Se reclinó ante el escritorio de su despacho, se encendió un cigarrillo y observó el infinito. Alguien llamó educadamente a la puerta. "Comisario", le dijeron, "alguien quiere verle". "Seguro que no es para nada bueno", pensó él, "nadie me llama para nada bueno". Sin embargo, de sus labios solo brotaron las palabras "¡que pase!". Y no era ninguna rubia despampanante, por supuesto. Eran problemas. Más problemas. "¡Mierda!", pensó. Y aspiró otra calada.
jueves, 3 de abril de 2025
136.- In corpore sano
jueves, 27 de marzo de 2025
135.- El Club de Tenis
La tercera víctima se desplomó mientras entrenaba en el Club de Tenis. Había acudido a hacerse unas bolas en solitario, ya por la tarde. Por eso habían tardado tanto en descubrir el cuerpo. Hubo que esperar a que el vigilante hiciera su última ronda por las instalaciones, antes de cerrar, para que diera la voz de alarma.
De nuevo, como en las otras dos víctimas, sin razón aparente. El lanzador automático de pelotas de tenis, único testigo del incidente, había continuado haciendo su trabajo, lanzando pelotas sin ton ni son. Algunas de ellas se habían llevado un buen rato golpeando al cuerpo que yacía al otro lado de la pista, y que ya empezaba a acusar los pelotazos.
- Seguimos sin encontrar la causa, comisario. Pero las circunstancias de la muerte son las mismas. Inexplicable desplome. Una especie de infarto en gente que, según la estadística, estaría a años luz de sufrir uno. El papelito de marras ha aparecido, en esta ocasión, en la bolsa de deporte, en el cambiador.
Hortensio se dirigió al vigilante.
- Qué va -contestó este, en estado de shock, mientras se rascaba la calva. - Estaba solo. En toda la tarde no he visto nada extraño. Hasta que lo he encontrado a él. Pobre. Tan joven, tan sano, en la flor de la vida...
- ¡Eso es! -gritó de repente Gutiérrez.
- ¿Qué pasa, comisario?
- Creo que ya tengo la conexión. Vamos a la oficina. Tienes trabajo que hacer, Hortensio.
jueves, 20 de marzo de 2025
134.- Caligrafía y desesperación
Cuando Hortensio asomó la cabeza por la puerta, Gutiérrez creyó adivinar lo que venía a decirle.
- ¿Ha aparecido ya el tercer asesinado?
Hortensio negó en silencio.
martes, 11 de marzo de 2025
133.- El atasco
El segundo asesinato tuvo lugar al día siguiente, como había anunciado la nota. Era otro tipo normal, que se desplomó, sin razón aparente, mientras llevaba a su hija al colegio.
El tipo cayó en medio de un paso de cebra, así que formó un atasco severo durante buena parte de la mañana, mientras las autoridades levantaban el cadáver.
Cuando Gutiérrez y Hortensio llegaron a la escena del crimen, pues ya empezaba a haber pruebas de que podían utilizar aquella expresión, la niña todavía estaba allí, llorando, agarraba a la mano de su padre. Gutiérrez tuvo que despegarla y pasársela, a pulso, a un agente, mientras la niña pataleaba desesperada. Los conductores no paraban de tocar el claxon cada vez que el semáforo se ponía en verde, y a Gutiérrez estaba a punto de estallarle la cabeza.
Quien también estaba allí cuando llegaron era, por supuesto, Streller.
jueves, 6 de marzo de 2025
132.- Día 2
A la mañana siguiente, Gutiérrez se levantó temprano. Demasiado temprano. Tenía ganas de vomitar. Se puso un Bloody Mary y se fumó un cigarrillo, y entonces la cosa empezó a mejorar. Cuando llegó a comisaria, acababa de amanecer. Gutiérrez hubiera jurado que aquellas horas no existían, pero ya se encontró allí a Hortensio.
- Jefe, nada nuevo. El tipo se desplomó mientras hacía ejercicio. Había salido a correr. Lo hacía a diario. Lo de la nota es un misterio.
Gutiérrez pensó que el tipo no estaría bien. Hay que tener un tocado para salir a correr todos los días, de buena mañana. Y encima con una nota de un asesino en serie en el bolsillo. Manda huevos.
jueves, 20 de febrero de 2025
131.- Paseo por el parque
Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.
Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.