- Comisario...
Gutiérrez levantó la cabeza y aspiró una buena calada de su cigarro.
- ¿Sí. Hortensio?
- ¿Este que está en la celda es Smith?
Por toda respuesta, Gutiérrez movió la cabeza lentamente.
- Así es, Hortensio.
- Pero lo trajimos hace dos días, ¿no?
- Dos días y tres noches, para ser más exactos...
Hortensio tragó saliva, como si tuviera que confesar algo realmente incómodo.
- ¿No deberíamos soltarlo?
Gutiérrez miró a su subordinado con llamaradas en los ojos.
- Que le jodan, Hortensio. Que le jodan a Smith. Se ha querido reír de nosotros. Pues que le jodan.
- Ya, pero el habeas corpus...
Gutiérrez resoplaba por las fosas nasales, emitiendo un estruendo como de cachalote en celo.
- Que le jodan al habeas corpus, Hortensio. Y si te pones pesadito, que te jodan a ti también. ¿Vale? ¿Alguna otra pregunta?
- No, comisario.
- Bien, así me gusta.
El comisario Gutiérrez se encendió otro cigarrillo. Hortensio creyó ver, a sus pies, una pila de colillas que casi le llegaba a la rodillas...
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