- Es una bacteria, la Xanthomonas fragariae. Aparece en las hojas de las fresas. Es mortal para el ser humano tomada en grandes dosis. Provoca coágulos en las arterias coronarias. Infartos, vamos.
Gutiérrez tosió, todavía escéptico.
- Qué listo eres, ¿no, Streller?
- Lo he visto en Wikipedia.
El silencio, durante unos instantes, se apoderó de la sala. Gutiérrez y Hortensio mascaban, lentamente, la información del periodista.
- ¿Puede haber sido, entonces, una intoxicación involuntaria? -preguntó Hortensio.
Streller negó con la cabeza.
- La dosis que se necesita para provocar una muerte no es natural. Hay intención detrás, y creo que podría defenderse así ante un tribunal.
- Un momento, sabelotodo -lo detuvo Gutiérrez, extendiendo la mano hacia delante. - Se han hecho autopsias, ¿sabes?, y no se ha encontrado ni rastro de la "fantasmona fragante" esa...
Streller se inclinó hacia delante y aspiró el aire, preparándose para su gran gran golpe final.
- Ahí está lo mejor, comisario. El mango contiene carotenoides.
- Que te jodan, Streller. A ti y a tu Wikipedia.
- Sucede que estos carotenoides anulan todo rastro de la Xanthomonas fragariae. No sus efectos, ojo, sino su rastro posterior... ¿Se me entiende ahora?
- ¿Que si se te entiende? - dijo Gutiérrez, acelerado. - Vamos ipso facto a hablar con el camarero asesino...
- ¿Y el chupito?
- Nos lo bebemos por el camino...
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