jueves, 30 de abril de 2026

173.- El amigo Felicio

    - Joder, vaya puta mierda...

    Gutiérrez miraba el coche mientras fumaba un cigarrillo. Ausente. Ensimismado.

    - Todo confirmado comisario -oyó decir a Hortensio, como si hablara desde el otro lado de una puerta cerrada.
    - Pues eso -contestó Gutiérrez al rato, como si acabara de llegar de un viaje a un lugar muy lejano. - Una puta mierda.

    Tampoco hacía falta mucha confirmación para confirmar lo que veían sus ojos.

    Habían encontrado el coche, en efecto. Más bien, el coche se había entregado, porque lo habían dejado a propósito. En su interior, un cadáver. Un tipo con las manos atadas y con pinta de haber sido torturado. Golpes y cortes por todo el cuerpo.

    - Le dieron una buena paliza, comisario -comentó Hortensio nada más ver el cuerpo.

    Como remate, como no podía ser de otra manera, un buen disparo en la cabeza que reventara el cráneo. Aún así, no había dudas. Era el cadáver de Felicio.

    - ¿Y entonces? -preguntó Hortensio.

    Gutiérrez supuso que Hortensio ya sabía lo que iba a decir. Que no se adelantaba a decirlo él mismo por educación.

    - Entonces ya sabemos quién era la persona que vio la chica en el asiento de atrás. Lo tuvieron en su casa, lo torturaron, y cuando hicieron estallar la casa se lo llevaron, lo metieron en el coche y se lo cargaron.
    - Y, entre tanto, disparando a gente.
    - Disparando a gente, en efecto. Al azar.
    - Pero, entonces... el asesino no era Felicio.
    - Obvio, Hortensio, obvio.
    - Entonces...
    - Entonces, otra vez, no tenemos nada. Bueno, sí, algo sabemos.
    - ¿Algo? ¿Qué?
    - Que el asesino es un pedazo de cabrón.

lunes, 20 de abril de 2026

172.- ¿Cómo ha podido pasar?

    - Pero vamos a ver... ¿Cómo coño ha podido pasar?

    A Gutiérrez se lo llevaban los demonios.

    - No sé, comisario. Pero ha pasado. A Felicio parece no importarle nada.
    - Eso es verdad. Actúa como si no le importara que lo cogiéramos.
    - Como si nos estuviera retando.
    - Exacto.

    El comisario se mesó los cabellos. Su ayudante le imitó el gesto.

    - Y la madre de la víctima.
    - En estado de shock.
    - ¿No vio nada?
    - Dice que eran dos personas, comisario. Que vio una cabeza en el asiento de atrás...

    En ese momento sonó el teléfono. Gutiérrez lo cogió. Asintió un par de veces. Miró a Hortensio.

    - Nos largamos, Hortensio, a toda hostia.
    - ¿Qué pasa, comisario?
    - Han encontrado el coche del Felicio.

lunes, 13 de abril de 2026

171.- Otro asesinato

    - ¡Mamá, mamá, quiero chuches!
    - Ahora mismo, Jaimito. Espera un segundo, que ya termino.

    Jaimito, ante la perspectiva, daba saltos de ansiedad, como si necesitara ir al baño.

    - ¡Mamá! ¡Vamos!
    - Ya voy, Jaimito, no seas impaciente.

    Si por Jaimito fuera, ya se habría lanzado de cabeza a cruzar la calle y plantarse en la tienda de chuches, que parecía atraerlo como un canto de sirena.

    - ¡Mamáááá!
    - Jaimito, qué pesado eres, hijo mío. ¿A que al final no vamos?

    Jaimito tiraba del brazo de su madre.

    - Espera, niño, deja que pase el coche.

    Jaimito, entonces, esperó. El coche pasó junto a él. El disparo, lanzado a bocajarro desde el asiento del conductor, le reventó el cráneo.

    La madre quedó de piedra durante unos segundos, cogiendo a un cadáver de la mano, hasta que empezó a gritar.

    Antes de eso, segundos antes, milésimas antes, vio algo que cambiaría de forma decisiva el devenir del caso.

martes, 7 de abril de 2026

170.- En busca y captura

     Un par de horas más tarde, la cara de Felicio se encontraba ya en todos los motores policiales de busca y captura, con los datos del vehículo y el impresionante currículo criminal que se había construido en poco tiempo.

    - No deberían tardar mucho en detenerlo -comentó Hortensio, siempre optimista.

    Gutiérrez apuró un cigarrillo.

    - Eso espero.

    Gutiérrez miró la cara de Felicio en la fotografía. Un abuelo. Aparentemente apacible. En lugar de disparar a gente a quemarropa, podría haber optado por dar de comer a las palomas en un banco del parque...

    - Eso espero... -repitió, en voz baja.

    Esta vez Hortensio pareció no haberlo oído.