- Esto tiene mala pinta, Hortensio.
- Muy mala, jefe. ¿Buscamos refuerzos y volvemos otro día?
Gutiérrez se lo pensó. La verdad es que parecía una respuesta lógica.
- ¿A nombre de quién dices que está la casa?
- Un antiguo miembro de la Policía, ya jubilado. ¿Cómo dije que se llamaba, comisario?
- No me acuerdo. ¿Morticio?
- Algo parecido. El caso es que tenía un coche y acceso a armas, y vive en el interior de nuestro pentágono.
A Gutiérrez seguía sin gustarle ni un pelo el asunto; pero también seguía sin querer acudir a nadie más.
- Un agente de policía jubilado, Hortensio. No me fío. Vamos a echar un vistazo.
Saltaron la valla y se plantaron ante la entrada. La suerte estaba echada, y allí dentro no parecía haber nadie...
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