lunes, 11 de agosto de 2025

150.- Un disfraz estrafalario

     El novelista se miró al espejo y se sorprendió de lo que vio reflejado en él.

     - Joder, Mel, das el pego.
     - ¿Tú crees?
     - No te reconocería ni tu madre. De hecho, creo que tu madre, si te viera así, te pediría que le cortaras el césped y que le podaras los setos.

     Hortensio le dio una palmada en el hombro y quedaron, los dos, frente a frente con sus reflejos.

      - Y ahora, manos a la obra, y a meterte en el papel.

      A Hortensio se le había ocurrido vestir a Mel de jardinero y colarlo en casa de Guadalupe. Y hacerlo sin que Gutiérrez lo supiera, en lo que suponía un atrevimiento sin precedentes y plagado de riesgos. El primero de ellos, el enfado de Gutiérrez si se enteraba.

      Mel había aceptado, pero había recordado que él seguía el método Stanislavski.

     - Voy a hacer lo que dices. Me meto en casa de mi madre y le corto los setos. Si no me reconoce, es que va bien el plan.
     - Te vas a hartar de la jardinería.
     - Es el método Stanislavski, amigo.
     - Tú mismo. Hala, ve a por la podadora.

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