jueves, 27 de marzo de 2025

135.- El Club de Tenis

     La tercera víctima se desplomó mientras entrenaba en el Club de Tenis. Había acudido a hacerse unas bolas en solitario, ya por la tarde. Por eso habían tardado tanto en descubrir el cuerpo. Hubo que esperar a que el vigilante hiciera su última ronda por las instalaciones, antes de cerrar, para que diera la voz de alarma.

    De nuevo, como en las otras dos víctimas, sin razón aparente. El lanzador automático de pelotas de tenis, único testigo del incidente, había continuado haciendo su trabajo, lanzando pelotas sin ton ni son. Algunas de ellas se habían llevado un buen rato golpeando al cuerpo que yacía al otro lado de la pista, y que ya empezaba a acusar los pelotazos.

    - Seguimos sin encontrar la causa, comisario. Pero las circunstancias de la muerte son las mismas. Inexplicable desplome. Una especie de infarto en gente que, según la estadística, estaría a años luz de sufrir uno. El papelito de marras ha aparecido, en esta ocasión, en la bolsa de deporte, en el cambiador.

    Hortensio se dirigió al vigilante.

    - ¿Y usted no ha visto entrar a nadie en las instalaciones?
    - Qué va -contestó este, en estado de shock, mientras se rascaba la calva. - Estaba solo. En toda la tarde no he visto nada extraño. Hasta que lo he encontrado a él. Pobre. Tan joven, tan sano, en la flor de la vida...
    - ¡Eso es! -gritó de repente Gutiérrez.
    - ¿Qué pasa, comisario? 
    - Creo que ya tengo la conexión. Vamos a la oficina. Tienes trabajo que hacer, Hortensio.

jueves, 20 de marzo de 2025

134.- Caligrafía y desesperación

    Cuando Hortensio asomó la cabeza por la puerta, Gutiérrez creyó adivinar lo que venía a decirle.

    - ¿Ha aparecido ya el tercer asesinado?

    Hortensio negó en silencio.

    - No, comisario. Lo que tenemos es el análisis caligráfico.
    - ¿Y bien?
    - La diferencia de tamaño entre los trazos y su disposición irregular sobre el renglón parecen hablarnos de un cierto desequilibrio, de una inestabilidad emocional que, posiblemente, se revele a nivel mental y comportamental.
    - ¿Eso dice el informe?
    - Eso dice, comisario.
    - Qué cojones, ¿no? Para decir eso no necesitaba un calígrafo, joder. Ya te lo hubiera dicho yo mismo...

    Hortensio asintió, y abandonó el despacho. Gutiérrez no estaba para bromas, ni para largas conversaciones.

    Ni para conversaciones cortas, vamos.

    Gutiérrez se sentó, impotente, a esperar el tercer cadáver que, para más inri, no aparecería hasta la noche.

    El sentimiento de rabia, de frustración, de tiempo perdido y de irritante inutilidad comenzaba a pesarle más de la cuenta. Esa noche, desde luego, no iba a dormir.

martes, 11 de marzo de 2025

133.- El atasco

     El segundo asesinato tuvo lugar al día siguiente, como había anunciado la nota. Era otro tipo normal, que se desplomó, sin razón aparente, mientras llevaba a su hija al colegio.

    El tipo cayó en medio de un paso de cebra, así que formó un atasco severo durante buena parte de la mañana, mientras las autoridades levantaban el cadáver.

    Cuando Gutiérrez y Hortensio llegaron a la escena del crimen, pues ya empezaba a haber pruebas de que podían utilizar aquella expresión, la niña todavía estaba allí, llorando, agarraba a la mano de su padre. Gutiérrez tuvo que despegarla y pasársela, a pulso, a un agente, mientras la niña pataleaba desesperada. Los conductores no paraban de tocar el claxon cada vez que el semáforo se ponía en verde, y a Gutiérrez estaba a punto de estallarle la cabeza.

    Quien también estaba allí cuando llegaron era, por supuesto, Streller.

    - Tú, juntaletras, de tanto verte en escenas de crímenes voy a empezar a sospechar de ti.
    - Eso no sería nada nuevo, comisario. Siempre lo haces.
    - Cabrón...

    Por supuesto, el fallecido llevaba en el bolsillo una notita como la de la víctima del día anterior. Idéntica. Lápiz, letra de infante, frase y carita sonriente.

    - Otro cabrón, el de la notita de los cojones...

jueves, 6 de marzo de 2025

132.- Día 2

     A la mañana siguiente, Gutiérrez se levantó temprano. Demasiado temprano. Tenía ganas de vomitar. Se puso un Bloody Mary y se fumó un cigarrillo, y entonces la cosa empezó a mejorar. Cuando llegó a comisaria, acababa de amanecer. Gutiérrez hubiera jurado que aquellas horas no existían, pero ya se encontró allí a Hortensio.

    - Jefe, nada nuevo. El tipo se desplomó mientras hacía ejercicio. Había salido a correr. Lo hacía a diario. Lo de la nota es un misterio.

    Gutiérrez pensó que el tipo no estaría bien. Hay que tener un tocado para salir a correr todos los días, de buena mañana. Y encima con una nota de un asesino en serie en el bolsillo. Manda huevos.

    - ¿Habéis comprobado la letra de la nota? ¿Alguna pista?
    - Están en ello, jefe.
    - ¿Alguna otra llamada?
    - No. Bueno, Streller. Quería saber si ha aparecido el segundo cadáver.

    Jodido Streller.

    - ¿Y ha aparecido?
    - No, jefe.
    - Bien.

    En ese momento, como una alarma, sonó el teléfono. Hortensio lo cogió. Gutiérrez no tuvo ni que preguntar. Ya lo sabía.

    Segundo día, segunda víctima. Y bien tempranito. La nota no mentía.

jueves, 20 de febrero de 2025

131.- Paseo por el parque

     Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.

     Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.

    - Aquí no vamos a encontrar nada, comisario -dijo Hortensio, optimista como siempre. - No hay huellas, no hay rastros... Si no fuera por la notita, ni siquiera estaríamos investigando esta muerte.
    - Ya lo sé, Hortensio -contestó Gutiérrez. - Tú sigue mirando...

    De repente, Gutiérrez notó una mano en el hombro. Cómo odiaba que le tocaran en el hombro...

    - Buenos días, comisario Gutiérrez.

    Gutiérrez se giró irritado, y su irritación aumentó cuando comprobó que tenía ante sí a Streller, siempre con su gabardina, siempre inquietante, siempre repelente.

    - Hombre, el gacetillero...

    Streller se tocó con dos dedos la punta del sombrero a modo de saludo. Gutiérrez se preguntó por qué a Streller le gustaba ir vestido del inspector Gadget durante todo el año; se preguntó, también, cómo coño se había enterado de que estaban investigando un posible crimen.

    - ¿Alguna novedad?
    - Nada, Streller. ¿Qué haces tú por aquí?
    - No sé, comisario. Un tipo muere de forma aparentemente natural, pero la policía lo investiga como si fuera un crimen. ¿Qué pasa, tenía una nota en el bolsillo o qué?

    Puto Streller...

    - Anda Hortensio, vámonos... Habrá que hacerle la autopsia al tipo y seguir investigando, porque aquí no hay nada. Te mantendremos informado, Streller, no te preocupes...
    - No, comisario, si no me preocupo, me voy a enterar igualmente de todo lo que vaya sucediendo -contestó con sorna, acompañando con un guiño irónico sus palabras.

    "Si no fuera por lo que ya hemos pasado juntos, joder", pensó Gutiérrez, "se iba a enterar el Streller este de lo que vale un peine...".

jueves, 30 de enero de 2025

130.- Día 1

     - Alguien murió en la calle, comisario. Un tipo normal y corriente, en apariencia. Iba caminando por el parque, y se desplomó.
    - ¿Se desplomó?
    - Como si tal cosa.
    - ¿Y eso? -preguntó el comisario, con gesto escéptico. - ¿No sería que le dio un infarto?
    - Eso podría pensarse, en efecto, si no fuera porque llevaba esto en el bolsillo de la chaqueta.

    Hortensio le tendió a Gutiérrez un papel doblado. Gutiérrez lo extendió y lo puso sobre la mesa.

    - Joder... ¿qué es esto?
    - Yo creo, comisario, sin ánimo de adelantarme a sus conclusiones, que esto es una amenaza en toda regla...

    Ambos miraban el papel desplegado con cara de pasmados. En él, escrito a lápiz y con mayúsculas enormes como las de un infante, había solo una frase y un signo. La frase: "Un muerto al día"; el signo: "el dibujo esquemático de una sonrisa burlona".

    - ¿Qué hacemos, comisario?
    - De momento, me voy a fumar un cigarrillo, Hortensio. Tengo que pensar. Mientras tanto, ve sacando el coche y llévame el parque, anda...

lunes, 13 de enero de 2025

129.- Un crimen, por favor

    Andaba Gutiérrez aburrido. Quién lo diría. Calma chicha. Sin casos ni crímenes. La ciudad era una balsa de aceite, un remanso de paz.

    Echaba el rato en el despacho, con un cigarrillo entre los labios y tirando de la petaca. Hasta había recogido un puñado de informes y, haciendo bolas de papel con ellos, jugaba a tirarlas al otro lado del despacho y ver sin entraban en la papelera después de hacerlas rebotar en la pared.

    Se encontró a sí mismo deseando que se desataran las hostilidades.

    Entonces llamaron a la puerta. Hortensio, como un buen profesional, pasó por alto el perenne olor a tabaco, las bolas de papel tiradas por el suelo y la petaca de vodka volcada sobre la mesa.

    - Comisario...

    No necesitó decir más. Algo en su mirada lo delataba.

    Gutiérrez supo entonces que el juego volvía a comenzar. Una vez más. Y no sabía muy bien si lamentarlo, o celebrarlo.

    Asco de trabajo, que te hace perder el norte...