A Gutiérrez se lo llevaban los demonios.
- No sé, comisario. Pero ha pasado. A Felicio parece no importarle nada.
- Eso es verdad. Actúa como si no le importara que lo cogiéramos.
- Como si nos estuviera retando.
- Exacto.
El comisario se mesó los cabellos. Su ayudante le imitó el gesto.
- Y la madre de la víctima.
- En estado de shock.
- ¿No vio nada?
- Dice que eran dos personas, comisario. Que vio una cabeza en el asiento de atrás...
En ese momento sonó el teléfono. Gutiérrez lo cogió. Asintió un par de veces. Miró a Hortensio.
- Nos largamos, Hortensio, a toda hostia.
- ¿Qué pasa, comisario?
- Han encontrado el coche del Felicio.
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