lunes, 20 de abril de 2026

172.- ¿Cómo ha podido pasar?

    - Pero vamos a ver... ¿Cómo coño ha podido pasar?

    A Gutiérrez se lo llevaban los demonios.

    - No sé, comisario. Pero ha pasado. A Felicio parece no importarle nada.
    - Eso es verdad. Actúa como si no le importara que lo cogiéramos.
    - Como si nos estuviera retando.
    - Exacto.

    El comisario se mesó los cabellos. Su ayudante le imitó el gesto.

    - Y la madre de la víctima.
    - En estado de shock.
    - ¿No vio nada?
    - Dice que eran dos personas, comisario. Que vio una cabeza en el asiento de atrás...

    En ese momento sonó el teléfono. Gutiérrez lo cogió. Asintió un par de veces. Miró a Hortensio.

    - Nos largamos, Hortensio, a toda hostia.
    - ¿Qué pasa, comisario?
    - Han encontrado el coche del Felicio.

lunes, 13 de abril de 2026

171.- Otro asesinato

    - ¡Mamá, mamá, quiero chuches!
    - Ahora mismo, Jaimito. Espera un segundo, que ya termino.

    Jaimito, ante la perspectiva, daba saltos de ansiedad, como si necesitara ir al baño.

    - ¡Mamá! ¡Vamos!
    - Ya voy, Jaimito, no seas impaciente.

    Si por Jaimito fuera, ya se habría lanzado de cabeza a cruzar la calle y plantarse en la tienda de chuches, que parecía atraerlo como un canto de sirena.

    - ¡Mamáááá!
    - Jaimito, qué pesado eres, hijo mío. ¿A que al final no vamos?

    Jaimito tiraba del brazo de su madre.

    - Espera, niño, deja que pase el coche.

    Jaimito, entonces, esperó. El coche pasó junto a él. El disparo, lanzado a bocajarro desde el asiento del conductor, le reventó el cráneo.

    La madre quedó de piedra durante unos segundos, cogiendo a un cadáver de la mano, hasta que empezó a gritar.

    Antes de eso, segundos antes, milésimas antes, vio algo que cambiaría de forma decisiva el devenir del caso.

martes, 7 de abril de 2026

170.- En busca y captura

     Un par de horas más tarde, la cara de Felicio se encontraba ya en todos los motores policiales de busca y captura, con los datos del vehículo y el impresionante currículo criminal que se había construido en poco tiempo.

    - No deberían tardar mucho en detenerlo -comentó Hortensio, siempre optimista.

    Gutiérrez apuró un cigarrillo.

    - Eso espero.

    Gutiérrez miró la cara de Felicio en la fotografía. Un abuelo. Aparentemente apacible. En lugar de disparar a gente a quemarropa, podría haber optado por dar de comer a las palomas en un banco del parque...

    - Eso espero... -repitió, en voz baja.

    Esta vez Hortensio pareció no haberlo oído.

jueves, 26 de marzo de 2026

169.- Felicio

     - Con cuidado, Hortensio.

     Gutiérrez ya no estaba para esos trotes. Estas cosas tenían que hacerlas los grupos especiales de operaciones, que para eso estaban. Y, sin embargo, él seguía metiéndose en líos.

     - Aquí huele raro, comisario.

     Era verdad, olía a algo extraño. Una mezcla de rancio y de algo indefinible. Estaba oscuro. Podían estar pisando cadáveres y no se darían ni cuenta. Gutiérrez estaba sudando la gota gorda.

     - ¿No oyes algo, Hortensio?

     A Gutiérrez le habían enseñado que era mejor evitar las situaciones en las que carecía de ventaja. Y en aquella situación ni veía, ni sabía qué pisaba, ni qué olía.

     - Es como un tictac, ¿verdad? Debe ser un reloj.
     - ¿Un reloj? Los cojones. ¡Vámonos a toda hostia!

     Apenas habían salido de la casa cuando esta estalló por los aires. La onda expansiva los tiró de bruces contra el césped. Una explosión en toda regla, digna de material militar.

     - ¡Joder! Estuvo cerca -susurró Gutiérrez mientras se giraba en el suelo.
     - ¡Felicio! -gritó Hortensio.
     - ¿Qué?
     - Felicio. El dueño de la casa se llamaba Felicio. El sospechoso. Ahora me he acordado.
     - Pues Felicio sabía que llegábamos, y no quería que nos fuéramos con vida de aquí. El sospechoso ya es algo más que eso.

     Oyó sirenas a lo lejos. Llegaban los refuerzos. La explosión, claro. Gutiérrez se dijo a sí mismo que no estaba ya para correr estos riesgos. Al menos, ya sabían a quién buscar.

jueves, 12 de marzo de 2026

168.- La casa

     Apenas había luz. Gutiérrez se preguntaba por qué tenían que esperar a que se hiciera de noche para entrar en la casa, por qué el ayuntamiento no ponía más farolas en esa calle y por qué no había ni una bombillita encendida en el interior de la casa.

     - Esto tiene mala pinta, Hortensio.
     - Muy mala, jefe. ¿Buscamos refuerzos y volvemos otro día?

     Gutiérrez se lo pensó. La verdad es que parecía una respuesta lógica.

     - ¿A nombre de quién dices que está la casa?
     - Un antiguo miembro de la Policía, ya jubilado. ¿Cómo dije que se llamaba, comisario?
     - No me acuerdo. ¿Morticio?
     - Algo parecido. El caso es que tenía un coche y acceso a armas, y vive en el interior de nuestro pentágono.

     A Gutiérrez seguía sin gustarle ni un pelo el asunto; pero también seguía sin querer acudir a nadie más.

     - Un agente de policía jubilado, Hortensio. No me fío. Vamos a echar un vistazo.

     Saltaron la valla y se plantaron ante la entrada. La suerte estaba echada, y allí dentro no parecía haber nadie...

jueves, 5 de marzo de 2026

167.- La insoportable irregularidad del pentágono

     - Creo que hay algo, comisario.

     Gutiérrez sonrió mientras aspiraba una buena calada.

     - Genial, Hortensio. ¿Y qué es lo que tenemos?

     Hortensio se sentó frente a Gutiérrez y desplegó un mapa sobre la mesa.

     - En primer lugar, hemos marcado en el plano el lugar donde se han cometido los cinco crímenes. Los cinco, desde un coche en marcha. Los cinco, a punta de pistola.
     - Y ha salido un pentágono.
     - A ver, no, comisario... para qué le voy a mentir... hemos unido los puntos y tenemos una figura irregular de cinco lados, claro, pero eso del pentágono... nuestro hombre no es tan metódico.
     - Vaya -se lamentó Gutiérrez.

     Hortensio siguió.

     - En segundo lugar, hemos buscado propietarios de monovolúmenes oscuros en la zona marcada, y había un buen puñado, la verdad. Pero ya el número se había reducido. Por último, hemos revisado los historiales para ver quién podría poseer, además del monovolumen, una Glock 17.
     - ¿Y?

     Hortensio puso el dedo sobre un punto del plano.

     - Y tenemos un posible sospechoso.

     Gutiérrez apagó el cigarrillo en el cenicero.

     - ¿Y qué cojones hacemos aquí todavía? Vamos allá cagando leches.

jueves, 19 de febrero de 2026

166.- ¿Y si damos con un patrón?

    - Hortensio, mueve a tu gente.
    - ¿A qué gente, comisario?
    - ¡Cómo que a qué gente! A las ratas de biblioteca, a los friquis informáticos, a los locos superdotados que buscan datos en la red...
    - Esos solo salen en las películas, comisario.

    Gutiérrez se puso serio. Le dio una buena calada al cigarrillo.

    - Por los cojones, Hortensio. Otra cosa es que tú no los conozcas. Búscalos.

    Hortensio suspiró.

    - ¿Y qué buscamos exactamente?
    - Buscamos a alguien que lleve un coche oscuro, nuevo, con no más de dos años de matriculación.
    - ¿Como dijo el vecino del balcón en el último asesinato?
    - Sí, y el camarero que oyó el grito y el atropello.
    - Vale. ¿Qué más?
    - Establece el perímetro de los asesinatos y busca ahí al dueño de un vehículo con esas características y, además, relación con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Que posea armas. Una Glock 17, en concreto.
    - Esas son las armas que usamos nosotros, comisario. La Policía.

    Gutiérrez miró a Hortensio.

    - Correcto. ¿Qué haces? ¿Por qué estás todavía aquí y no buscando?

    No necesitó repetir esta última frase. Hortensio ya había salido.