jueves, 20 de marzo de 2025

134.- Caligrafía y desesperación

    Cuando Hortensio asomó la cabeza por la puerta, Gutiérrez creyó adivinar lo que venía a decirle.

    - ¿Ha aparecido ya el tercer asesinado?

    Hortensio negó en silencio.

    - No, comisario. Lo que tenemos es el análisis caligráfico.
    - ¿Y bien?
    - La diferencia de tamaño entre los trazos y su disposición irregular sobre el renglón parecen hablarnos de un cierto desequilibrio, de una inestabilidad emocional que, posiblemente, se revele a nivel mental y comportamental.
    - ¿Eso dice el informe?
    - Eso dice, comisario.
    - Qué cojones, ¿no? Para decir eso no necesitaba un calígrafo, joder. Ya te lo hubiera dicho yo mismo...

    Hortensio asintió, y abandonó el despacho. Gutiérrez no estaba para bromas, ni para largas conversaciones.

    Ni para conversaciones cortas, vamos.

    Gutiérrez se sentó, impotente, a esperar el tercer cadáver que, para más inri, no aparecería hasta la noche.

    El sentimiento de rabia, de frustración, de tiempo perdido y de irritante inutilidad comenzaba a pesarle más de la cuenta. Esa noche, desde luego, no iba a dormir.

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