lunes, 16 de junio de 2025

144.- El gran truco final

    - Algún día nos contarás tu secreto, Streller -dijo Hortensio, ufano.
    - Un buen mago nunca revela sus trucos, querido -respondió el periodista, acompañando la frase con un gesto que pretendía ser inquietante o misterioso.

    A Gutiérrez, a decir verdad, seguía cayéndole gordo. De todos modos, había que reconocer que, pese a sus métodos irregulares y a esa fea costumbre de meter las narices donde no lo llamaban, Streller había ayudado ya en un ramillete de casos.

    - Igual me vas a tener que contratar, ¿verdad, comisario? Y no soy barato, ¿eh?

    ¡Dios! Sí que le caía gordo.

    - Creo, en cualquier caso, que durante los próximos días me voy a tomar unas vacaciones. Sí. Haré un viaje.
    - ¿Adónde vas? -preguntó Hortensio.

    A Gutiérrez le daba igual dónde se fuera Streller de viaje. Se encendió un cigarrillo y los observó hablar.

    - Al norte de Europa, ya veré adónde. Seguro que allí hay algún caso donde pueda ayudar, como aquí...

    La idea de que Streller, con su gabardina y sus gafas de espía cutre, montara un spin-off con sus aventuras en el extranjero le revolvió el estómago. Lo mejor sería que no iba a volver a verlo en un tiempo al metomentodo este.

    Entonces pasó algo increíble. Streller dijo "en fin, me voy" y, sin moverse de su sitio, hizo un movimiento brusco con el brazo derecho. Inmediatamente, la habitación se llenó de humo. Cuando este se disipó, Streller había desaparecido. Como el mejor de los ilusionistas. Un homenaje a la última víctima del camarero de los smoothies asesinos, posiblemente.

    - Joder -dijo Hortensio, rebosante de admiración.
    - Joder -dijo Gutiérrez, hastiado de tanta tontería.

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