todas las pesadillas?

     La luz de las farolas, que caía pobre e insuficiente sobre la calzada, tampoco ayudaba a tranquilizarla. Por eso sintió alivio cuando vio la luz de un vehículo que se acercaba. Había pasado por aquel lugar decenas de veces, era cierto; y nunca había pasado nada. Pero reconfortaba saber que, en la aparente soledad, todavía había vida, civilización, semejantes que coincidían contigo en el espacio, que también se dirigían a casa, a descansar, probablemente, después de una larga jornada.

     Así que sintió alivio.

     Lo sintió, al menos, hasta que notó que el coche ralentizaba su marcha, que una ventanilla bajaba y que por ella asomaba el cañón de un arma.

     A partir de ahí, Paula no supo nada más. Otros encontrarían su cadáver, tirado en la acera, con la cabeza reventada.

jueves, 9 de octubre de 2025

154.- Primeras pesquisas

     - ¿Y dices que no vio nada?
     - No, comisario. Oyó el disparo, salió al balcón y un coche doblaba la esquina. La víctima y su perro estaban en la acera.
     - ¿Ni siquiera se fijó en el color del coche?
     - Dice que no. Fue apenas un segundo, y su atención se centró inmediatamente en el cadáver. Insinuó que podría ser un coche de color oscuro, pero ni siquiera eso podía asegurarlo. Del tamaño, del modelo o de la matrícula ya ni hablamos.

     Gutiérrez le dio una buena calada al cigarrillo mientras miraba al infinito.

     - Vale, Hortensio. Protocolo habitual. Pregunta a los vecinos, mira las cámaras de seguridad de cualquier banco o negocio que hubiera en los alrededores, pide un examen de balística y el informe del forense y, si hace falta, pregúntale al perro, a ver qué te dice. Habla con la familia de la víctima, con sus compañeros de trabajo y con sus amigos, a ver si das con un móvil para el asesinato.
     - De acuerdo, comisario. ¿Algo más?

     No había nada más. Salvo esa desagradable sensación de que la resolución del crimen iba a ser complicada. Cómo no.

     Gutiérrez siguió un rato mirando al infinito, sin decir nada, sin pensar nada en concreto. Nada que no fuera que deseaba ferviente que aquel asesinato fuera único, y que no le llegaran en los próximos días informaciones sobre otros asesinatos con un modus operandi similar...

jueves, 2 de octubre de 2025

153.- La detonación

     La calle estaba desierta, tranquila. Se acercaba la medianoche, y todos los vecinos estaban descansando en sus hogares. Algunos ya dormían; otros alejaban con la televisión la hora de irse a la cama. Al día siguiente, en la mayoría de los casos, habría que levantarse temprano.

     Solo un joven, tras torcer una esquina, se desplazaba por una de las aceras. Llevaba un perro atado a una correa. El perro olisqueaba cada rincón que encontraba a su paso, y el joven, dejándole hacer, avanzaba distraído.

     Nadie se dio cuenta de que, desplazándose por la calzada, se acercaba un coche. Ninguno, ni el chico ni el perro, se percató de que, aun sin disminuir la velocidad, la ventanilla del copiloto, la más próxima al chico, comenzaba a bajarse.

     Nadie vio el cañón de la pistola asomar por la ventanilla.

     Pero todo el vecindario oyó la detonación, el resonar inconfundible de un disparo en mitad de la noche. Inmediatamente después, un par de ladridos.

     El primer vecino que se asomó, desde un balcón colindante, solo pudo ver un coche que, al fondo de la calle, giraba a la derecha; y el cuerpo del chico sobre la acera, con un disparo en la cabeza. Un charco de sangre y sesos se había formado en torno a ella, y aumentaba de tamaño por segundos.

     El perrillo, feliz, lamía y mordisqueaba el manjar que el destino le había puesto delante.

martes, 2 de septiembre de 2025

152.- Una despedida temporal

    - ¿Se puede saber qué cojones habéis hecho?

    Gutiérrez apretaba los puños. En la sien, una venilla parecía a punto de reventar.

    - A ver, comisario, usted estaba en la parra y nosotros pensamos...

    Hortensio se la estaba jugando. Podía estar cayéndole una bronca de cojones. Afortunadamente, Mel se había portado y el asunto había acabado bien.

    Una vez desenterrado del jardín el cadáver de Teodoro Crispín, a Guadalupe Romero la habían detenido ipso facto. No habían necesitado mucho para demostrar que Lupita había envenenado a su marido y lo había enterrado, más mal que bien, en el jardín.

    A Gutiérrez no le había gustado la noticia, y la última mirada que ambos se cruzaron, antes de que se la llevaran esposaba, era digna de película, de aquel "lo nuestro podía haber sido de otra manera", o de aquel "si no hubieras matado a nadie todo sería diferente". En cualquier caso, parecía que Gutiérrez aún no estaba a salvo del influjo de Irene Adler.

    - Es su Némesis, comisario.
    - Que te jodan.

    Hortensio puso su mano sobre el hombro de Mel.

    - Tiene que admitir, comisario, que somos buenos...
    - Unos cabrones, eso es lo que sois.
    - Sí, pero unos cabrones muy buenos en lo nuestro...

    A Gutiérrez, por debajo del bigote, por detrás del enfado, se le escapó, casi imperceptible, una sonrisa de orgullo por sus chicos. Pero que ellos no lo supieran, no fuera a ser que se lo creyeran y se les subiera a las barbas...

lunes, 25 de agosto de 2025

151.- Un cadáver incómodo

     Así que ahí estaba Mel, dale que te pego con la podadora. La experiencia con los setos de su madre había sido positiva. Él no había sufrido demasiado, y ella había quedado contenta con el resultado. Hasta le había querido dar unos eurillos por el trabajo realizado. Él, por supuesto, se había negado.

    - Que no, mamá... que no hace falta...

    Al final habían quedado en que Mel se pasaría por casa de su madre a cenar próximamente.

    Con Guadalupe Romero también había sido fácil entrar.

    - ¿Señores de Crispín? Soy el jardinero...
    - Adelante.

    El problema estaba en que se le acababan los setos y todavía no había podido colarse en la casa para buscar pistas. Ni en el garaje. Guadalupe estaba dentro, y el novelista disfrazado no se atrevía a inventarse una historia. ¿Podía decir que tenía que ir al aseo? ¿Que una rama se había colado en el dormitorio?

    El caso es que estaba ya pudiéndole la ansiedad, y el método Stanislavski mostraba ya sus fisuras, cuando Mel vio algo raro entre unos parterres preñados de hortensias. Se acercó. Comprobó que la tierra había sido removida recientemente en aquella zona, y no se imaginaba a Guadalupe Romero en labores de jardinería.

    Comenzó a escarbar con sus manos, mirando a un lado y a otro, para no ser descubierto.

    Vio una mano. Una mano enterrada. Una mano humana. Tuvo que ahogar un grito para no ser descubierto. La mano estaba pegada a un brazo. El brazo llevaba chaqueta.

    Lo volvió a enterrar todo y se fue por patas. Ni siquiera avisó a la señora de la casa, así que se quedó sin eurillos, y sin cena con Guadalupe. Ya tendría tiempo de verla cuando la detuvieran. Mejor quedar con su madre, que no parecía tan maquiavélica.

lunes, 11 de agosto de 2025

150.- Un disfraz estrafalario

     El novelista se miró al espejo y se sorprendió de lo que vio reflejado en él.

     - Joder, Mel, das el pego.
     - ¿Tú crees?
     - No te reconocería ni tu madre. De hecho, creo que tu madre, si te viera así, te pediría que le cortaras el césped y que le podaras los setos.

     Hortensio le dio una palmada en el hombro y quedaron, los dos, frente a frente con sus reflejos.

      - Y ahora, manos a la obra, y a meterte en el papel.

      A Hortensio se le había ocurrido vestir a Mel de jardinero y colarlo en casa de Guadalupe. Y hacerlo sin que Gutiérrez lo supiera, en lo que suponía un atrevimiento sin precedentes y plagado de riesgos. El primero de ellos, el enfado de Gutiérrez si se enteraba.

      Mel había aceptado, pero había recordado que él seguía el método Stanislavski.

     - Voy a hacer lo que dices. Me meto en casa de mi madre y le corto los setos. Si no me reconoce, es que va bien el plan.
     - Te vas a hartar de la jardinería.
     - Es el método Stanislavski, amigo.
     - Tú mismo. Hala, ve a por la podadora.

jueves, 31 de julio de 2025

149.- Un ayudante necesario

     Hortensio dejó la comisaria en cuanto acabó su jornada de trabajo. Dobló una esquina, aparentemente en dirección a su casa, pero pronto cambió su rumbo habitual.

     De repente se detuvo. Miró a un lado y a otro, intentando comprobar que no lo seguían, y penetró en uno de esos callejones que, a espaldas de las fachadas principales, funcionan como repositorios de basura al tiempo que son olvidados por los turistas y, en general, por las personas de bien.

     Allí se encontraba el bar Holidays. Un antro cuyo lamentable aspecto exterior solo era superado por el interior, oscuro y polvoriento.

     Ponían rock del bueno, eso sí.

     En una de las mesas había un tipo con cara de niño bueno, pinta de no haber roto un plato y toda la sensación de no pegar en un sitio como ese ni con cola. Frente a ese tipo, sin perder ni un segundo, se sentó el ayudante de Gutiérrez.

     - Mel, necesito tu ayuda -dijo sin rodeos. - Gutiérrez se me está escapando de las manos.
     - ¿Qué le pasa a Gutiérrez? -preguntó Mel, el reconocido novelista, encantado de recibir primicias y ayudar en la resolución.
     - Está agilipollado.

     Mel asintió. "Todos hemos estado agilipollados alguna vez en la vida", parecía decir. La ayuda ni había ni que pedirla, por descontado que él haría lo que fuera necesario.

viernes, 25 de julio de 2025

148.- Como Irene Adler

     - De modo que fue aquí donde sucedió todo...
     - Sí, comisario, fue horrible, todo lleno de sangre, y yo, que soy tan sensible...

     Guadalupe Romero lloraba como una magdalena mientras se agarraba al brazo de Gutiérrez, que se dejaba hacer.

     - Dígame que encontrará a mi marido, comisario... ¡dígamelo, por favor!
     - Lo encontraremos, puede estar tranquila.

     Hortensio se aguantaba las arcadas mientras contemplaba la escena de la plañidera y el tipo duro. A él todo esto le olía a chamusquina. ¿Quién esconde un cadáver y lo deja todo perdido de sangre? ¿Quién salía ganando con la desaparición del potentado Crispín? ¿Quién estaba sobreactuando como si pretendiera extender una cortina de humo sobre la verdad del asunto?

     Para Hortensio, todas las preguntas tenían la misma respuesta: Guadalupe.

     Gutiérrez, en esos momentos, tomaba la mano de la compungida víctima, la mirada a los ojos y le decía que todo iba a salir bien, que no temiera.

     - ¿Recuerda a Irene Adler? -le dijo a Gutiérrez en cuanto se quedaron solos.
     - ¿Irene Adler? -preguntó este mientras se encendía un cigarrillo. - ¿No es la archienemiga de Sherlock Holmes? ¿La que siempre lo engaña, siempre va un paso por delante y juega con él como si fuera una marioneta?
     - Exacto.
     - ¿Qué pasa con ella?
     - Que se aplique el cuento, comisario.

     Hortensio no tenía muy claro si el comisario había captado la analogía. Este, por toda respuesta, se rascó la barbilla y le dio una buena calada al cigarrillo.

jueves, 17 de julio de 2025

147.- Una desconfianza absoluta

     - ¿Ha visto a esa tipa, comisario?

     Hortensio asomó la cabeza cuando el eco de los tacones de Guadalupe todavía resonaban en la mente de Gutiérrez.

     Gutiérrez, que aún estaba con la boca abierta, sumido en ensoñaciones, asintió con la cabeza.

     - No hay más que verla para saber que no es de fiar. Mucha seguridad aparente, mucho contoneo, muchas ganas de llamar la atención y un ego como un camión de grande. Es de esas que esconde algo. ¿No piensa lo mismo, comisario?

     Gutiérrez, ausente, asintió con la cabeza.

     - Me está escuchando, ¿verdad, comisario?

     Gutiérrez, sin saber muy bien qué le estaban diciendo, asintió con la cabeza.

     - Comisario, ¿está bien? Parece como si le hubieran hipnotizado. Cuénteme que quería esa mujer que acaba de salir, por favor.

     Gutiérrez, dócil, le contó de Guadalupe y de Teodoro, de crímenes en el baño y de cadáveres desaparecidos.

     - Joder, comisario, esto huele a chamusquina. Debería decirlo usted, pero como le veo muy parado hoy, pues lo digo yo. ¡Despierte, hombre, que está en la parra!

     Gutiérrez se preguntó cómo se atrevía Hortensio a hablarle así, de un lado; y por qué no reaccionaba dándole una buena hostia, por otro. A ninguna de las preguntas obtuvo respuesta.

martes, 8 de julio de 2025

146.- A tu servicio

      Se llamaba Guadalupe. Guadalupe Romero. Y fumaba cigarrillos, esos cigarrillos finos que se dejan emboquillar con docilidad, al ritmo al que lo hacía Gutiérrez.

     Su marido era Teodoro Crispín, un próspero hombre de negocios. De esos hombres discretos que tienen pasta sin llamar la atención, sin que su apellido, aunque este sea Crispín, esté todo el tiempo en boca de todos.

     - ¿Y cómo sabe que lo han matado?
     - Llámame de tú, no seas tonto.

     Acompañó el insultó con un guiño, "es broma, guapetón", parecía querer decir. Y Gutiérrez no se reconoció en el tipo ese que se dejaba hacer, que sonreía bobalicón, perdido en un escote infinito y unas caderas abundantes, ricas.

     - Había sangre en el baño, comisario. Todo lleno. Muy desagradable.
     - Y el cadáver.
     - Para eso he venido, para que lo encontréis vosotros...

     Gutiérrez asintió. Sonrió. Agachó la cabeza.

     - A tu servicio, señora.

     Y le tomó la mano y le plantó en ella un sutil beso.

     Todavía no se había extinguido el eco de sus tacones en el pasillo, ni el contoneo de su cuerpo en la mente de Gutiérrez, cuando este se estaba ya preguntando, sorprendido, qué había pasado para que se hubiera comportado como un completo gilipollas.

viernes, 27 de junio de 2025

145.- Una mujer fatal

     Entró en el despacho de repente, como si estuviera acostumbrada a no llamar a las puertas, o a no pedir permiso; como si las entradas se le franquearan de forma automática. Pilló a Gutiérrez en una duermevela extraña, dando cabezadas y con el cigarrillo consumido colgando entre sus dedos.

    - Buenos días, comisario... -dijo.

    Gutiérrez, aún en ese tránsito entre el sueño y la realidad, la vio como un ángel que se le apareciera de forma inesperada. "Estoy muerto", pensó. "Y ya vienen a llevarme al infierno".

     La mujer se sentó, por iniciativa propia, al otro lado de la mesa, encendió un cigarrillo con boquilla (¡con boquilla! ¿pero quién fuma hoy en día con boquilla?) y cruzó las piernas de una manera que hubiera dejado a Sharon Stone a la altura del betún.

    - Comisario, creo que han matado a mi marido.

     Gutiérrez tuvo que limpiarse la baba que le caía de la boca antes de contestar.

lunes, 16 de junio de 2025

144.- El gran truco final

    - Algún día nos contarás tu secreto, Streller -dijo Hortensio, ufano.
    - Un buen mago nunca revela sus trucos, querido -respondió el periodista, acompañando la frase con un gesto que pretendía ser inquietante o misterioso.

    A Gutiérrez, a decir verdad, seguía cayéndole gordo. De todos modos, había que reconocer que, pese a sus métodos irregulares y a esa fea costumbre de meter las narices donde no lo llamaban, Streller había ayudado ya en un ramillete de casos.

    - Igual me vas a tener que contratar, ¿verdad, comisario? Y no soy barato, ¿eh?

    ¡Dios! Sí que le caía gordo.

    - Creo, en cualquier caso, que durante los próximos días me voy a tomar unas vacaciones. Sí. Haré un viaje.
    - ¿Adónde vas? -preguntó Hortensio.

    A Gutiérrez le daba igual dónde se fuera Streller de viaje. Se encendió un cigarrillo y los observó hablar.

    - Al norte de Europa, ya veré adónde. Seguro que allí hay algún caso donde pueda ayudar, como aquí...

    La idea de que Streller, con su gabardina y sus gafas de espía cutre, montara un spin-off con sus aventuras en el extranjero le revolvió el estómago. Lo mejor sería que no iba a volver a verlo en un tiempo al metomentodo este.

    Entonces pasó algo increíble. Streller dijo "en fin, me voy" y, sin moverse de su sitio, hizo un movimiento brusco con el brazo derecho. Inmediatamente, la habitación se llenó de humo. Cuando este se disipó, Streller había desaparecido. Como el mejor de los ilusionistas. Un homenaje a la última víctima del camarero de los smoothies asesinos, posiblemente.

    - Joder -dijo Hortensio, rebosante de admiración.
    - Joder -dijo Gutiérrez, hastiado de tanta tontería.

jueves, 12 de junio de 2025

143.- Hoy no morirá nadie

     - Vale, vale, de acuerdo. Fui yo.

    El camarero de los smoothies asesinos, pues así sería bautizado por la prensa a partir del día siguiente, se había puesto a llorar como un bebé en cuanto Gutiérrez y Hortensio le habían presionado un poquito y le habían soltado palabras como "carotenoide".

    - Vaya nenaza, Hortensio. Los asesinos ya no son lo que eran, ¿sabes?
    - Sí, jefe, pero este, ahí donde lo ves, se ha cargado a cuarto personas, y a punto estuvo de acabar con nosotros.

    Gutiérrez se recordó a sí mismo dudando si debería probar el smoothie o no. La madre que lo parió. Menos mal que pidió el vodka. Malditos brebajes ecológicos...

    Entre lagrimones y mocos el camarero contó no sé qué historia de que odiaba los gimnasios, de que lo habían echado, de que se reían de él, de que con los mensajitos quería crear una paranoia que acabara con todos los negocios deportivos...

    - Nos da igual, panoli -le gritó Gutiérrez. - Has envenenado a gente a sabiendas, y eso se paga con la cárcel.
    - Pero es que...
    - Que te calles.
    - Pero yo...
    - Que te calles, joder. Hoy no va a morir nadie, ¿verdad?

    El camarero de los smoothies asesinos negó con la cabeza.

    - Pues eso es lo que me interesa. Misión cumplida. ¿Lo celebramos, Hortensio?
    - ¿Con unos smoothies, comisario?
    - Anda y que te jodan, Hortensio...

jueves, 5 de junio de 2025

142.- Las razones de Streller y el poder de Wikipedia

    - Es una bacteria, la Xanthomonas fragariae. Aparece en las hojas de las fresas. Es mortal para el ser humano tomada en grandes dosis. Provoca coágulos en las arterias coronarias. Infartos, vamos.

    Gutiérrez tosió, todavía escéptico.

    - Qué listo eres, ¿no, Streller?
    - Lo he visto en Wikipedia.

    El silencio, durante unos instantes, se apoderó de la sala. Gutiérrez y Hortensio mascaban, lentamente, la información del periodista.

    - ¿Puede haber sido, entonces, una intoxicación involuntaria? -preguntó Hortensio.

    Streller negó con la cabeza.

    - La dosis que se necesita para provocar una muerte no es natural. Hay intención detrás, y creo que podría defenderse así ante un tribunal.
    - Un momento, sabelotodo -lo detuvo Gutiérrez, extendiendo la mano hacia delante. - Se han hecho autopsias, ¿sabes?, y no se ha encontrado ni rastro de la "fantasmona fragante" esa...

    Streller se inclinó hacia delante y aspiró el aire, preparándose para su gran gran golpe final.

    - Ahí está lo mejor, comisario. El mango contiene carotenoides.
    - Que te jodan, Streller. A ti y a tu Wikipedia.
    - Sucede que estos carotenoides anulan todo rastro de la Xanthomonas fragariae. No sus efectos, ojo, sino su rastro posterior... ¿Se me entiende ahora?
    - ¿Que si se te entiende? - dijo Gutiérrez, acelerado. - Vamos ipso facto a hablar con el camarero asesino...
    - ¿Y el chupito?
    - Nos lo bebemos por el camino...

jueves, 29 de mayo de 2025

141.- Xanthomonas fragariae

     - "Xanthomonas fragariae", comisario.
     - Hola, Streller. ¿Qué cóño dices? Ojo que no estoy para bromas.

     En realidad, nadie estaba para bromas. El despacho de Gutiérrez parecía un velatorio. Hortensio estaba repantingado en el asiento, mirando al techo con la boca abierta. El cenicero de Gutiérrez parecía que iba a rebosar. Cuando Streller vio los dos chupitos sobre la mesa, comprendió que la cosa iba en serio.

    - A ver, chicos -dijo, con un punto de teatralidad no excesivo, para no alterar los ánimos. - Digo que creo que tengo la clave.
    - ¿Qué clave? ¿Acaso sabes qué investigamos? -preguntó Hortensio, despertando de su sopor.

    Streller sonrió, ladino.

     - Me ofendes, Hortensio, con tal insinuación. Claro que sé lo que pasa. Lo sé siempre. Y sé que vais a tener que soltar al camarero a no ser que me escuchéis. Tengo el veneno. Sé cómo lo hace.

    Gutiérrez y Hortensio se incorporaron, como movimos por un resorte.

    - Venga un tercer vaso de chupito -gritó Streller. - Vamos a celebrarlo.
    - Un momento, pimpollo -frenó Gutiérrez. - Primero cuéntanos tu teoría, y luego decidimos si lo celebramos o no. ¿Qué te parece?

    Streller tomó asiento y comenzó a hablar.

miércoles, 14 de mayo de 2025

140.- El sospechoso chulito

    - ¡Joder, qué cabrón, me echaste encima a los perros!
    - Te jodes. No haberte fugado.

    Los tíos del gimnasio no habían tardado ni dos minutos en traer al sospechoso, baldado, además, por un par de buenos puñetazos en el estómago. Gutiérrez pensó que serían buenos perros de presa, en efecto. Ahora, el sospechoso lloriqueaba.

    - No me fugué, me asusté. Yo no he hecho nada. Había un cadáver, ahí delante, y llegaste y me miraste raro. Creí que el asesino eras tú y que venías a por mí.
    - Vete a la mierda.

    A Gutiérrez los interrogatorios con gente que no quería contestar le gustaban más bien poco.

    - Hoy no habrá asesinato, ¿no? Si te retenemos aquí... -dijo el comisario.
    - ¿Y a mí qué me cuentas? Yo no sé nada -contestó el camarero de los smoothies.

    Se estaba poniendo chulito, y eso no era nada bueno.

    - Comisario... -Hortensio asomó la cabeza por la puerta. - Tenemos el análisis del smoothie.
    - ¿Y bien?
    - Fresa y mango.
    - Eso ya lo sé, joder... ¿algo más?

    Hortensio negó con la cabeza. Mierda. Ya estábamos. Si se ven obligados a soltar al tipo este por falta de pruebas iban a quedar en un ridículo mayúsculo. Él, sobre todo, Gutiérrez, iba a ser el hazmerreír de toda la ciudad.

    - Maldita sea -masculló, mientras se rascaba la barbilla y sacaba el paquete de tabaco.

jueves, 8 de mayo de 2025

139.- A correr

    - ¡Al asesino! ¡Al asesino!

    Gutiérrez ni lo intentó. Se había arrodillado junto al cadáver, y el mero hecho de levantarse ya le había producido un ligero mareo, molestias en la espalda y una pesadez en las rodillas, y en el resto de articulaciones, que desaconsejaba cualquier actividad física.

    Pero su mente seguía tan rápida y era tan lúcida como la que más. Así que, sabiendo dónde estaba, analizando con pericia e intuición su entorno y el contexto, siguió gritando.

    - ¡Asesino! ¡Asesino! ¡Se escapa!

    Inmediatamente, como alertados por las campanas del infierno, salió del gimnasio Alcaraz un puñado de individuos, todos con pantalón corto y piernas tonificadas que, corriendo como almas que llevara el diablo, marcharon como centellas en pos del fugado.

    Gutiérrez sonrió. El camarero de los smoothies no iba a llegar ni a la siguiente esquina... 

jueves, 24 de abril de 2025

138.- El gimnasio Alcaraz

     Gutiérrez entró al gimnasio Alcaraz como el que va buscando información para apuntarse. Qué puede hacer, qué le recomiendan y tal. Nunca supo por qué, no obstante, su coartada duró apenas unos segundos. Tal vez por el aliento de vodka; tal vez por el cigarrillo que, educadamente, había tirado al suelo y aplastado con el pie justo antes de atravesar el umbral.

    El caso es que habló con el jefazo del lugar, un cachas que no quería problemas con la autoridad, pero que tampoco aportó nada a la investigación.

    Al salir, el mago estaba muerto.

    Gutiérrez no daba crédito, pero nada más salir vio en el suelo al tipo que se había tomado el smoothie mientras él pedía vodka. El tipo era un pesado, y un pésimo mago, pero tampoco se merecía la muerte.

    Gutiérrez se arrodilló ante él. Llevaba un papelito arrugado en una mano. Por la comisura de los labios le caía una babilla roja que no era sangre, sino smoothie de fresa y mango. Si era un truco, desde luego, era el mejor truco que el tipo había hecho en su vida.

    Con su olfato de comisario, entonces, alzó la vista. Ante él tenía el local de smoothies, sus puertas abiertas; al fondo, la cara del camarero, que le observaba.

    - ¡Eh, tú! -gritó.

    El de los smoothies decidió que aquello era suficiente para salir corriendo, abandonar su local y desaparecer por una esquina.

    Gutiérrez se tomó un segundo para pensar si merecía la pena ponerse a correr tras él. En el papelito había una amenaza, y una sonrisa burlona.

jueves, 10 de abril de 2025

137.- Smoothies

    - Coge una carta.

    Gutiérrez miró al tipo con cara de asco. Odiaba los magos, y más los que se las daban de mago e iban haciendo jueguecitos a destiempo y en cualquier lugar.

    - Ahora, métela en la baraja.

    Cuando pensaba en la gente con la que tenía hablar solo para conseguir información, le daban ganas de jubilarse al día siguiente. Por lo menos, el improvisado mago no era un mimo improvisado, lo que sería aún peor.

    - ¿Es esta tu carta?
    - No.

    El tipo se le había puesto al lado y le había empezado a hablar casi sin dar tiempo a Gutiérrez a saludar. Estaban apoyados en la barra de un local que vendía smoothies a la puerta del gimnasio Alcaraz, en el que, oh sorpresa, pagaban cuota religiosamente las tres víctimas.

    - ¿Y esta?
    - No.

    Gutiérrez no sabía ni qué pedirle al encargado. Cada smoothie que miraba en la carta le daba mayor repelús que el anterior. Y el mago, dale que te pego.

    - ¡Esta!
    - Tampoco.
    - Joder...

    Sí. Eso decía él. Joder.

    - ¿Qué va a ser? -preguntó el encargado con una sonrisa enorme.
    - Un smoothie de fresa y mango -dijo el mago sin dudar.

    Gutiérrez volvió a mirar la carta. Vio el de aguacate, mango, coco y zumo de limón. Luego el de plátano, espinaca, mango y piña.

    - ¿Tienes vodka a palo seco?

    Gutiérrez pudo observar cómo la sonrisa del encargado menguaba ligeramente.

    

jueves, 3 de abril de 2025

136.- In corpore sano

    - Saludos, amigo Gutiérrez.

    Gutiérrez contestó con una especie de gruñido. ¡Qué pesado, el Streller! ¿Qué narices estaría haciendo en la puerta del despacho? ¿Quién le había dejado entrar en comisaría?

    - Puedo pasar con vosotros, ¿verdad? Los amigos siempre juntos.

    Otro gruñido Gutiérrez. Le daba urticaria cada vez que oía a Streller llamarlo "amigo", joder. No se negó, no obstante. Eso de deberle favores al diablo no es buena cosa, maldita sea. Y a Streller se le iba a acabar el crédito algún día...

    - ¿Y bien, comisario? -preguntó Hortensio, intrigado.

    Streller era todo oídos.

    - ¿Cómo vestía la primera víctima? En chándal, comisario. Llevaba chaqueta, pero se dispondría a echar unas carreras...
    - De acuerdo. ¿Y la segunda?
    - En chándal. Llevaba a su hija, pero luego iría a ejercitarse... o venía de ello.
    - ¿Y la tercera víctima?
    - ¿El del Club de Tenis?
    - Joder... -dijo Hortensio, tan bienhablado como era, antes de enmuceder.
    - Joder... -repitió Streller.
    
    Gutiérrez se encendió un pitillo.

    - Pues eso. Tres tipos sanos, tres tipos deportistas, tres animales de gimnasio, seguramente... Averiguad en qué gimnasio estaban inscritos. Si es el mismo, ya sabemos adónde ir pitando, antes de que caiga el cuarto...

jueves, 27 de marzo de 2025

135.- El Club de Tenis

     La tercera víctima se desplomó mientras entrenaba en el Club de Tenis. Había acudido a hacerse unas bolas en solitario, ya por la tarde. Por eso habían tardado tanto en descubrir el cuerpo. Hubo que esperar a que el vigilante hiciera su última ronda por las instalaciones, antes de cerrar, para que diera la voz de alarma.

    De nuevo, como en las otras dos víctimas, sin razón aparente. El lanzador automático de pelotas de tenis, único testigo del incidente, había continuado haciendo su trabajo, lanzando pelotas sin ton ni son. Algunas de ellas se habían llevado un buen rato golpeando al cuerpo que yacía al otro lado de la pista, y que ya empezaba a acusar los pelotazos.

    - Seguimos sin encontrar la causa, comisario. Pero las circunstancias de la muerte son las mismas. Inexplicable desplome. Una especie de infarto en gente que, según la estadística, estaría a años luz de sufrir uno. El papelito de marras ha aparecido, en esta ocasión, en la bolsa de deporte, en el cambiador.

    Hortensio se dirigió al vigilante.

    - ¿Y usted no ha visto entrar a nadie en las instalaciones?
    - Qué va -contestó este, en estado de shock, mientras se rascaba la calva. - Estaba solo. En toda la tarde no he visto nada extraño. Hasta que lo he encontrado a él. Pobre. Tan joven, tan sano, en la flor de la vida...
    - ¡Eso es! -gritó de repente Gutiérrez.
    - ¿Qué pasa, comisario? 
    - Creo que ya tengo la conexión. Vamos a la oficina. Tienes trabajo que hacer, Hortensio.

jueves, 20 de marzo de 2025

134.- Caligrafía y desesperación

    Cuando Hortensio asomó la cabeza por la puerta, Gutiérrez creyó adivinar lo que venía a decirle.

    - ¿Ha aparecido ya el tercer asesinado?

    Hortensio negó en silencio.

    - No, comisario. Lo que tenemos es el análisis caligráfico.
    - ¿Y bien?
    - La diferencia de tamaño entre los trazos y su disposición irregular sobre el renglón parecen hablarnos de un cierto desequilibrio, de una inestabilidad emocional que, posiblemente, se revele a nivel mental y comportamental.
    - ¿Eso dice el informe?
    - Eso dice, comisario.
    - Qué cojones, ¿no? Para decir eso no necesitaba un calígrafo, joder. Ya te lo hubiera dicho yo mismo...

    Hortensio asintió, y abandonó el despacho. Gutiérrez no estaba para bromas, ni para largas conversaciones.

    Ni para conversaciones cortas, vamos.

    Gutiérrez se sentó, impotente, a esperar el tercer cadáver que, para más inri, no aparecería hasta la noche.

    El sentimiento de rabia, de frustración, de tiempo perdido y de irritante inutilidad comenzaba a pesarle más de la cuenta. Esa noche, desde luego, no iba a dormir.

martes, 11 de marzo de 2025

133.- El atasco

     El segundo asesinato tuvo lugar al día siguiente, como había anunciado la nota. Era otro tipo normal, que se desplomó, sin razón aparente, mientras llevaba a su hija al colegio.

    El tipo cayó en medio de un paso de cebra, así que formó un atasco severo durante buena parte de la mañana, mientras las autoridades levantaban el cadáver.

    Cuando Gutiérrez y Hortensio llegaron a la escena del crimen, pues ya empezaba a haber pruebas de que podían utilizar aquella expresión, la niña todavía estaba allí, llorando, agarraba a la mano de su padre. Gutiérrez tuvo que despegarla y pasársela, a pulso, a un agente, mientras la niña pataleaba desesperada. Los conductores no paraban de tocar el claxon cada vez que el semáforo se ponía en verde, y a Gutiérrez estaba a punto de estallarle la cabeza.

    Quien también estaba allí cuando llegaron era, por supuesto, Streller.

    - Tú, juntaletras, de tanto verte en escenas de crímenes voy a empezar a sospechar de ti.
    - Eso no sería nada nuevo, comisario. Siempre lo haces.
    - Cabrón...

    Por supuesto, el fallecido llevaba en el bolsillo una notita como la de la víctima del día anterior. Idéntica. Lápiz, letra de infante, frase y carita sonriente.

    - Otro cabrón, el de la notita de los cojones...

jueves, 6 de marzo de 2025

132.- Día 2

     A la mañana siguiente, Gutiérrez se levantó temprano. Demasiado temprano. Tenía ganas de vomitar. Se puso un Bloody Mary y se fumó un cigarrillo, y entonces la cosa empezó a mejorar. Cuando llegó a comisaria, acababa de amanecer. Gutiérrez hubiera jurado que aquellas horas no existían, pero ya se encontró allí a Hortensio.

    - Jefe, nada nuevo. El tipo se desplomó mientras hacía ejercicio. Había salido a correr. Lo hacía a diario. Lo de la nota es un misterio.

    Gutiérrez pensó que el tipo no estaría bien. Hay que tener un tocado para salir a correr todos los días, de buena mañana. Y encima con una nota de un asesino en serie en el bolsillo. Manda huevos.

    - ¿Habéis comprobado la letra de la nota? ¿Alguna pista?
    - Están en ello, jefe.
    - ¿Alguna otra llamada?
    - No. Bueno, Streller. Quería saber si ha aparecido el segundo cadáver.

    Jodido Streller.

    - ¿Y ha aparecido?
    - No, jefe.
    - Bien.

    En ese momento, como una alarma, sonó el teléfono. Hortensio lo cogió. Gutiérrez no tuvo ni que preguntar. Ya lo sabía.

    Segundo día, segunda víctima. Y bien tempranito. La nota no mentía.

jueves, 20 de febrero de 2025

131.- Paseo por el parque

     Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.

     Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.

    - Aquí no vamos a encontrar nada, comisario -dijo Hortensio, optimista como siempre. - No hay huellas, no hay rastros... Si no fuera por la notita, ni siquiera estaríamos investigando esta muerte.
    - Ya lo sé, Hortensio -contestó Gutiérrez. - Tú sigue mirando...

    De repente, Gutiérrez notó una mano en el hombro. Cómo odiaba que le tocaran en el hombro...

    - Buenos días, comisario Gutiérrez.

    Gutiérrez se giró irritado, y su irritación aumentó cuando comprobó que tenía ante sí a Streller, siempre con su gabardina, siempre inquietante, siempre repelente.

    - Hombre, el gacetillero...

    Streller se tocó con dos dedos la punta del sombrero a modo de saludo. Gutiérrez se preguntó por qué a Streller le gustaba ir vestido del inspector Gadget durante todo el año; se preguntó, también, cómo coño se había enterado de que estaban investigando un posible crimen.

    - ¿Alguna novedad?
    - Nada, Streller. ¿Qué haces tú por aquí?
    - No sé, comisario. Un tipo muere de forma aparentemente natural, pero la policía lo investiga como si fuera un crimen. ¿Qué pasa, tenía una nota en el bolsillo o qué?

    Puto Streller...

    - Anda Hortensio, vámonos... Habrá que hacerle la autopsia al tipo y seguir investigando, porque aquí no hay nada. Te mantendremos informado, Streller, no te preocupes...
    - No, comisario, si no me preocupo, me voy a enterar igualmente de todo lo que vaya sucediendo -contestó con sorna, acompañando con un guiño irónico sus palabras.

    "Si no fuera por lo que ya hemos pasado juntos, joder", pensó Gutiérrez, "se iba a enterar el Streller este de lo que vale un peine...".

jueves, 30 de enero de 2025

130.- Día 1

     - Alguien murió en la calle, comisario. Un tipo normal y corriente, en apariencia. Iba caminando por el parque, y se desplomó.
    - ¿Se desplomó?
    - Como si tal cosa.
    - ¿Y eso? -preguntó el comisario, con gesto escéptico. - ¿No sería que le dio un infarto?
    - Eso podría pensarse, en efecto, si no fuera porque llevaba esto en el bolsillo de la chaqueta.

    Hortensio le tendió a Gutiérrez un papel doblado. Gutiérrez lo extendió y lo puso sobre la mesa.

    - Joder... ¿qué es esto?
    - Yo creo, comisario, sin ánimo de adelantarme a sus conclusiones, que esto es una amenaza en toda regla...

    Ambos miraban el papel desplegado con cara de pasmados. En él, escrito a lápiz y con mayúsculas enormes como las de un infante, había solo una frase y un signo. La frase: "Un muerto al día"; el signo: "el dibujo esquemático de una sonrisa burlona".

    - ¿Qué hacemos, comisario?
    - De momento, me voy a fumar un cigarrillo, Hortensio. Tengo que pensar. Mientras tanto, ve sacando el coche y llévame el parque, anda...

lunes, 13 de enero de 2025

129.- Un crimen, por favor

    Andaba Gutiérrez aburrido. Quién lo diría. Calma chicha. Sin casos ni crímenes. La ciudad era una balsa de aceite, un remanso de paz.

    Echaba el rato en el despacho, con un cigarrillo entre los labios y tirando de la petaca. Hasta había recogido un puñado de informes y, haciendo bolas de papel con ellos, jugaba a tirarlas al otro lado del despacho y ver sin entraban en la papelera después de hacerlas rebotar en la pared.

    Se encontró a sí mismo deseando que se desataran las hostilidades.

    Entonces llamaron a la puerta. Hortensio, como un buen profesional, pasó por alto el perenne olor a tabaco, las bolas de papel tiradas por el suelo y la petaca de vodka volcada sobre la mesa.

    - Comisario...

    No necesitó decir más. Algo en su mirada lo delataba.

    Gutiérrez supo entonces que el juego volvía a comenzar. Una vez más. Y no sabía muy bien si lamentarlo, o celebrarlo.

    Asco de trabajo, que te hace perder el norte...

lunes, 6 de enero de 2025

128.- El pájaro

     - ¿A ver, a ver? ¿Cómo era eso, comisario? Es que es difícil de asimilar...

     Mel se partía la caja oyendo a Gutiérrez contar lo de Smith. También Hortensio estaba de buen humor. Hasta Gutiérrez disfrutaba con el narración de sus éxitos.

    - Pues que el tal Smith era un espía, en efecto, pero de la marca mayor. Un espía triple, ¿qué te parece?
    - ¿Pero se llamaba Smith de verdad?
    - Pues sí, por un antepasado escocés, por lo visto...
    - Joder, qué bueno, tenía ya el nombre de espía, el tío...

    Gutiérrez le dio una calada al cigarro y un buen sorbo al vodka.

    - El caso es que espiaba para una tercera empresa. En Buenycao pensaban que espiaba para Panterón; en Panterón no tenían muy claro si les espiaba, pero lo odiaban; y él, en realidad, espiaba a las dos para una tercera.
    - Joder...
    - Exacto, Mel, joder. Eso dije yo cuando me enteré.

    Hortensio reía a carcajadas.

    - ¿Y cómo lo descubrió, comisario?
    - Pues verás -dijo Gutiérrez tras una pausa dramática acompañada de una calada-. Yo no me fío de los espías, y deduje que nos estaba utilizando como cortina de humo.
    - Usted no se fía ni de su padre, comisario.
    - No lo sabes tú bien. El caso es que le pinché el teléfono y el muy estúpido lo soltó todo.
    - ¿Espiaste al espía?

    Gutiérrez guiñó un ojo.

    - Qué grande es usted, comisario.
    - Lo sé, Hortensio.
    - ¿Y qué más?
    - Pues lo pillé in fraganti, lo detuve, lo tuve encerrado para darle un buen susto y lo solté con cargos. Ahora serán las empresas las que lo desplumen con denuncias y acusaciones...
    - Menudo pájaro, ese Smith.
    - Ideal para una de tus novelas, Mel.
    - Qué va, una trama demasiado complicada para mis lectores, yo creo...
    - Menudo cabrón que estás hecho...

    ¡Hala, otra ronda de bebidas!