lunes, 18 de mayo de 2026

176.- Ecos del pasado

    Hortensio, una vez sentado frente a Gutiérrez, abrió un archivador de gran tamaño y empezó a pasar hojas, fichas policiales e informes de todo tipo y toda época, a juzgar por el tono amarillento de algunos documentos.

    - Verá, comisario... estuve rastreando el pasado de Felicio, su labor policial...
    - ¿Qué tienes?
    - Detenciones, pequeños hurtos, robos con violencia...

    Hizo una pausa.

    - ¿Y...? -aligeró Gutiérrez.

    Hortensio se pasó la mano por el mentón.

    - Acusó a alguien por asesinato.
    - ¿Ah, sí?
    - Declaró en su contra, desde luego.
    - ¿Y fue a la cárcel?
    - Sí.
    - ¿Y luego salió?
    - No.
    - ¿Cómo que no?

    Hortensio carraspeó ligeramente...

    - Se suicidó en la cárcel.
    - ¡No me jodas!
    - Y lo mejor de todo es que investigaciones posteriores demostraron que era inocente.
    - ¡No me jo...!

    Gutiérrez levantó un dedo.

    - Un momento. Si se suicidó es que está muerto, ¿no?

    Hortensio asintió.

    - ¿Entonces, cómo coño quieres que haya vuelto para vengarse?
    - Deje que le explique...

    Y Hortensio, todo pasión, se inclinó sobre la mesa de trabajo para rebuscar en los papeles.

lunes, 11 de mayo de 2026

175.- Las resacas no son lo que parecen

    No sabía muy bien a qué hora había llegado a su casa. Ni cuánto había dormido. Solo sabía que se había levantado con ganas de vomitar hasta la primera papilla y que le había costado la vida asearse medianamente y acudir a comisaría.

    Ahora se encontraba sentado en su despacho, con los ojos aún medio cerrados y un cigarrillo consumiéndose entre sus dedos. Tenía la petaca en el cajón, y estaba pensando que la mejor manera que eliminar la resaca era bebiendo alcohol cuando entró Hortensio como un vendaval.

    - ¡Comisario, comisario!

    Gutiérrez se preguntó por qué lo llamaba como si no estuviera ya presente. Se llevó la mano a la sien, que parecía que quería reventar.

    - ¿Cómo estás tan lozano, Hortensio, maldita sea? Juraría que ayer estuvimos juntos hasta las tantas.
    - Ya, comisario, pero había que ponerse manos a la obra.

    Gutiérrez recordó que en un pasado muy lejano, cuando él era joven, en la prehistoria de la humanidad, también era capaz de empalmar salidas legendarias con jornadas de trabajo eficiente.

    - Maldita juventud, qué arrogante y qué efímera...
    - ¿Cómo dice, comisario?
    - Nada, Hortensio. Poesía.
    - ¿Poe...?
    - Nada, he dicho. ¿Qué tienes?
    - Un sospechoso.
    - ¿Un sospechoso?
    - Un sospechoso. Alguien que podía tener razones para joder a Felicio.

    Gutiérrez se irguió en su silla. Encendió otro cigarrillo.

    - Siéntate, Hortensio. Y cuéntame, que esto me interesa...

martes, 5 de mayo de 2026

174.- Una copa de más

    - Y ahora qué hacemos, comisario.
    - Pídeme un vodka con limón, anda.

    Hortensio fue a la barra y volvió a los pocos minutos con un par de copas.

    - ¿Tú también?
    - No estamos de servicio, comisario. Y esto es un bar. Y estoy hasta los huevos.

    Gutiérrez se rascó la barbilla con gesto preocupado. Si Hortensio comenzaba a beber y a decir palabrotas, es que la cosa iba mal de verdad.

     - A ver, Hortensio... habrá que ponerse en serio con Felicio.
     - Pero Felicio ya está muerto, comisario.
     - Busca en su historial. ¿Quién era? ¿Qué había hecho? ¿Quién podía odiarlo tanto como para torturarlo?

     Hortensio asintió mientras le daba un buen sorbo al vodka.

     Iba a ser una noche larga...

jueves, 30 de abril de 2026

173.- El amigo Felicio

    - Joder, vaya puta mierda...

    Gutiérrez miraba el coche mientras fumaba un cigarrillo. Ausente. Ensimismado.

    - Todo confirmado comisario -oyó decir a Hortensio, como si hablara desde el otro lado de una puerta cerrada.
    - Pues eso -contestó Gutiérrez al rato, como si acabara de llegar de un viaje a un lugar muy lejano. - Una puta mierda.

    Tampoco hacía falta mucha confirmación para confirmar lo que veían sus ojos.

    Habían encontrado el coche, en efecto. Más bien, el coche se había entregado, porque lo habían dejado a propósito. En su interior, un cadáver. Un tipo con las manos atadas y con pinta de haber sido torturado. Golpes y cortes por todo el cuerpo.

    - Le dieron una buena paliza, comisario -comentó Hortensio nada más ver el cuerpo.

    Como remate, como no podía ser de otra manera, un buen disparo en la cabeza que reventara el cráneo. Aún así, no había dudas. Era el cadáver de Felicio.

    - ¿Y entonces? -preguntó Hortensio.

    Gutiérrez supuso que Hortensio ya sabía lo que iba a decir. Que no se adelantaba a decirlo él mismo por educación.

    - Entonces ya sabemos quién era la persona que vio la chica en el asiento de atrás. Lo tuvieron en su casa, lo torturaron, y cuando hicieron estallar la casa se lo llevaron, lo metieron en el coche y se lo cargaron.
    - Y, entre tanto, disparando a gente.
    - Disparando a gente, en efecto. Al azar.
    - Pero, entonces... el asesino no era Felicio.
    - Obvio, Hortensio, obvio.
    - Entonces...
    - Entonces, otra vez, no tenemos nada. Bueno, sí, algo sabemos.
    - ¿Algo? ¿Qué?
    - Que el asesino es un pedazo de cabrón.

lunes, 20 de abril de 2026

172.- ¿Cómo ha podido pasar?

    - Pero vamos a ver... ¿Cómo coño ha podido pasar?

    A Gutiérrez se lo llevaban los demonios.

    - No sé, comisario. Pero ha pasado. A Felicio parece no importarle nada.
    - Eso es verdad. Actúa como si no le importara que lo cogiéramos.
    - Como si nos estuviera retando.
    - Exacto.

    El comisario se mesó los cabellos. Su ayudante le imitó el gesto.

    - Y la madre de la víctima.
    - En estado de shock.
    - ¿No vio nada?
    - Dice que eran dos personas, comisario. Que vio una cabeza en el asiento de atrás...

    En ese momento sonó el teléfono. Gutiérrez lo cogió. Asintió un par de veces. Miró a Hortensio.

    - Nos largamos, Hortensio, a toda hostia.
    - ¿Qué pasa, comisario?
    - Han encontrado el coche del Felicio.

lunes, 13 de abril de 2026

171.- Otro asesinato

    - ¡Mamá, mamá, quiero chuches!
    - Ahora mismo, Jaimito. Espera un segundo, que ya termino.

    Jaimito, ante la perspectiva, daba saltos de ansiedad, como si necesitara ir al baño.

    - ¡Mamá! ¡Vamos!
    - Ya voy, Jaimito, no seas impaciente.

    Si por Jaimito fuera, ya se habría lanzado de cabeza a cruzar la calle y plantarse en la tienda de chuches, que parecía atraerlo como un canto de sirena.

    - ¡Mamáááá!
    - Jaimito, qué pesado eres, hijo mío. ¿A que al final no vamos?

    Jaimito tiraba del brazo de su madre.

    - Espera, niño, deja que pase el coche.

    Jaimito, entonces, esperó. El coche pasó junto a él. El disparo, lanzado a bocajarro desde el asiento del conductor, le reventó el cráneo.

    La madre quedó de piedra durante unos segundos, cogiendo a un cadáver de la mano, hasta que empezó a gritar.

    Antes de eso, segundos antes, milésimas antes, vio algo que cambiaría de forma decisiva el devenir del caso.

martes, 7 de abril de 2026

170.- En busca y captura

     Un par de horas más tarde, la cara de Felicio se encontraba ya en todos los motores policiales de busca y captura, con los datos del vehículo y el impresionante currículo criminal que se había construido en poco tiempo.

    - No deberían tardar mucho en detenerlo -comentó Hortensio, siempre optimista.

    Gutiérrez apuró un cigarrillo.

    - Eso espero.

    Gutiérrez miró la cara de Felicio en la fotografía. Un abuelo. Aparentemente apacible. En lugar de disparar a gente a quemarropa, podría haber optado por dar de comer a las palomas en un banco del parque...

    - Eso espero... -repitió, en voz baja.

    Esta vez Hortensio pareció no haberlo oído.