lunes, 2 de noviembre de 2026

189.- Brillante argumentación

    - ¿Qué le parece, comisario?
    - Jodido. Muy jodido.

    Hortensio asintió. Gutiérrez carraspeó ligeramente, más por incomodidad que por necesidad. Se pasó la mano por el cuello de la camisa.

    - ¿Y ahora?

    Gutiérrez se encogió de hombros.

    - Ese Reguinaldo es un gilipollas integral. Hacerle caso nos dejaría a nosotros, también, como gilipollas integrales.

    Hortensio asintió de nuevo.

    - Por otro lado -continuó Gutiérrez-, si no le hacemos caso y se produce un atentado ya nos podemos despedir de nuestras carreras, de nuestras pensiones y de nuestra vida tal y como la conocemos... que es una mierda de vida, pero es la que tenemos.

    Hortensio asintió una vez más, encandilado por el agudo argumento de Gutiérrez.

    - ¿Y entonces? -preguntó, finalmente.

    Gutiérrez notó una arcada que le subía de adentro, de muy adentro. Tuvo que hacer un esfuerzo para reprimir el vómito. Sacó la petaca del bolsillo de su chaqueta, le dio un buen trago y se enchufó un pitillo.

    - Vamos a hablar otra vez con el tipo este, joder, coño ya... me cago en...

lunes, 26 de octubre de 2026

188.- Apunta tan alto como puedas

    - ¿Y cómo te has enterado de eso, Reguinaldo?
    - Uno se entera de cosas, comisario.

    Gutiérrez se rascó la barbilla pensativo. Los mentirosos siempre le habían tocado los cojones.

    - A ver, Reguinaldo. Eres un camello de tres al cuarto... un mindundi, un chisgarabís... Lo sabes, ¿verdad?

    Por conveniencia, y porque más que una pregunta parecía una afirmación, Reguinaldo asintió, no sin mostrar desgana.

    - ¿Por qué coño iba a creerte, entonces? -continuó Gutiérrez.

    Reguinaldo se encogió de hombros.

    - Usted verá -dijo el camello.
    - No te estarás poniendo chulito conmigo, ¿verdad?
    - Para nada.
    - ¿Entonces?
    - ¿Entonces, qué?

    Gutiérrez estaba en un tris de soltarle un sopapo a Reguinaldo. En lugar de ello, y en una muestra de sangre fría que le sorprendió a él mismo, suspiró y se encendió un cigarro.

    - Venga. Vuelve a decirme eso que me has dicho antes, a ver si suena mejor.

    Reguinaldo tomó aire y adoptó una pose seria.

    - Agentes rusos quieren asesinar al presidente del Gobierno.

    Gutiérrez confirmó que seguía sonando igual de mal.

lunes, 19 de octubre de 2026

187.- Como Hannibal Lecter en "El silencio de los corderos"

    Lo primero que sintió Gutiérrez al entrar en la sala de interrogatorios fue una total y absoluta estupefacción. Casi se queda con la boca abierta más rato del debido y termina pareciendo gilipollas delante, incluso, del interrogado.

    - ¿Pero qué coño es esto? Por favor...

    Habían cogido al camellito y le habían puesto una camisa de fuerza. Luego lo habían elevado y mantenido en pie con una especie de mecanismo elevador parecido al de una cama de hospital. Finalmente, y para completar el esperpento, le habían puesto un bozal metálico que no le impedía hablar, pero sí morder.

    Como Hannibal Lecter en El silencio de los corderos. Tal cual.

    - A ver, cabrones -dijo Gutiérrez, a punto de romper a reír. - ¿Pero qué le habéis hecho a este pobrecito?
    - Es que dice cosas muy feas, comisario -contestó Hortensio.
    - ¿Cosas feas?
    - Feas y peligrosas. Pregúntele.

    Gutiérrez, entonces, se acercó al camello.

    - ¿Cómo te llamas, alma de cántaro?
    - Reguinaldo -contestó el tipo, sorbiendo su propio aliento desde dentro del bozal.
    - ¿Y por qué estás aquí, Reguinaldo? ¿Qué tienes que contarnos?

    Reguinaldo, entonces, abrió mucho los ojos y comenzó a soltar barbaridades por esa boquita metálica suya...

viernes, 16 de octubre de 2026

186.- Un camello de altos vuelos

    - Comisario...

    Gutiérrez levantó la cabeza. Se había quedado dormido sobre la mesa del despacho. Un hilillo de baba colgaba de la comisura de los labios. La petaca yacía vacía junto a un montón de papeles. Sobre el cenicero, un cigarrillo se había consumido mientras Gutiérrez sesteaba.

    - Dime, Hortensio...

    Hortensio tragó saliva.

    - Comisario, tenemos a un pequeño traficante a quien habría que interrogar.

    Gutiérrez se pasó la mano por la barbilla. Notó cómo la baba se le quedaba pegada en la mano.

    - Coño, pues interrogadlo vosotros, ¿no? Un camellito... ¿qué pasa, lo habéis pillado vendiendo hachís?
    - Es que...

    Gutiérrez se agitó.

    - Es que... ¿qué? Joder, Hortensio, habla, que pareces bobo...
    - Este camellito apunta alto, comisario. Lo que nos cuenta tiene unas implicaciones que... más vale que lo vea usted mismo.

    Gutiérrez asintió. Si Hortensio lo pedía, habría que acudir.

    - Déjame ir al baño primero, anda...

lunes, 5 de octubre de 2026

185.- Ring, ring

    El teléfono del despacho de Gutiérrez comenzó a sonar.

    - Ring, ring.

    Gutiérrez lo miró como quien mira una granada desanillada.

    - Ring, ring.

    Aquel teléfono solo traía malas noticias. Otro asesinato, otro caso de mierda que tener la obligación de resolver, más problemas. Gutiérrez pensó que, a lo mejor, no le apetecía cogerlo.

    - Ring, ring.

    Joder, qué pesado que era el cacharrito. Y quien estuviera al otro lado, que no cejaba en su empeño.

    - Ring, ring.

    Gutiérrez, que casi se había acabado la petaca de vodka y que tenía el cenicero a reventar, estuvo tentado de darle una patada al aparato y estamparlo contra la pared. Aunque luego le cargaran en comisaría la cuenta de los desperfectos...

    - Ring, ring.

    Tirándose de los pelos, y preparándose para lo peor, el comisario agarró el auricular.

    - ¿Sí?

    Del otro lado, tras unos segundos, sonó una voz aterciopelada y seductora.

    - Buenos días. ¿Le interesaría cambiar de seguro de vida? Nuestra compañía tiene unas ofertas que...

    Gutiérrez colgó. Casi arrojó el auricular contra la mesa. Lo que le faltaba.

    Se encendió un cigarro, miró al techo y pensó que se estaba volviendo loco porque, ahora que lo pensaba, prefería recibir esas llamadas de publicidad engañosa que volver a revolcarse en el lado más sucio de la sociedad.

    "Si al final se va a liar", pensó. "Es lo que hay". Y le vino a la mente un refrán: quien con niños se acuesta...

martes, 8 de septiembre de 2026

184.- Y ahora qué, comisario...

    Gutiérrez sabía que tenía que estar exultante. También sabía que no iba a estarlo. Siempre le sucedía lo mismo. El triunfo de la ley, la justicia vencedora, la eliminación del criminal nunca le causaba placer. Más bien una sensación de deber cumplido que, curiosamente, estaba más lejos del alivio que del agobio.

    - Mierda de trabajo.

    Hortensio se sentó a su lado. Con un leve gesto, rápidamente comprendido por Gutiérrez, le pidió un cigarrillo. Gutiérrez pensó que Hortensio estaba ya comenzando a fumar y beber demasiado. Que el joven se fijaba demasiado en él, en el veterano. Mal asunto. Él no era ejemplo de nada, no era ejemplo para nadie.

    - Y ahora qué, comisario -preguntó con inocencia.

    Gutiérrez escupió al suelo. Tenía la garganta seca y ganas de vomitar. Todavía podía percibir el olor de los sesos de Bonnie, esparcidos por la ventana y la pared, poblados de moscas que se daban un festín.

    - Ahora, nada, Hortensio -contestó Gutiérrez, con desgana. - A volver a empezar.

miércoles, 26 de agosto de 2026

183.- Los sesos de Bonnie

    No era su intención. La de Gutiérrez.

    A ver, sí que lo era, en realidad. Era su intención volarle los sesos a Bonnie. Pero tampoco de esa manera.

    Porque los sesos del hermano de Claudio, alias Clyde, reventaron como si hubieran instalado un petardo en su interior. Una cosa de locos. Como en una película gore.

    Gutiérrez, que no sabía, a pesar de su experiencia, que esas cosas podían pasar, se sorprendió. Miró su arma. ¿Cómo hacían las balas en los últimos tiempos? Felicio, que había oído el proyectil pasearse junto a su oreja antes de alojarse en el cráneo de Bonnie, había caído de rodillas. Los sesos de su captor se habían depositado en parte sobre su cabeza, y en sus hombros, y le daban un aire de medusa humana que se acrecentaba al verlo mover la boca, abriéndola y cerrándola, sin terminar de decir nada.

    - Joder, comisario. Vaya tela -acertó a decir Hortensio.

    Gutiérrez no dijo nada. Cogió un cigarrillo y se lo llevó a la boca. Le temblaban las manos, y eso que acababa de ejecutar uno de los disparos más certeros de su ya larga vida.

jueves, 30 de julio de 2026

182.- El tiro de gracia

    - ¡Bonnie! ¡Bonnie!

    Gutiérrez se desgañitaba, pero Bonifacio parecía haberse desentendido de los policías. Con un gesto hacia Hortensio, Gutiérrez dio unos pasos hacia adelante y se apostó a escasos metros de la puerta. Desde donde estaba podía ver a Bonnie hablando con alguien.

    - Estará con Felicio. Probablemente lo tiene amordazado en el sofá -le dijo a Hortensio, que llegaba a su altura en esos momentos.    
    - ¡Eh, cabrones, mirad esto! -gritó Bonnie, acercándose a la ventana con Felicio agarrado del cuello.

    Gutiérrez notó que Bonnie dirigía sus gritos hacia el lugar desde donde habían hablado antes. El rufián no se había percibido de su cambio de posición. Eso le daba alguna posibilidad.

    - Mire, comisario.

    Hortensio señalaba a Bonnie. A la cabeza de Bonnie. Agarraba a Felicio del cuello, pero se giraba hacia el lado equivocado y ofrecía un ángulo abierto que le daba a Gutiérrez posibilidad de tiro.

    - Dispare, comisario.

    Gutiérrez pensó que, si erraba el tiro, podía herir a Felicio. También pensó que Felicio era un poco gilipollas, y que habían sido sus actitudes como agente de la ley, sus falsos testimonios, quienes habían provocado a Bonifacio.

    - Dispare, comisario -repitió Hortensio. - Lo tiene a tiro.

    Así que, sin pensarlo más, Gutiérrez disparó.


    

jueves, 16 de julio de 2026

181.- Vais a morir todos

     - De acuerdo, Bonnie. ¿Qué quieres?
     - ¡Que os jodáis todos, cabrones!

     Hortensio miró a Gutiérrez.

     - Parece simpático, comisario.

     Gutiérrez, en un gesto, le pidió calma a su ayudante.

     - ¡Bonnie! ¡Tenemos que negociar! Algo podemos hacer...
     - ¡No hay nada que negociar! ¡Matasteis a mi hermano! ¡Os voy a matar a todos!

     El comisario resopló.

     - A ver, Bonnie. ¿Estás con Felicio?
     - A ese cabrón me lo cargaré enseguida. Ya ha visto en primera fila todo lo que he hecho. Todo por su culpa.
     - Tu hermano también asesinó a gente disparándole desde un coche.
     - A mi hermano lo acusaron injustamente de eso mismo -dijo Bonnie, lleno de rabia. - Y Felicio mintió al acusarlo. Ahora ha visto morir a gente, esta vez sí. He sido yo. En su nombre. Y ahora, va a morir.

     Siguió un silencio estremecedor.

     - ¡Bonnie! Un momento...

     En la penumbra interior de la casa, Gutiérrez vio, por unos momentos, una sombra que se desplazaba de la ventana hacia el salón donde, con certeza, se encontraba Felicio.

jueves, 9 de julio de 2026

180.- Parlamen... ¿qué?

    - ¿Tú crees que sabe que estamos aquí, comisario?

    A Gutiérrez ya le dolía la espalda de estar agachado detrás de los setos.

    - No tengo ninguna duda.
    - ¿Entonces? - preguntó Hortensio. - ¿Esperamos a los refuerzos?

    Gutiérrez hizo una mueca de disgusto.

    - Los refuerzos van a llegar en unos cinco minutos y van a reventarlo todo... y yo diría que este tío está dispuesto a matar a Felicio, a matarnos a nosotros y a matarse a sí mismo, si hace falta. Si pudiéramos arreglar esto antes de que la zona se llene de gente...

    En el interior de la casa no se movía un alma, lo cual reafirmaba a Gutiérrez en su impresión de que Bonnie estaba tras las cortinas, mirándolos.

    - Quizá podríamos intentar parlamentar.

    Hortensio no había oído esa palabra en boca del comisario desde que tenía memoria.

    - ¿En serio, comisario?

    Por toda respuesta, Gutiérrez se puso a gritar.

    - ¡Bonifacio, Bonifacio! ¡Sabemos que estás ahí!

    Una ráfaga de disparos los invitó a protegerse tumbándose bocabajo.

    - ¡Es Bonnie, imbécil! -respondieron desde dentro.

    "Genial", pensó Gutiérrez. "Ya hemos entablado contacto".

lunes, 29 de junio de 2026

179.- Bonnie & Clyde

    - Esto mola, ¿verdad, Felicio? Es emocionante...

    Bonifacio miraba por la ventana. El salón estaba a oscuras.

    - ¿Ves? Como cuando éramos Bonnie & Clyde y hacíamos el gamberro por ahí. Qué tiempos aquellos, ¿verdad Felicio? Pero tú te encargarte de joderlo. Parecía que te daba rabia que fuéramos por ahí haciendo el loco, ¿eh? Tenías que arruinarnos la vida a toda costa...

    Un bulto se movía levemente en el sofá. Era Felicio, atado y amordazado.

    - Pues ahora te vas a joder tú, que lo sepas. ¿Has visto cómo he cometido los asesinatos de los que acusaste a Claudio? Yo solito. Ahora, sí. ¿Por qué no vas a acusarnos ahora? ¡Ah, no, claro, que mi hermano murió por tu culpa! ¡Ah, no, que estás atado! Qué divertido, ¿verdad?

    Unas sombras parecieron moverse en el patio delantero de la casa. Bonifacio sonreía. 

    - Ya están aquí, ¿ves? Espero que estés preparado para el espectáculo final, que promete ser grandioso...

    Se llevó la mano al arma, acariciándola...

lunes, 22 de junio de 2026

178.- Qué coño hacemos todavía aquí

    - ¿Se puede saber qué coño hacemos todavía aquí, Hortensio?
    - Están confirmando la dirección de los gemelos, comisario. Bueno, del gemelo que sigue vivo, claro.

    Gutiérrez se rascó la nuca, atacado por la ansiedad.

    - ¿Es posible que haya estado en casa de Felicio todo este tiempo?
    - Me temo que sí, comisario. Manteniendo retenido al expolicía en su propia casa. Por eso la había convertido en un búnker.
    - Y por eso la reventó cuando la encontramos. Habrá vuelto a su hogar original, llevándose a Felicio.
    - Esperemos que sea así.
    - Y estará esperándonos.

    Hortensio carraspeó...

    - Por cierto... -quiso saber Gutiérrez- ¿cómo se llama el gemelo?
    - Bonifacio. Lo llaman Bonnie...
    - ¿Bonnie? ¿Y cómo se llamaba el que la palmó?
    - Claudio.
    - ¿Claudio? No me jodas... no le llamarían Clyde para abreviar...

    Hortensio asintió, dibujando una media sonrisa.

    - Bonnie & Clyde... me cago en...

viernes, 19 de junio de 2026

177.- El hermanísimo

    Hortensio extrajo de un legajo un par de papeles viejos.

    - Verá, comisario, el acusado, que después se suicidó, que después se demostró que era inocente... tenía un hermano.
    - ¿Un hermano?
    - Gemelo.
    - ¡Coño!

    Hortensio carraspeó un poco.

    - Sí, comisario. Eran idénticos.
    - Interesante, ¿no? Eso quiere decir...
    - Imagine.

    Gutiérrez sonrió imaginando la cara de Felicio viendo aparecer de la nada a un tipo igual que aquel que se había suicidado por su errónea acusación.

    - Acojonante...
    - Indudablemente, comisario.

    El comisario se rascó la barbilla.

    - Tengo una pregunta más.
    - Dispare.
    - Aquella acusación por asesinato... ¿Cuál era el modus operandi del asesino?
    - Actuó tres veces antes de ser atrapado.
    - ¿Y cómo actuaba?
    - Disparaba. Al azar. Desde un coche en marcha. A viandantes.
    - Me cago en la madre que me parió.

    Hortensio asintió.

    - Correcto, comisario.

lunes, 18 de mayo de 2026

176.- Ecos del pasado

    Hortensio, una vez sentado frente a Gutiérrez, abrió un archivador de gran tamaño y empezó a pasar hojas, fichas policiales e informes de todo tipo y toda época, a juzgar por el tono amarillento de algunos documentos.

    - Verá, comisario... estuve rastreando el pasado de Felicio, su labor policial...
    - ¿Qué tienes?
    - Detenciones, pequeños hurtos, robos con violencia...

    Hizo una pausa.

    - ¿Y...? -aligeró Gutiérrez.

    Hortensio se pasó la mano por el mentón.

    - Acusó a alguien por asesinato.
    - ¿Ah, sí?
    - Declaró en su contra, desde luego.
    - ¿Y fue a la cárcel?
    - Sí.
    - ¿Y luego salió?
    - No.
    - ¿Cómo que no?

    Hortensio carraspeó ligeramente...

    - Se suicidó en la cárcel.
    - ¡No me jodas!
    - Y lo mejor de todo es que investigaciones posteriores demostraron que era inocente.
    - ¡No me jo...!

    Gutiérrez levantó un dedo.

    - Un momento. Si se suicidó es que está muerto, ¿no?

    Hortensio asintió.

    - ¿Entonces, cómo coño quieres que haya vuelto para vengarse?
    - Deje que le explique...

    Y Hortensio, todo pasión, se inclinó sobre la mesa de trabajo para rebuscar en los papeles.

lunes, 11 de mayo de 2026

175.- Las resacas no son lo que parecen

    No sabía muy bien a qué hora había llegado a su casa. Ni cuánto había dormido. Solo sabía que se había levantado con ganas de vomitar hasta la primera papilla y que le había costado la vida asearse medianamente y acudir a comisaría.

    Ahora se encontraba sentado en su despacho, con los ojos aún medio cerrados y un cigarrillo consumiéndose entre sus dedos. Tenía la petaca en el cajón, y estaba pensando que la mejor manera que eliminar la resaca era bebiendo alcohol cuando entró Hortensio como un vendaval.

    - ¡Comisario, comisario!

    Gutiérrez se preguntó por qué lo llamaba como si no estuviera ya presente. Se llevó la mano a la sien, que parecía que quería reventar.

    - ¿Cómo estás tan lozano, Hortensio, maldita sea? Juraría que ayer estuvimos juntos hasta las tantas.
    - Ya, comisario, pero había que ponerse manos a la obra.

    Gutiérrez recordó que en un pasado muy lejano, cuando él era joven, en la prehistoria de la humanidad, también era capaz de empalmar salidas legendarias con jornadas de trabajo eficiente.

    - Maldita juventud, qué arrogante y qué efímera...
    - ¿Cómo dice, comisario?
    - Nada, Hortensio. Poesía.
    - ¿Poe...?
    - Nada, he dicho. ¿Qué tienes?
    - Un sospechoso.
    - ¿Un sospechoso?
    - Un sospechoso. Alguien que podía tener razones para joder a Felicio.

    Gutiérrez se irguió en su silla. Encendió otro cigarrillo.

    - Siéntate, Hortensio. Y cuéntame, que esto me interesa...

martes, 5 de mayo de 2026

174.- Una copa de más

    - Y ahora qué hacemos, comisario.
    - Pídeme un vodka con limón, anda.

    Hortensio fue a la barra y volvió a los pocos minutos con un par de copas.

    - ¿Tú también?
    - No estamos de servicio, comisario. Y esto es un bar. Y estoy hasta los huevos.

    Gutiérrez se rascó la barbilla con gesto preocupado. Si Hortensio comenzaba a beber y a decir palabrotas, es que la cosa iba mal de verdad.

     - A ver, Hortensio... habrá que ponerse en serio con Felicio.
     - Pero Felicio ya está muerto, comisario.
     - Busca en su historial. ¿Quién era? ¿Qué había hecho? ¿Quién podía odiarlo tanto como para torturarlo?

     Hortensio asintió mientras le daba un buen sorbo al vodka.

     Iba a ser una noche larga...

jueves, 30 de abril de 2026

173.- El amigo Felicio

    - Joder, vaya puta mierda...

    Gutiérrez miraba el coche mientras fumaba un cigarrillo. Ausente. Ensimismado.

    - Todo confirmado comisario -oyó decir a Hortensio, como si hablara desde el otro lado de una puerta cerrada.
    - Pues eso -contestó Gutiérrez al rato, como si acabara de llegar de un viaje a un lugar muy lejano. - Una puta mierda.

    Tampoco hacía falta mucha confirmación para confirmar lo que veían sus ojos.

    Habían encontrado el coche, en efecto. Más bien, el coche se había entregado, porque lo habían dejado a propósito. En su interior, un cadáver. Un tipo con las manos atadas y con pinta de haber sido torturado. Golpes y cortes por todo el cuerpo.

    - Le dieron una buena paliza, comisario -comentó Hortensio nada más ver el cuerpo.

    Como remate, como no podía ser de otra manera, un buen disparo en la cabeza que reventara el cráneo. Aún así, no había dudas. Era el cadáver de Felicio.

    - ¿Y entonces? -preguntó Hortensio.

    Gutiérrez supuso que Hortensio ya sabía lo que iba a decir. Que no se adelantaba a decirlo él mismo por educación.

    - Entonces ya sabemos quién era la persona que vio la chica en el asiento de atrás. Lo tuvieron en su casa, lo torturaron, y cuando hicieron estallar la casa se lo llevaron, lo metieron en el coche y se lo cargaron.
    - Y, entre tanto, disparando a gente.
    - Disparando a gente, en efecto. Al azar.
    - Pero, entonces... el asesino no era Felicio.
    - Obvio, Hortensio, obvio.
    - Entonces...
    - Entonces, otra vez, no tenemos nada. Bueno, sí, algo sabemos.
    - ¿Algo? ¿Qué?
    - Que el asesino es un pedazo de cabrón.

lunes, 20 de abril de 2026

172.- ¿Cómo ha podido pasar?

    - Pero vamos a ver... ¿Cómo coño ha podido pasar?

    A Gutiérrez se lo llevaban los demonios.

    - No sé, comisario. Pero ha pasado. A Felicio parece no importarle nada.
    - Eso es verdad. Actúa como si no le importara que lo cogiéramos.
    - Como si nos estuviera retando.
    - Exacto.

    El comisario se mesó los cabellos. Su ayudante le imitó el gesto.

    - Y la madre de la víctima.
    - En estado de shock.
    - ¿No vio nada?
    - Dice que eran dos personas, comisario. Que vio una cabeza en el asiento de atrás...

    En ese momento sonó el teléfono. Gutiérrez lo cogió. Asintió un par de veces. Miró a Hortensio.

    - Nos largamos, Hortensio, a toda hostia.
    - ¿Qué pasa, comisario?
    - Han encontrado el coche del Felicio.

lunes, 13 de abril de 2026

171.- Otro asesinato

    - ¡Mamá, mamá, quiero chuches!
    - Ahora mismo, Jaimito. Espera un segundo, que ya termino.

    Jaimito, ante la perspectiva, daba saltos de ansiedad, como si necesitara ir al baño.

    - ¡Mamá! ¡Vamos!
    - Ya voy, Jaimito, no seas impaciente.

    Si por Jaimito fuera, ya se habría lanzado de cabeza a cruzar la calle y plantarse en la tienda de chuches, que parecía atraerlo como un canto de sirena.

    - ¡Mamáááá!
    - Jaimito, qué pesado eres, hijo mío. ¿A que al final no vamos?

    Jaimito tiraba del brazo de su madre.

    - Espera, niño, deja que pase el coche.

    Jaimito, entonces, esperó. El coche pasó junto a él. El disparo, lanzado a bocajarro desde el asiento del conductor, le reventó el cráneo.

    La madre quedó de piedra durante unos segundos, cogiendo a un cadáver de la mano, hasta que empezó a gritar.

    Antes de eso, segundos antes, milésimas antes, vio algo que cambiaría de forma decisiva el devenir del caso.

martes, 7 de abril de 2026

170.- En busca y captura

     Un par de horas más tarde, la cara de Felicio se encontraba ya en todos los motores policiales de busca y captura, con los datos del vehículo y el impresionante currículo criminal que se había construido en poco tiempo.

    - No deberían tardar mucho en detenerlo -comentó Hortensio, siempre optimista.

    Gutiérrez apuró un cigarrillo.

    - Eso espero.

    Gutiérrez miró la cara de Felicio en la fotografía. Un abuelo. Aparentemente apacible. En lugar de disparar a gente a quemarropa, podría haber optado por dar de comer a las palomas en un banco del parque...

    - Eso espero... -repitió, en voz baja.

    Esta vez Hortensio pareció no haberlo oído.

jueves, 26 de marzo de 2026

169.- Felicio

     - Con cuidado, Hortensio.

     Gutiérrez ya no estaba para esos trotes. Estas cosas tenían que hacerlas los grupos especiales de operaciones, que para eso estaban. Y, sin embargo, él seguía metiéndose en líos.

     - Aquí huele raro, comisario.

     Era verdad, olía a algo extraño. Una mezcla de rancio y de algo indefinible. Estaba oscuro. Podían estar pisando cadáveres y no se darían ni cuenta. Gutiérrez estaba sudando la gota gorda.

     - ¿No oyes algo, Hortensio?

     A Gutiérrez le habían enseñado que era mejor evitar las situaciones en las que carecía de ventaja. Y en aquella situación ni veía, ni sabía qué pisaba, ni qué olía.

     - Es como un tictac, ¿verdad? Debe ser un reloj.
     - ¿Un reloj? Los cojones. ¡Vámonos a toda hostia!

     Apenas habían salido de la casa cuando esta estalló por los aires. La onda expansiva los tiró de bruces contra el césped. Una explosión en toda regla, digna de material militar.

     - ¡Joder! Estuvo cerca -susurró Gutiérrez mientras se giraba en el suelo.
     - ¡Felicio! -gritó Hortensio.
     - ¿Qué?
     - Felicio. El dueño de la casa se llamaba Felicio. El sospechoso. Ahora me he acordado.
     - Pues Felicio sabía que llegábamos, y no quería que nos fuéramos con vida de aquí. El sospechoso ya es algo más que eso.

     Oyó sirenas a lo lejos. Llegaban los refuerzos. La explosión, claro. Gutiérrez se dijo a sí mismo que no estaba ya para correr estos riesgos. Al menos, ya sabían a quién buscar.

jueves, 12 de marzo de 2026

168.- La casa

     Apenas había luz. Gutiérrez se preguntaba por qué tenían que esperar a que se hiciera de noche para entrar en la casa, por qué el ayuntamiento no ponía más farolas en esa calle y por qué no había ni una bombillita encendida en el interior de la casa.

     - Esto tiene mala pinta, Hortensio.
     - Muy mala, jefe. ¿Buscamos refuerzos y volvemos otro día?

     Gutiérrez se lo pensó. La verdad es que parecía una respuesta lógica.

     - ¿A nombre de quién dices que está la casa?
     - Un antiguo miembro de la Policía, ya jubilado. ¿Cómo dije que se llamaba, comisario?
     - No me acuerdo. ¿Morticio?
     - Algo parecido. El caso es que tenía un coche y acceso a armas, y vive en el interior de nuestro pentágono.

     A Gutiérrez seguía sin gustarle ni un pelo el asunto; pero también seguía sin querer acudir a nadie más.

     - Un agente de policía jubilado, Hortensio. No me fío. Vamos a echar un vistazo.

     Saltaron la valla y se plantaron ante la entrada. La suerte estaba echada, y allí dentro no parecía haber nadie...

jueves, 5 de marzo de 2026

167.- La insoportable irregularidad del pentágono

     - Creo que hay algo, comisario.

     Gutiérrez sonrió mientras aspiraba una buena calada.

     - Genial, Hortensio. ¿Y qué es lo que tenemos?

     Hortensio se sentó frente a Gutiérrez y desplegó un mapa sobre la mesa.

     - En primer lugar, hemos marcado en el plano el lugar donde se han cometido los cinco crímenes. Los cinco, desde un coche en marcha. Los cinco, a punta de pistola.
     - Y ha salido un pentágono.
     - A ver, no, comisario... para qué le voy a mentir... hemos unido los puntos y tenemos una figura irregular de cinco lados, claro, pero eso del pentágono... nuestro hombre no es tan metódico.
     - Vaya -se lamentó Gutiérrez.

     Hortensio siguió.

     - En segundo lugar, hemos buscado propietarios de monovolúmenes oscuros en la zona marcada, y había un buen puñado, la verdad. Pero ya el número se había reducido. Por último, hemos revisado los historiales para ver quién podría poseer, además del monovolumen, una Glock 17.
     - ¿Y?

     Hortensio puso el dedo sobre un punto del plano.

     - Y tenemos un posible sospechoso.

     Gutiérrez apagó el cigarrillo en el cenicero.

     - ¿Y qué cojones hacemos aquí todavía? Vamos allá cagando leches.

jueves, 19 de febrero de 2026

166.- ¿Y si damos con un patrón?

    - Hortensio, mueve a tu gente.
    - ¿A qué gente, comisario?
    - ¡Cómo que a qué gente! A las ratas de biblioteca, a los friquis informáticos, a los locos superdotados que buscan datos en la red...
    - Esos solo salen en las películas, comisario.

    Gutiérrez se puso serio. Le dio una buena calada al cigarrillo.

    - Por los cojones, Hortensio. Otra cosa es que tú no los conozcas. Búscalos.

    Hortensio suspiró.

    - ¿Y qué buscamos exactamente?
    - Buscamos a alguien que lleve un coche oscuro, nuevo, con no más de dos años de matriculación.
    - ¿Como dijo el vecino del balcón en el último asesinato?
    - Sí, y el camarero que oyó el grito y el atropello.
    - Vale. ¿Qué más?
    - Establece el perímetro de los asesinatos y busca ahí al dueño de un vehículo con esas características y, además, relación con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Que posea armas. Una Glock 17, en concreto.
    - Esas son las armas que usamos nosotros, comisario. La Policía.

    Gutiérrez miró a Hortensio.

    - Correcto. ¿Qué haces? ¿Por qué estás todavía aquí y no buscando?

    No necesitó repetir esta última frase. Hortensio ya había salido.

domingo, 8 de febrero de 2026

165.- El paso de cebra

    El joven iba con prisa, ese fue la razón de todo.

    Él solía detenerse y mirar a ambos lados si se acercaba algún vehículo. Ya sabía que tenía preferencia, pero era mejor no provocar a los conductores, que podían estar despistados. Forzarles a dar un frenazo, en esas circunstancias, podría resultar fatal.

    Pero es que en aquella ocasión iba con prisa, maldita sea. Y aquel coche no iba tan rápido. Supuso que frenaría y se lanzó a cruzar la calle. Una actitud imprudente, desde luego. Podía haberse jugado la vida. Pero también podía haber estado a punto de salvarla.

    Porque, para sorpresa del joven, el coche no frenó. Tampoco aceleró, pero no frenó. Vio que la ventanilla se bajaba, vio que el conductor esperaba que él permaneciera sobre la acera, aguardando a un lado. Tuvo, pues, que dar un frenazo, y el morro del coche golpeó al joven en el costado.

    El joven gritó mientras caía al suelo. Allí aguardó unos segundos. El conductor no salía del vehículo. Se palpó el costado. Un golpe, sí; pero parecía que no se había roto nada. Menos mal.

    Se levantó. Salió del paso de cebra y volvió a situarse en la acera. El vehículo avanzó ligeramente y se puso a su altura.

    El joven pensó que el conductor iría a pedirle perdón, o a preguntarle qué tal estaba.

    Lo que jamás pensó, desde luego, era que iba a estar apuntándole a la cabeza con un arma.

    "Joder", fue lo único que tuvo tiempo el joven de pensar hasta que una bala le reventó el cráneo.

    El coche, entonces, aceleró y desapareció tras una esquina. Dos vecinos desde sus balcones, y un camarero en la terraza de enfrente, habían contemplado el disparo, pues habían acudido al grito del joven tras el atropello.

jueves, 15 de enero de 2026

164.- Con la nariz pegada a la pantalla

    A Gutiérrez y Hortensio no les costó mucho contactar con la empresa de seguridad.

    - ¿Las cámaras de seguridad de las recogidas de paquetería? Claro, sí. Dígame la situación, una fecha y una hora.

    Apenas habían pasado unos minutos cuando ambos observaban atentamente la grabación: un coche oscuro, un semáforo. Alguien hacía una señal, se bajaban las ventanillas y asomaba un arma de fuego.

    Luego, la detonación; por último, la huida.

    - No se aprecia la matrícula, comisario -dijo Hortensio con rabia.
    - No -confirmó Gutiérrez. - Pero ya tenemos algo con lo que empezar a trabajar.
    - ¿Se refiere al modelo del coche?

    Gutiérrez encendió un cigarrillo y le dio una calada al estilo "me encanta que los planes salgan bien".

    - El modelo del coche, que podemos rastrear... y el del arma, con la que podemos afinar aún más.

    Hortensio pegó la cara a la pantalla.

    - Pero... comisario... el arma apenas se ve.

    Gutiérrez sonrió.

    - Apenas se ve, y apenas tengo dudas...

viernes, 9 de enero de 2026

163.- El quiosquero

     - Ponme una bolsa pequeña de lenguas de gato, y otra de nubes... y otra de...

     Gutiérrez alzó un dedo y detuvo la verborrea ansiosa de Hortensio, que parecía un niño pequeño.

     - A ver, disculpe, caballero. Aunque el comportamiento de mi compañero no lo dé a entender, somos policías. Estamos aquí porque las cámaras de seguridad de la máquina de paquetería podría sernos útil.

     El quiosquero, que estaba leyendo el periódico, levantó la vista con gesto de condescendencia, como si se encontrara ante dos infantes impacientes.

     - A ver, chicos, por orden. Tú, primero, chaval. ¿Qué quieres? -dijo, señalando a Hortensio.

     Para sorpresa de Gutiérrez, Hortensio no preguntó por el asesino múltiple.

     - Dame mejor una bolsa grande con un mezcladito de todas estas gominolas. Un poco de cada. Y no olvides los ositos de color.

     El quiosquero, metódicamente, fue llenando la bolsa, que pesó y cobró con calma. Luego, se dirigió a Gutiérrez.

     - ¿Y, tú? ¿Qué querías?
     - Las cámaras de seguridad.
     - Eso no lo llevo yo, joven. Tienes que contactar con la empresa. Allí, impreso en la máquina, tienes el número de contacto.

     Cuando salieron, Gutiérrez llevaba un mosqueo de dos pares de cojones.

     - ¿Quiere una gominola, comisario?
     - Una gominola te voy a dar yo a ti por la cara como no te calles...

viernes, 2 de enero de 2026

162.- El principio de Arquímedes

     - ¡Comisario! ¡comisario!

     Cuando Hortensio entraba así, a grito pelado, arrasándolo todo a su paso como un Arquímedes en pelotas gritando "Eureka" por las calles de Siracusa, a Gutiérrez le asaltaban sentimientos encontrados. Por una parte, vergüenza ajena y la irritación que de ella se derivaba; por otra, una excitación creciente y contagiosa, pues cuando Hortensio gritaba, era porque tenía algo.

     - ¡Lo tengo, comisario!
     - ¿Ves? Como Arquímedes. Te falta ir en pelotas por la calle.
     - ¿Qué?
     - Que me digas qué tienes.
     - La clave está en las cámaras del quiosco.
     - ¿Qué quiosco?
     - El quiosco que está en la escena del último asesinato. Donde el semáforo.
     - Los quioscos ya no existen, panoli.
     - Que sí, comisario. Este sí. Quiero decir que vende prensa y golosinas, y otras cosas... por ejemplo, hace de punto de entrega de paquetería. Y tiene una máquina de recogida automática, por si algún cliente llega fuera del horario de apertura. Funciona con un código, el cliente lo introduce y...
     - Ya sé cómo funciona, pesado. Dime más.
     - Que hay cámaras, como en los cajeros automáticos, pero estas, ¡oh, bendita casualidad!, están justo frente a los semáforos.

     Gutiérrez se mesó la barbilla.

     - Vale, pues vamos, ¿no? "Todo cuerpo sumergido en un fluido...".
     - ¿Está bien, jefe? ¿Quiere un chupito de algo? Lo digo por lo del fluido...
     - ¡Calla, coño, y deja de decir bobadas, que llegamos tarde a todos los sitios!