- ¿A ver, a ver? ¿Cómo era eso, comisario? Es que es difícil de asimilar...
Mel se partía la caja oyendo a Gutiérrez contar lo de Smith. También Hortensio estaba de buen humor. Hasta Gutiérrez disfrutaba con el narración de sus éxitos.
- Pues que el tal Smith era un espía, en efecto, pero de la marca mayor. Un espía triple, ¿qué te parece?
- ¿Pero se llamaba Smith de verdad?
- Pues sí, por un antepasado escocés, por lo visto...
- Joder, qué bueno, tenía ya el nombre de espía, el tío...
Gutiérrez le dio una calada al cigarro y un buen sorbo al vodka.
- El caso es que espiaba para una tercera empresa. En Buenycao pensaban que espiaba para Panterón; en Panterón no tenían muy claro si les espiaba, pero lo odiaban; y él, en realidad, espiaba a las dos para una tercera.
- Joder...
- Exacto, Mel, joder. Eso dije yo cuando me enteré.
Hortensio reía a carcajadas.
- ¿Y cómo lo descubrió, comisario?
- Pues verás -dijo Gutiérrez tras una pausa dramática acompañada de una calada-. Yo no me fío de los espías, y deduje que nos estaba utilizando como cortina de humo.
- Usted no se fía ni de su padre, comisario.
- No lo sabes tú bien. El caso es que le pinché el teléfono y el muy estúpido lo soltó todo.
- ¿Espiaste al espía?
Gutiérrez guiñó un ojo.
- Qué grande es usted, comisario.
- Lo sé, Hortensio.
- ¿Y qué más?
- Pues lo pillé in fraganti, lo detuve, lo tuve encerrado para darle un buen susto y lo solté con cargos. Ahora serán las empresas las que lo desplumen con denuncias y acusaciones...
- Menudo pájaro, ese Smith.
- Ideal para una de tus novelas, Mel.
- Qué va, una trama demasiado complicada para mis lectores, yo creo...
- Menudo cabrón que estás hecho...
¡Hala, otra ronda de bebidas!
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