El novelista se miró al espejo y se sorprendió de lo que vio reflejado en él.
Hortensio le dio una palmada en el hombro y quedaron, los dos, frente a frente con sus reflejos.
- Y ahora, manos a la obra, y a meterte en el papel.
A Hortensio se le había ocurrido vestir a Mel de jardinero y colarlo en casa de Guadalupe. Y hacerlo sin que Gutiérrez lo supiera, en lo que suponía un atrevimiento sin precedentes y plagado de riesgos. El primero de ellos, el enfado de Gutiérrez si se enteraba.
Mel había aceptado, pero había recordado que él seguía el método Stanislavski.
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