- Alguien murió en la calle, comisario. Un tipo normal y corriente, en apariencia. Iba caminando por el parque, y se desplomó.
- ¿Se desplomó?
- Como si tal cosa.
- ¿Y eso? -preguntó el comisario, con gesto escéptico. - ¿No sería que le dio un infarto?
- Eso podría pensarse, en efecto, si no fuera porque llevaba esto en el bolsillo de la chaqueta.
Hortensio le tendió a Gutiérrez un papel doblado. Gutiérrez lo extendió y lo puso sobre la mesa.
- Joder... ¿qué es esto?
- Yo creo, comisario, sin ánimo de adelantarme a sus conclusiones, que esto es una amenaza en toda regla...
Ambos miraban el papel desplegado con cara de pasmados. En él, escrito a lápiz y con mayúsculas enormes como las de un infante, había solo una frase y un signo. La frase: "Un muerto al día"; el signo: "el dibujo esquemático de una sonrisa burlona".
- ¿Qué hacemos, comisario?
- De momento, me voy a fumar un cigarrillo, Hortensio. Tengo que pensar. Mientras tanto, ve sacando el coche y llévame el parque, anda...
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