Gutiérrez miró al tipo con cara de asco. Odiaba los magos, y más los que se las daban de mago e iban haciendo jueguecitos a destiempo y en cualquier lugar.
- Ahora, métela en la baraja.
Cuando pensaba en la gente con la que tenía hablar solo para conseguir información, le daban ganas de jubilarse al día siguiente. Por lo menos, el improvisado mago no era un mimo improvisado, lo que sería aún peor.
- ¿Es esta tu carta?
- No.
El tipo se le había puesto al lado y le había empezado a hablar casi sin dar tiempo a Gutiérrez a saludar. Estaban apoyados en la barra de un local que vendía smoothies a la puerta del gimnasio Alcaraz, en el que, oh sorpresa, pagaban cuota religiosamente las tres víctimas.
- ¿Y esta?
- No.
Gutiérrez no sabía ni qué pedirle al encargado. Cada smoothie que miraba en la carta le daba mayor repelús que el anterior. Y el mago, dale que te pego.
- ¡Esta!
- Tampoco.
- Joder...
Sí. Eso decía él. Joder.
- ¿Qué va a ser? -preguntó el encargado con una sonrisa enorme.
- Un smoothie de fresa y mango -dijo el mago sin dudar.
Gutiérrez volvió a mirar la carta. Vio el de aguacate, mango, coco y zumo de limón. Luego el de plátano, espinaca, mango y piña.
- ¿Tienes vodka a palo seco?
Gutiérrez pudo observar cómo la sonrisa del encargado menguaba ligeramente.
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