- ¿A qué gente, comisario?
- ¡Cómo que a qué gente! A las ratas de biblioteca, a los friquis informáticos, a los locos superdotados que buscan datos en la red...
- Esos solo salen en las películas, comisario.
Gutiérrez se puso serio. Le dio una buena calada al cigarrillo.
- Por los cojones, Hortensio. Otra cosa es que tú no los conozcas. Búscalos.
Hortensio suspiró.
- ¿Y qué buscamos exactamente?
- Buscamos a alguien que lleve un coche oscuro, nuevo, con no más de dos años de matriculación.
- ¿Como dijo el vecino del balcón en el último asesinato?
- Sí, y el camarero que oyó el grito y el atropello.
- Vale. ¿Qué más?
- Establece el perímetro de los asesinatos y busca ahí al dueño de un vehículo con esas características y, además, relación con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Que posea armas. Una Glock 17, en concreto.
- Esas son las armas que usamos nosotros, comisario. La Policía.
Gutiérrez miró a Hortensio.
- Correcto. ¿Qué haces? ¿Por qué estás todavía aquí y no buscando?
No necesitó repetir esta última frase. Hortensio ya había salido.
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