Se reclinó ante el escritorio de su despacho, se encendió un cigarrillo y observó el infinito. Alguien llamó educadamente a la puerta. "Comisario", le dijeron, "alguien quiere verle". "Seguro que no es para nada bueno", pensó él, "nadie me llama para nada bueno". Sin embargo, de sus labios solo brotaron las palabras "¡que pase!". Y no era ninguna rubia despampanante, por supuesto. Eran problemas. Más problemas. "¡Mierda!", pensó. Y aspiró otra calada.
viernes, 26 de diciembre de 2025
161.- Ya está en verde
jueves, 4 de diciembre de 2025
160.- Para fardar
jueves, 20 de noviembre de 2025
159.- Chanclas con calcetines
Toc, toc. Llaman a la puerta del despacho de Gutiérrez. Le informan de que alguien pregunta por él. Gutiérrez apoya su cigarrillo en el cenicero y da permiso para que pase.
Aperece entonces en la puerta, acompañado de Hortensio, un tipo de lo más estrafalario. Pelo desmadejado, como de no haberlo lavado en semanas y no haberlo peinado en la vida, barba hasta el pecho, gafitas de John Lennon, una especie de pijama de colores como atuendo y un par de chanclas con calcetines (¡chanclas con calcetines!) como calzado.
Gutiérrez se pregunta que fue de aquellos tiempos en los que las chanclas con calcetines se consideraban una ridiculez, algo que solo los guiris, por desconocimiento, se atrevían a llevar. No obstante, deja la añoranza del pasado para otra ocasión y preguntan por qué se le requiere.
El tipo, con voz aflautada, dice que tiene información sobre el asesinato. Sobre el coche. Que vio algo.
Gutiérrez mira a Hortensio, que rebosa ilusión por la noticia. A Gutiérrez le parece un tipo chungo, un colgado que podría, perfectamente, ser el propio asesino acercándose a ellos por diversión, para jugar un poco.
En cualquier caso, existe un protocolo que hay que seguir. Aunque es una mierda de protocolo, la verdad.
- A ver, dime qué viste.
jueves, 13 de noviembre de 2025
158.- A plena luz del día
jueves, 30 de octubre de 2025
157.- Esto ya pasa de castaño oscuro
jueves, 23 de octubre de 2025
156.- Nada que llevarse a la boca
jueves, 16 de octubre de 2025
155.- Mejor sola que mal acompañada
La verdad es que a Paula no le gustaba nada, pero nada, regresar a casa sola desde la sala de estudios. Pero era necesario, si quería salir airosa del complicado periodo de exámenes que tenía ante sí. Sus compañeros vivían al otro lado de la ciudad, y ella, por no molestar, nunca había hecho a nadie conocedor de sus miedos y de sus inquietudes, esos que se guardaba para ella misma y que, de vez en cuando, salían a la superficie.
Solía acabar de noche, y el camino a casa, bordeando la valla del parque, se le antojaba siniestro. Siempre tan oscuro allí dentro, un terreno siempre poblado de susurros, silbidos, de sombras que se agitan... ¿cómo puede un mismo lugar ser, durante el día, un centro de vida y verdor y, al caer de noche, convertirse en la sede de todas las pesadillas?
La luz de las farolas, que caía pobre e insuficiente sobre la calzada, tampoco ayudaba a tranquilizarla. Por eso sintió alivio cuando vio la luz de un vehículo que se acercaba. Había pasado por aquel lugar decenas de veces, era cierto; y nunca había pasado nada. Pero reconfortaba saber que, en la aparente soledad, todavía había vida, civilización, semejantes que coincidían contigo en el espacio, que también se dirigían a casa, a descansar, probablemente, después de una larga jornada.
Así que sintió alivio.
Lo sintió, al menos, hasta que notó que el coche ralentizaba su marcha, que una ventanilla bajaba y que por ella asomaba el cañón de un arma.
A partir de ahí, Paula no supo nada más. Otros encontrarían su cadáver, tirado en la acera, con la cabeza reventada.
jueves, 9 de octubre de 2025
154.- Primeras pesquisas
jueves, 2 de octubre de 2025
153.- La detonación
La calle estaba desierta, tranquila. Se acercaba la medianoche, y todos los vecinos estaban descansando en sus hogares. Algunos ya dormían; otros alejaban con la televisión la hora de irse a la cama. Al día siguiente, en la mayoría de los casos, habría que levantarse temprano.
Solo un joven, tras torcer una esquina, se desplazaba por una de las aceras. Llevaba un perro atado a una correa. El perro olisqueaba cada rincón que encontraba a su paso, y el joven, dejándole hacer, avanzaba distraído.
Nadie se dio cuenta de que, desplazándose por la calzada, se acercaba un coche. Ninguno, ni el chico ni el perro, se percató de que, aun sin disminuir la velocidad, la ventanilla del copiloto, la más próxima al chico, comenzaba a bajarse.
Nadie vio el cañón de la pistola asomar por la ventanilla.
Pero todo el vecindario oyó la detonación, el resonar inconfundible de un disparo en mitad de la noche. Inmediatamente después, un par de ladridos.
El primer vecino que se asomó, desde un balcón colindante, solo pudo ver un coche que, al fondo de la calle, giraba a la derecha; y el cuerpo del chico sobre la acera, con un disparo en la cabeza. Un charco de sangre y sesos se había formado en torno a ella, y aumentaba de tamaño por segundos.
El perrillo, feliz, lamía y mordisqueaba el manjar que el destino le había puesto delante.
martes, 2 de septiembre de 2025
152.- Una despedida temporal
- ¿Se puede saber qué cojones habéis hecho?
Gutiérrez apretaba los puños. En la sien, una venilla parecía a punto de reventar.
- A ver, comisario, usted estaba en la parra y nosotros pensamos...
Hortensio se la estaba jugando. Podía estar cayéndole una bronca de cojones. Afortunadamente, Mel se había portado y el asunto había acabado bien.
Una vez desenterrado del jardín el cadáver de Teodoro Crispín, a Guadalupe Romero la habían detenido ipso facto. No habían necesitado mucho para demostrar que Lupita había envenenado a su marido y lo había enterrado, más mal que bien, en el jardín.
A Gutiérrez no le había gustado la noticia, y la última mirada que ambos se cruzaron, antes de que se la llevaran esposaba, era digna de película, de aquel "lo nuestro podía haber sido de otra manera", o de aquel "si no hubieras matado a nadie todo sería diferente". En cualquier caso, parecía que Gutiérrez aún no estaba a salvo del influjo de Irene Adler.
Hortensio puso su mano sobre el hombro de Mel.
lunes, 25 de agosto de 2025
151.- Un cadáver incómodo
Así que ahí estaba Mel, dale que te pego con la podadora. La experiencia con los setos de su madre había sido positiva. Él no había sufrido demasiado, y ella había quedado contenta con el resultado. Hasta le había querido dar unos eurillos por el trabajo realizado. Él, por supuesto, se había negado.
- Que no, mamá... que no hace falta...
Al final habían quedado en que Mel se pasaría por casa de su madre a cenar próximamente.
Con Guadalupe Romero también había sido fácil entrar.
- Adelante.
El problema estaba en que se le acababan los setos y todavía no había podido colarse en la casa para buscar pistas. Ni en el garaje. Guadalupe estaba dentro, y el novelista disfrazado no se atrevía a inventarse una historia. ¿Podía decir que tenía que ir al aseo? ¿Que una rama se había colado en el dormitorio?
El caso es que estaba ya pudiéndole la ansiedad, y el método Stanislavski mostraba ya sus fisuras, cuando Mel vio algo raro entre unos parterres preñados de hortensias. Se acercó. Comprobó que la tierra había sido removida recientemente en aquella zona, y no se imaginaba a Guadalupe Romero en labores de jardinería.
Comenzó a escarbar con sus manos, mirando a un lado y a otro, para no ser descubierto.
Vio una mano. Una mano enterrada. Una mano humana. Tuvo que ahogar un grito para no ser descubierto. La mano estaba pegada a un brazo. El brazo llevaba chaqueta.
Lo volvió a enterrar todo y se fue por patas. Ni siquiera avisó a la señora de la casa, así que se quedó sin eurillos, y sin cena con Guadalupe. Ya tendría tiempo de verla cuando la detuvieran. Mejor quedar con su madre, que no parecía tan maquiavélica.
lunes, 11 de agosto de 2025
150.- Un disfraz estrafalario
El novelista se miró al espejo y se sorprendió de lo que vio reflejado en él.
Hortensio le dio una palmada en el hombro y quedaron, los dos, frente a frente con sus reflejos.
- Y ahora, manos a la obra, y a meterte en el papel.
A Hortensio se le había ocurrido vestir a Mel de jardinero y colarlo en casa de Guadalupe. Y hacerlo sin que Gutiérrez lo supiera, en lo que suponía un atrevimiento sin precedentes y plagado de riesgos. El primero de ellos, el enfado de Gutiérrez si se enteraba.
Mel había aceptado, pero había recordado que él seguía el método Stanislavski.
jueves, 31 de julio de 2025
149.- Un ayudante necesario
Hortensio dejó la comisaria en cuanto acabó su jornada de trabajo. Dobló una esquina, aparentemente en dirección a su casa, pero pronto cambió su rumbo habitual.
De repente se detuvo. Miró a un lado y a otro, intentando comprobar que no lo seguían, y penetró en uno de esos callejones que, a espaldas de las fachadas principales, funcionan como repositorios de basura al tiempo que son olvidados por los turistas y, en general, por las personas de bien.
Allí se encontraba el bar Holidays. Un antro cuyo lamentable aspecto exterior solo era superado por el interior, oscuro y polvoriento.
Ponían rock del bueno, eso sí.
En una de las mesas había un tipo con cara de niño bueno, pinta de no haber roto un plato y toda la sensación de no pegar en un sitio como ese ni con cola. Frente a ese tipo, sin perder ni un segundo, se sentó el ayudante de Gutiérrez.
viernes, 25 de julio de 2025
148.- Como Irene Adler
jueves, 17 de julio de 2025
147.- Una desconfianza absoluta
- ¿Ha visto a esa tipa, comisario?
Hortensio asomó la cabeza cuando el eco de los tacones de Guadalupe todavía resonaban en la mente de Gutiérrez.
Gutiérrez, que aún estaba con la boca abierta, sumido en ensoñaciones, asintió con la cabeza.
- No hay más que verla para saber que no es de fiar. Mucha seguridad aparente, mucho contoneo, muchas ganas de llamar la atención y un ego como un camión de grande. Es de esas que esconde algo. ¿No piensa lo mismo, comisario?
Gutiérrez, ausente, asintió con la cabeza.
- Me está escuchando, ¿verdad, comisario?
Gutiérrez, sin saber muy bien qué le estaban diciendo, asintió con la cabeza.
- Comisario, ¿está bien? Parece como si le hubieran hipnotizado. Cuénteme que quería esa mujer que acaba de salir, por favor.
Gutiérrez, dócil, le contó de Guadalupe y de Teodoro, de crímenes en el baño y de cadáveres desaparecidos.
- Joder, comisario, esto huele a chamusquina. Debería decirlo usted, pero como le veo muy parado hoy, pues lo digo yo. ¡Despierte, hombre, que está en la parra!
Gutiérrez se preguntó cómo se atrevía Hortensio a hablarle así, de un lado; y por qué no reaccionaba dándole una buena hostia, por otro. A ninguna de las preguntas obtuvo respuesta.
martes, 8 de julio de 2025
146.- A tu servicio
Se llamaba Guadalupe. Guadalupe Romero. Y fumaba cigarrillos, esos cigarrillos finos que se dejan emboquillar con docilidad, al ritmo al que lo hacía Gutiérrez.
Su marido era Teodoro Crispín, un próspero hombre de negocios. De esos hombres discretos que tienen pasta sin llamar la atención, sin que su apellido, aunque este sea Crispín, esté todo el tiempo en boca de todos.
viernes, 27 de junio de 2025
145.- Una mujer fatal
lunes, 16 de junio de 2025
144.- El gran truco final
jueves, 12 de junio de 2025
143.- Hoy no morirá nadie
- Vale, vale, de acuerdo. Fui yo.
El camarero de los smoothies asesinos, pues así sería bautizado por la prensa a partir del día siguiente, se había puesto a llorar como un bebé en cuanto Gutiérrez y Hortensio le habían presionado un poquito y le habían soltado palabras como "carotenoide".
jueves, 5 de junio de 2025
142.- Las razones de Streller y el poder de Wikipedia
- Es una bacteria, la Xanthomonas fragariae. Aparece en las hojas de las fresas. Es mortal para el ser humano tomada en grandes dosis. Provoca coágulos en las arterias coronarias. Infartos, vamos.
Gutiérrez tosió, todavía escéptico.
jueves, 29 de mayo de 2025
141.- Xanthomonas fragariae
miércoles, 14 de mayo de 2025
140.- El sospechoso chulito
jueves, 8 de mayo de 2025
139.- A correr
jueves, 24 de abril de 2025
138.- El gimnasio Alcaraz
Gutiérrez entró al gimnasio Alcaraz como el que va buscando información para apuntarse. Qué puede hacer, qué le recomiendan y tal. Nunca supo por qué, no obstante, su coartada duró apenas unos segundos. Tal vez por el aliento de vodka; tal vez por el cigarrillo que, educadamente, había tirado al suelo y aplastado con el pie justo antes de atravesar el umbral.
El caso es que habló con el jefazo del lugar, un cachas que no quería problemas con la autoridad, pero que tampoco aportó nada a la investigación.
Al salir, el mago estaba muerto.
Gutiérrez no daba crédito, pero nada más salir vio en el suelo al tipo que se había tomado el smoothie mientras él pedía vodka. El tipo era un pesado, y un pésimo mago, pero tampoco se merecía la muerte.
Gutiérrez se arrodilló ante él. Llevaba un papelito arrugado en una mano. Por la comisura de los labios le caía una babilla roja que no era sangre, sino smoothie de fresa y mango. Si era un truco, desde luego, era el mejor truco que el tipo había hecho en su vida.
Con su olfato de comisario, entonces, alzó la vista. Ante él tenía el local de smoothies, sus puertas abiertas; al fondo, la cara del camarero, que le observaba.
- ¡Eh, tú! -gritó.
El de los smoothies decidió que aquello era suficiente para salir corriendo, abandonar su local y desaparecer por una esquina.
Gutiérrez se tomó un segundo para pensar si merecía la pena ponerse a correr tras él. En el papelito había una amenaza, y una sonrisa burlona.
jueves, 10 de abril de 2025
137.- Smoothies
jueves, 3 de abril de 2025
136.- In corpore sano
jueves, 27 de marzo de 2025
135.- El Club de Tenis
La tercera víctima se desplomó mientras entrenaba en el Club de Tenis. Había acudido a hacerse unas bolas en solitario, ya por la tarde. Por eso habían tardado tanto en descubrir el cuerpo. Hubo que esperar a que el vigilante hiciera su última ronda por las instalaciones, antes de cerrar, para que diera la voz de alarma.
De nuevo, como en las otras dos víctimas, sin razón aparente. El lanzador automático de pelotas de tenis, único testigo del incidente, había continuado haciendo su trabajo, lanzando pelotas sin ton ni son. Algunas de ellas se habían llevado un buen rato golpeando al cuerpo que yacía al otro lado de la pista, y que ya empezaba a acusar los pelotazos.
- Seguimos sin encontrar la causa, comisario. Pero las circunstancias de la muerte son las mismas. Inexplicable desplome. Una especie de infarto en gente que, según la estadística, estaría a años luz de sufrir uno. El papelito de marras ha aparecido, en esta ocasión, en la bolsa de deporte, en el cambiador.
Hortensio se dirigió al vigilante.
- Qué va -contestó este, en estado de shock, mientras se rascaba la calva. - Estaba solo. En toda la tarde no he visto nada extraño. Hasta que lo he encontrado a él. Pobre. Tan joven, tan sano, en la flor de la vida...
- ¡Eso es! -gritó de repente Gutiérrez.
- ¿Qué pasa, comisario?
- Creo que ya tengo la conexión. Vamos a la oficina. Tienes trabajo que hacer, Hortensio.
jueves, 20 de marzo de 2025
134.- Caligrafía y desesperación
Cuando Hortensio asomó la cabeza por la puerta, Gutiérrez creyó adivinar lo que venía a decirle.
- ¿Ha aparecido ya el tercer asesinado?
Hortensio negó en silencio.
martes, 11 de marzo de 2025
133.- El atasco
El segundo asesinato tuvo lugar al día siguiente, como había anunciado la nota. Era otro tipo normal, que se desplomó, sin razón aparente, mientras llevaba a su hija al colegio.
El tipo cayó en medio de un paso de cebra, así que formó un atasco severo durante buena parte de la mañana, mientras las autoridades levantaban el cadáver.
Cuando Gutiérrez y Hortensio llegaron a la escena del crimen, pues ya empezaba a haber pruebas de que podían utilizar aquella expresión, la niña todavía estaba allí, llorando, agarraba a la mano de su padre. Gutiérrez tuvo que despegarla y pasársela, a pulso, a un agente, mientras la niña pataleaba desesperada. Los conductores no paraban de tocar el claxon cada vez que el semáforo se ponía en verde, y a Gutiérrez estaba a punto de estallarle la cabeza.
Quien también estaba allí cuando llegaron era, por supuesto, Streller.
jueves, 6 de marzo de 2025
132.- Día 2
A la mañana siguiente, Gutiérrez se levantó temprano. Demasiado temprano. Tenía ganas de vomitar. Se puso un Bloody Mary y se fumó un cigarrillo, y entonces la cosa empezó a mejorar. Cuando llegó a comisaria, acababa de amanecer. Gutiérrez hubiera jurado que aquellas horas no existían, pero ya se encontró allí a Hortensio.
- Jefe, nada nuevo. El tipo se desplomó mientras hacía ejercicio. Había salido a correr. Lo hacía a diario. Lo de la nota es un misterio.
Gutiérrez pensó que el tipo no estaría bien. Hay que tener un tocado para salir a correr todos los días, de buena mañana. Y encima con una nota de un asesino en serie en el bolsillo. Manda huevos.
jueves, 20 de febrero de 2025
131.- Paseo por el parque
Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.
Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.
jueves, 30 de enero de 2025
130.- Día 1
lunes, 13 de enero de 2025
129.- Un crimen, por favor
Andaba Gutiérrez aburrido. Quién lo diría. Calma chicha. Sin casos ni crímenes. La ciudad era una balsa de aceite, un remanso de paz.
Echaba el rato en el despacho, con un cigarrillo entre los labios y tirando de la petaca. Hasta había recogido un puñado de informes y, haciendo bolas de papel con ellos, jugaba a tirarlas al otro lado del despacho y ver sin entraban en la papelera después de hacerlas rebotar en la pared.
Se encontró a sí mismo deseando que se desataran las hostilidades.
Entonces llamaron a la puerta. Hortensio, como un buen profesional, pasó por alto el perenne olor a tabaco, las bolas de papel tiradas por el suelo y la petaca de vodka volcada sobre la mesa.
- Comisario...
No necesitó decir más. Algo en su mirada lo delataba.
Gutiérrez supo entonces que el juego volvía a comenzar. Una vez más. Y no sabía muy bien si lamentarlo, o celebrarlo.
Asco de trabajo, que te hace perder el norte...
lunes, 6 de enero de 2025
128.- El pájaro
- ¿A ver, a ver? ¿Cómo era eso, comisario? Es que es difícil de asimilar...
Mel se partía la caja oyendo a Gutiérrez contar lo de Smith. También Hortensio estaba de buen humor. Hasta Gutiérrez disfrutaba con el narración de sus éxitos.