jueves, 15 de enero de 2026

164.- Con la nariz pegada a la pantalla

    A Gutiérrez y Hortensio no les costó mucho contactar con la empresa de seguridad.

    - ¿Las cámaras de seguridad de las recogidas de paquetería? Claro, sí. Dígame la situación, una fecha y una hora.

    Apenas habían pasado unos minutos cuando ambos observaban atentamente la grabación: un coche oscuro, un semáforo. Alguien hacía una señal, se bajaban las ventanillas y asomaba un arma de fuego.

    Luego, la detonación; por último, la huida.

    - No se aprecia la matrícula, comisario -dijo Hortensio con rabia.
    - No -confirmó Gutiérrez. - Pero ya tenemos algo con lo que empezar a trabajar.
    - ¿Se refiere al modelo del coche?

    Gutiérrez encendió un cigarrillo y le dio una calada al estilo "me encanta que los planes salgan bien".

    - El modelo del coche, que podemos rastrear... y el del arma, con la que podemos afinar aún más.

    Hortensio pegó la cara a la pantalla.

    - Pero... comisario... el arma apenas se ve.

    Gutiérrez sonrió.

    - Apenas se ve, y apenas tengo dudas...

viernes, 9 de enero de 2026

163.- El quiosquero

     - Ponme una bolsa pequeña de lenguas de gato, y otra de nubes... y otra de...

     Gutiérrez alzó un dedo y detuvo la verborrea ansiosa de Hortensio, que parecía un niño pequeño.

     - A ver, disculpe, caballero. Aunque el comportamiento de mi compañero no lo dé a entender, somos policías. Estamos aquí porque las cámaras de seguridad de la máquina de paquetería podría sernos útil.

     El quiosquero, que estaba leyendo el periódico, levantó la vista con gesto de condescendencia, como si se encontrara ante dos infantes impacientes.

     - A ver, chicos, por orden. Tú, primero, chaval. ¿Qué quieres? -dijo, señalando a Hortensio.

     Para sorpresa de Gutiérrez, Hortensio no preguntó por el asesino múltiple.

     - Dame mejor una bolsa grande con un mezcladito de todas estas gominolas. Un poco de cada. Y no olvides los ositos de color.

     El quiosquero, metódicamente, fue llenando la bolsa, que pesó y cobró con calma. Luego, se dirigió a Gutiérrez.

     - ¿Y, tú? ¿Qué querías?
     - Las cámaras de seguridad.
     - Eso no lo llevo yo, joven. Tienes que contactar con la empresa. Allí, impreso en la máquina, tienes el número de contacto.

     Cuando salieron, Gutiérrez llevaba un mosqueo de dos pares de cojones.

     - ¿Quiere una gominola, comisario?
     - Una gominola te voy a dar yo a ti por la cara como no te calles...

viernes, 2 de enero de 2026

162.- El principio de Arquímedes

     - ¡Comisario! ¡comisario!

     Cuando Hortensio entraba así, a grito pelado, arrasándolo todo a su paso como un Arquímedes en pelotas gritando "Eureka" por las calles de Siracusa, a Gutiérrez le asaltaban sentimientos encontrados. Por una parte, vergüenza ajena y la irritación que de ella se derivaba; por otra, una excitación creciente y contagiosa, pues cuando Hortensio gritaba, era porque tenía algo.

     - ¡Lo tengo, comisario!
     - ¿Ves? Como Arquímedes. Te falta ir en pelotas por la calle.
     - ¿Qué?
     - Que me digas qué tienes.
     - La clave está en las cámaras del quiosco.
     - ¿Qué quiosco?
     - El quiosco que está en la escena del último asesinato. Donde el semáforo.
     - Los quioscos ya no existen, panoli.
     - Que sí, comisario. Este sí. Quiero decir que vende prensa y golosinas, y otras cosas... por ejemplo, hace de punto de entrega de paquetería. Y tiene una máquina de recogida automática, por si algún cliente llega fuera del horario de apertura. Funciona con un código, el cliente lo introduce y...
     - Ya sé cómo funciona, pesado. Dime más.
     - Que hay cámaras, como en los cajeros automáticos, pero estas, ¡oh, bendita casualidad!, están justo frente a los semáforos.

     Gutiérrez se mesó la barbilla.

     - Vale, pues vamos, ¿no? "Todo cuerpo sumergido en un fluido...".
     - ¿Está bien, jefe? ¿Quiere un chupito de algo? Lo digo por lo del fluido...
     - ¡Calla, coño, y deja de decir bobadas, que llegamos tarde a todos los sitios!

viernes, 26 de diciembre de 2025

161.- Ya está en verde

     ¡Cómo le fastidiaba, joder!

     Estaba a punto de comenzar a gritar. Los semáforos lo ponían de los nervios. Sobre todo cuando iba conduciendo y lo obligaban a detenerse porque sí, un buen rato, aunque no hubiera nadie. Solo para joder. La verdad era que sí, que se hubiera puesto a gritar. Total, nadie se hubiera enterado. Estaba todo tan desierto, a esas horas de la noche... Por no haber, no había ni vecinos con luces encendidas. Seguro que estaban todos durmiendo.

    Estaba ya preparando las cuerdas vocales para descargar su rabia, cuando un coche se le puso al lado, en el carril de su derecha.

    Maldita sea, tendría que dejar el grito para otra ocasión. Tampoco quería parecer un loco.

    Miró al otro conductor. Seguro que estaba tan molesto con el semáforo como él. El otro, al menos, acababa de llegar, seguramente la espera se le haría más corta.

     Notó que lo miraban, giró la cabeza. El conductor del otro coche lo observaba a él. Y eso que se había contenido. Vio que le hacía una señal y que bajaba la ventanilla. Pensó que querría preguntarle algo, una dirección o cualquier otra bobada.

     El semáforo ya se iba a poner en verde. Joder, todo eran fastidios. El otro conductor levantó algo que tenía sobre las piernas. Cuando vio que era un arma de fuego, intentó gritar. Esta vez, con todas sus fuerzas. El semáforo ya estaba en verde. Quiso pisar el acelerador.

    Sonó una detonación. Solo una. Y de los dos coches, solo uno salió disparado con el permiso del semáforo. El otro permaneció parado. En su interior, un tipo al volante, con la boca abierta y la cabeza reventada, en un último y macabro grito final.

jueves, 4 de diciembre de 2025

160.- Para fardar

     Cuando el John Lennon con pijama se fue, Gutiérrez y Hortensio se quedaron mirando el uno al otro.

     - ¿Y bien, comisario?
     - Poca hostia, Hortensio.
     - Pero menos da una piedra, ¿no?
     - Muy poco menos, la verdad.

     Hortensio levantó la libretita en la que había estado tomando apuntes durante el interrogatorio y la observó mientras hablaba.

     - Sabemos que es un coche azul oscuro, de tamaño mediano...
     - Casi todos los coches son azules y de tamaño mediano, joder. Y no sabemos ni la marca, para qué hablar ya de la matrícula.
     - Todo se andará, jefe...

     Gutiérrez suspiró y se encendió un pitillo.

     - Yo no descartaría que ese tipo fuera el asesino. Con esas pintas de jipi...
     - ¿Usted cree? Parece un buen ciudadano.
     - Yo lo seguiría.
     - ¿Y para qué habría venido, entonces? ¿Para fardar?
     - A mí no me extrañaría...
     - Bueno, tenemos sus datos.
     - Pues ya sabes. Que no se escape. Menos da una piedra, como tú dices...

jueves, 20 de noviembre de 2025

159.- Chanclas con calcetines

     Toc, toc. Llaman a la puerta del despacho de Gutiérrez. Le informan de que alguien pregunta por él. Gutiérrez apoya su cigarrillo en el cenicero y da permiso para que pase.

     Aperece entonces en la puerta, acompañado de Hortensio, un tipo de lo más estrafalario. Pelo desmadejado, como de no haberlo lavado en semanas y no haberlo peinado en la vida, barba hasta el pecho, gafitas de John Lennon, una especie de pijama de colores como atuendo y un par de chanclas con calcetines (¡chanclas con calcetines!) como calzado.

     Gutiérrez se pregunta que fue de aquellos tiempos en los que las chanclas con calcetines se consideraban una ridiculez, algo que solo los guiris, por desconocimiento, se atrevían a llevar. No obstante, deja la añoranza del pasado para otra ocasión y preguntan por qué se le requiere.

     El tipo, con voz aflautada, dice que tiene información sobre el asesinato. Sobre el coche. Que vio algo.

     Gutiérrez mira a Hortensio, que rebosa ilusión por la noticia. A Gutiérrez le parece un tipo chungo, un colgado que podría, perfectamente, ser el propio asesino acercándose a ellos por diversión, para jugar un poco.

     En cualquier caso, existe un protocolo que hay que seguir. Aunque es una mierda de protocolo, la verdad.

     - A ver, dime qué viste.

jueves, 13 de noviembre de 2025

158.- A plena luz del día

     - Joder, Hortensio, ¿en serio?
     - Sí, comisario.
     - ¿A plena luz del día?
     - Sí, comisario.

     A Gutiérrez se lo llevaban los demonios. A Hortensio también, pero este, al menos, intentaba disimularlo.

     - ¿Y sigue sin haber testigos? Parece increíble.
     - De momento, no. Nadie se fija en un coche que transita por la calzada. Debe ser un vehículo muy común, desde luego. Y cuando oyen el disparo y quieren darse cuenta, ya ha doblado la esquina y ha desaparecido. Es todo tan aparentemente casual...

     Gutiérrez le dio una calada al cigarrillo. Miró a Hortensio.

     - Pues ya van tres muertos -dijo con un hilo de voz.

     Hortensio asintió.

     - ¿Y si colocamos guardias en todas las esquinas? ¿O agentes de paisano?
     - ¿Cuántas esquinas cree que hay en la ciudad, comisario?
     - Que te jodan, Hortensio.

     Hortensio guardó silencio.

     - Alguna vez tendrá que cometer un error, maldita sea... y entonces estaremos allí para cazarlo, Hortensio. Dalo por seguro.

     Hortensio lo dio por seguro.