El segundo asesinato tuvo lugar al día siguiente, como había anunciado la nota. Era otro tipo normal, que se desplomó, sin razón aparente, mientras llevaba a su hija al colegio.
El tipo cayó en medio de un paso de cebra, así que formó un atasco severo durante buena parte de la mañana, mientras las autoridades levantaban el cadáver.
Cuando Gutiérrez y Hortensio llegaron a la escena del crimen, pues ya empezaba a haber pruebas de que podían utilizar aquella expresión, la niña todavía estaba allí, llorando, agarraba a la mano de su padre. Gutiérrez tuvo que despegarla y pasársela, a pulso, a un agente, mientras la niña pataleaba desesperada. Los conductores no paraban de tocar el claxon cada vez que el semáforo se ponía en verde, y a Gutiérrez estaba a punto de estallarle la cabeza.
Quien también estaba allí cuando llegaron era, por supuesto, Streller.
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