- Jodido. Muy jodido.
Hortensio asintió. Gutiérrez carraspeó ligeramente, más por incomodidad que por necesidad. Se pasó la mano por el cuello de la camisa.
- ¿Y ahora?
Gutiérrez se encogió de hombros.
- Ese Reguinaldo es un gilipollas integral. Hacerle caso nos dejaría a nosotros, también, como gilipollas integrales.
Hortensio asintió de nuevo.
- Por otro lado -continuó Gutiérrez-, si no le hacemos caso y se produce un atentado ya nos podemos despedir de nuestras carreras, de nuestras pensiones y de nuestra vida tal y como la conocemos... que es una mierda de vida, pero es la que tenemos.
Hortensio asintió una vez más, encandilado por el agudo argumento de Gutiérrez.
- ¿Y entonces? -preguntó, finalmente.
Gutiérrez notó una arcada que le subía de adentro, de muy adentro. Tuvo que hacer un esfuerzo para reprimir el vómito. Sacó la petaca del bolsillo de su chaqueta, le dio un buen trago y se enchufó un pitillo.
- Vamos a hablar otra vez con el tipo este, joder, coño ya... me cago en...