jueves, 6 de marzo de 2025

132.- Día 2

     A la mañana siguiente, Gutiérrez se levantó temprano. Demasiado temprano. Tenía ganas de vomitar. Se puso un Bloody Mary y se fumó un cigarrillo, y entonces la cosa empezó a mejorar. Cuando llegó a comisaria, acababa de amanecer. Gutiérrez hubiera jurado que aquellas horas no existían, pero ya se encontró allí a Hortensio.

    - Jefe, nada nuevo. El tipo se desplomó mientras hacía ejercicio. Había salido a correr. Lo hacía a diario. Lo de la nota es un misterio.

    Gutiérrez pensó que el tipo no estaría bien. Hay que tener un tocado para salir a correr todos los días, de buena mañana. Y encima con una nota de un asesino en serie en el bolsillo. Manda huevos.

    - ¿Habéis comprobado la letra de la nota? ¿Alguna pista?
    - Están en ello, jefe.
    - ¿Alguna otra llamada?
    - No. Bueno, Streller. Quería saber si ha aparecido el segundo cadáver.

    Jodido Streller.

    - ¿Y ha aparecido?
    - No, jefe.
    - Bien.

    En ese momento, como una alarma, sonó el teléfono. Hortensio lo cogió. Gutiérrez no tuvo ni que preguntar. Ya lo sabía.

    Segundo día, segunda víctima. Y bien tempranito. La nota no mentía.

jueves, 20 de febrero de 2025

131.- Paseo por el parque

     Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.

     Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.

    - Aquí no vamos a encontrar nada, comisario -dijo Hortensio, optimista como siempre. - No hay huellas, no hay rastros... Si no fuera por la notita, ni siquiera estaríamos investigando esta muerte.
    - Ya lo sé, Hortensio -contestó Gutiérrez. - Tú sigue mirando...

    De repente, Gutiérrez notó una mano en el hombro. Cómo odiaba que le tocaran en el hombro...

    - Buenos días, comisario Gutiérrez.

    Gutiérrez se giró irritado, y su irritación aumentó cuando comprobó que tenía ante sí a Streller, siempre con su gabardina, siempre inquietante, siempre repelente.

    - Hombre, el gacetillero...

    Streller se tocó con dos dedos la punta del sombrero a modo de saludo. Gutiérrez se preguntó por qué a Streller le gustaba ir vestido del inspector Gadget durante todo el año; se preguntó, también, cómo coño se había enterado de que estaban investigando un posible crimen.

    - ¿Alguna novedad?
    - Nada, Streller. ¿Qué haces tú por aquí?
    - No sé, comisario. Un tipo muere de forma aparentemente natural, pero la policía lo investiga como si fuera un crimen. ¿Qué pasa, tenía una nota en el bolsillo o qué?

    Puto Streller...

    - Anda Hortensio, vámonos... Habrá que hacerle la autopsia al tipo y seguir investigando, porque aquí no hay nada. Te mantendremos informado, Streller, no te preocupes...
    - No, comisario, si no me preocupo, me voy a enterar igualmente de todo lo que vaya sucediendo -contestó con sorna, acompañando con un guiño irónico sus palabras.

    "Si no fuera por lo que ya hemos pasado juntos, joder", pensó Gutiérrez, "se iba a enterar el Streller este de lo que vale un peine...".

jueves, 30 de enero de 2025

130.- Día 1

     - Alguien murió en la calle, comisario. Un tipo normal y corriente, en apariencia. Iba caminando por el parque, y se desplomó.
    - ¿Se desplomó?
    - Como si tal cosa.
    - ¿Y eso? -preguntó el comisario, con gesto escéptico. - ¿No sería que le dio un infarto?
    - Eso podría pensarse, en efecto, si no fuera porque llevaba esto en el bolsillo de la chaqueta.

    Hortensio le tendió a Gutiérrez un papel doblado. Gutiérrez lo extendió y lo puso sobre la mesa.

    - Joder... ¿qué es esto?
    - Yo creo, comisario, sin ánimo de adelantarme a sus conclusiones, que esto es una amenaza en toda regla...

    Ambos miraban el papel desplegado con cara de pasmados. En él, escrito a lápiz y con mayúsculas enormes como las de un infante, había solo una frase y un signo. La frase: "Un muerto al día"; el signo: "el dibujo esquemático de una sonrisa burlona".

    - ¿Qué hacemos, comisario?
    - De momento, me voy a fumar un cigarrillo, Hortensio. Tengo que pensar. Mientras tanto, ve sacando el coche y llévame el parque, anda...

lunes, 13 de enero de 2025

129.- Un crimen, por favor

    Andaba Gutiérrez aburrido. Quién lo diría. Calma chicha. Sin casos ni crímenes. La ciudad era una balsa de aceite, un remanso de paz.

    Echaba el rato en el despacho, con un cigarrillo entre los labios y tirando de la petaca. Hasta había recogido un puñado de informes y, haciendo bolas de papel con ellos, jugaba a tirarlas al otro lado del despacho y ver sin entraban en la papelera después de hacerlas rebotar en la pared.

    Se encontró a sí mismo deseando que se desataran las hostilidades.

    Entonces llamaron a la puerta. Hortensio, como un buen profesional, pasó por alto el perenne olor a tabaco, las bolas de papel tiradas por el suelo y la petaca de vodka volcada sobre la mesa.

    - Comisario...

    No necesitó decir más. Algo en su mirada lo delataba.

    Gutiérrez supo entonces que el juego volvía a comenzar. Una vez más. Y no sabía muy bien si lamentarlo, o celebrarlo.

    Asco de trabajo, que te hace perder el norte...

lunes, 6 de enero de 2025

128.- El pájaro

     - ¿A ver, a ver? ¿Cómo era eso, comisario? Es que es difícil de asimilar...

     Mel se partía la caja oyendo a Gutiérrez contar lo de Smith. También Hortensio estaba de buen humor. Hasta Gutiérrez disfrutaba con el narración de sus éxitos.

    - Pues que el tal Smith era un espía, en efecto, pero de la marca mayor. Un espía triple, ¿qué te parece?
    - ¿Pero se llamaba Smith de verdad?
    - Pues sí, por un antepasado escocés, por lo visto...
    - Joder, qué bueno, tenía ya el nombre de espía, el tío...

    Gutiérrez le dio una calada al cigarro y un buen sorbo al vodka.

    - El caso es que espiaba para una tercera empresa. En Buenycao pensaban que espiaba para Panterón; en Panterón no tenían muy claro si les espiaba, pero lo odiaban; y él, en realidad, espiaba a las dos para una tercera.
    - Joder...
    - Exacto, Mel, joder. Eso dije yo cuando me enteré.

    Hortensio reía a carcajadas.

    - ¿Y cómo lo descubrió, comisario?
    - Pues verás -dijo Gutiérrez tras una pausa dramática acompañada de una calada-. Yo no me fío de los espías, y deduje que nos estaba utilizando como cortina de humo.
    - Usted no se fía ni de su padre, comisario.
    - No lo sabes tú bien. El caso es que le pinché el teléfono y el muy estúpido lo soltó todo.
    - ¿Espiaste al espía?

    Gutiérrez guiñó un ojo.

    - Qué grande es usted, comisario.
    - Lo sé, Hortensio.
    - ¿Y qué más?
    - Pues lo pillé in fraganti, lo detuve, lo tuve encerrado para darle un buen susto y lo solté con cargos. Ahora serán las empresas las que lo desplumen con denuncias y acusaciones...
    - Menudo pájaro, ese Smith.
    - Ideal para una de tus novelas, Mel.
    - Qué va, una trama demasiado complicada para mis lectores, yo creo...
    - Menudo cabrón que estás hecho...

    ¡Hala, otra ronda de bebidas!

jueves, 19 de diciembre de 2024

127.- La noche más larga

    - Comisario...

    Gutiérrez levantó la cabeza y aspiró una buena calada de su cigarro.

    - ¿Sí. Hortensio?
    - ¿Este que está en la celda es Smith?

    Por toda respuesta, Gutiérrez movió la cabeza lentamente.

    - Así es, Hortensio.
    - Pero lo trajimos hace dos días, ¿no?
    - Dos días y tres noches, para ser más exactos...

    Hortensio tragó saliva, como si tuviera que confesar algo realmente incómodo.

    - ¿No deberíamos soltarlo?

    Gutiérrez miró a su subordinado con llamaradas en los ojos.

    - Que le jodan, Hortensio. Que le jodan a Smith. Se ha querido reír de nosotros. Pues que le jodan.
    - Ya, pero el habeas corpus...

    Gutiérrez resoplaba por las fosas nasales, emitiendo un estruendo como de cachalote en celo.

    - Que le jodan al habeas corpus, Hortensio. Y si te pones pesadito, que te jodan a ti también. ¿Vale? ¿Alguna otra pregunta?
    - No, comisario.
    - Bien, así me gusta.

    El comisario Gutiérrez se encendió otro cigarrillo. Hortensio creyó ver, a sus pies, una pila de colillas que casi le llegaba a la rodillas...

domingo, 8 de diciembre de 2024

126.- La noche no siempre confunde

     Las noches en el puerto son frías, solitarias. Los buques amarrados semejan mastodontes esperando a que llegue la actividad frenética del nuevo día. Algún guardia de seguridad nocturno, insuficiente para tanto espacio y tanto recoveco, es el único signo de vida entre redes de pesca y olor a mar.

    Por eso el puerto, por las noches, es el lugar idóneo para negocios clandestinos.

    Los dos tipos llevaban maletines negros. Los dos se embozaban con los altos cuellos de los abrigos de invierno. Los dos portaban gafas oscuras, a todas luces innecesarias, pero que contribuían a hacer irreconocibles sus rostros.

    Todo era silencio. Ambos tipos se miraron, asintieron y, por todo saludo, se intercambiaron los maletines.

    Ya se disponían a alejarse el uno del otro cuando, repentinas como una tormenta, sonaron las sirenas, se encendieron los focos y un buen puñado de coches de policía los rodearon.

    De uno de ellos se bajó el comisario Gutiérrez.

    - Vaya, vaya... -dijo con sorna. - ¿A quién tenemos aquí?

    No fue necesario requisar las gafas para reconocer el rostro de Smith.

    - Señor Smith, qué tal...

    Smith guardó silencio.

    - A la comisaría con ellos, joder -sentenció el comisario. - Qué poco me gusta que me tomen por tonto...