Gutiérrez contestó con una especie de gruñido. ¡Qué pesado, el Streller! ¿Qué narices estaría haciendo en la puerta del despacho? ¿Quién le había dejado entrar en comisaría?
- Puedo pasar con vosotros, ¿verdad? Los amigos siempre juntos.
Otro gruñido Gutiérrez. Le daba urticaria cada vez que oía a Streller llamarlo "amigo", joder. No se negó, no obstante. Eso de deberle favores al diablo no es buena cosa, maldita sea. Y a Streller se le iba a acabar el crédito algún día...
- ¿Y bien, comisario? -preguntó Hortensio, intrigado.
Streller era todo oídos.
- ¿Cómo vestía la primera víctima? En chándal, comisario. Llevaba chaqueta, pero se dispondría a echar unas carreras...
- De acuerdo. ¿Y la segunda?
- En chándal. Llevaba a su hija, pero luego iría a ejercitarse... o venía de ello.
- ¿Y la tercera víctima?
- ¿El del Club de Tenis?
- Joder... -dijo Hortensio, tan bienhablado como era, antes de enmuceder.
- Joder... -repitió Streller.
Gutiérrez se encendió un pitillo.
- Pues eso. Tres tipos sanos, tres tipos deportistas, tres animales de gimnasio, seguramente... Averiguad en qué gimnasio estaban inscritos. Si es el mismo, ya sabemos adónde ir pitando, antes de que caiga el cuarto...
No hay comentarios:
Publicar un comentario