- Sí, comisario.
- ¿A plena luz del día?
- Sí, comisario.
A Gutiérrez se lo llevaban los demonios. A Hortensio también, pero este, al menos, intentaba disimularlo.
- ¿Y sigue sin haber testigos? Parece increíble.
- De momento, no. Nadie se fija en un coche que transita por la calzada. Debe ser un vehículo muy común, desde luego. Y cuando oyen el disparo y quieren darse cuenta, ya ha doblado la esquina y ha desaparecido. Es todo tan aparentemente casual...
Gutiérrez le dio una calada al cigarrillo. Miró a Hortensio.
- Pues ya van tres muertos -dijo con un hilo de voz.
Hortensio asintió.
- ¿Y si colocamos guardias en todas las esquinas? ¿O agentes de paisano?
- ¿Cuántas esquinas cree que hay en la ciudad, comisario?
- Que te jodan, Hortensio.
Hortensio guardó silencio.
- Alguna vez tendrá que cometer un error, maldita sea... y entonces estaremos allí para cazarlo, Hortensio. Dalo por seguro.
Hortensio lo dio por seguro.
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