- ¿Y dices que no vio nada?
- No, comisario. Oyó el disparo, salió al balcón y un coche doblaba la esquina. La víctima y su perro estaban en la acera.
- ¿Ni siquiera se fijó en el color del coche?
- Dice que no. Fue apenas un segundo, y su atención se centró inmediatamente en el cadáver. Insinuó que podría ser un coche de color oscuro, pero ni siquiera eso podía asegurarlo. Del tamaño, del modelo o de la matrícula ya ni hablamos.
Gutiérrez le dio una buena calada al cigarrillo mientras miraba al infinito.
- Vale, Hortensio. Protocolo habitual. Pregunta a los vecinos, mira las cámaras de seguridad de cualquier banco o negocio que hubiera en los alrededores, pide un examen de balística y el informe del forense y, si hace falta, pregúntale al perro, a ver qué te dice. Habla con la familia de la víctima, con sus compañeros de trabajo y con sus amigos, a ver si das con un móvil para el asesinato.
- De acuerdo, comisario. ¿Algo más?
No había nada más. Salvo esa desagradable sensación de que la resolución del crimen iba a ser complicada. Cómo no.
Gutiérrez siguió un rato mirando al infinito, sin decir nada, sin pensar nada en concreto. Nada que no fuera que deseaba ferviente que aquel asesinato fuera único, y que no le llegaran en los próximos días informaciones sobre otros asesinatos con un modus operandi similar...
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