Bonifacio miraba por la ventana. El salón estaba a oscuras.
- ¿Ves? Como cuando éramos Bonnie & Clyde y hacíamos el gamberro por ahí. Qué tiempos aquellos, ¿verdad Felicio? Pero tú te encargarte de joderlo. Parecía que te daba rabia que fuéramos por ahí haciendo el loco, ¿eh? Tenías que arruinarnos la vida a toda costa...
Un bulto se movía levemente en el sofá. Era Felicio, atado y amordazado.
- Pues ahora te vas a joder tú, que lo sepas. ¿Has visto cómo he cometido los asesinatos de los que acusaste a Claudio? Yo solito. Ahora, sí. ¿Por qué no vas a acusarnos ahora? ¡Ah, no, claro, que mi hermano murió por tu culpa! ¡Ah, no, que estás atado! Qué divertido, ¿verdad?
Unas sombras parecieron moverse en el patio delantero de la casa. Bonifacio sonreía.
- Ya están aquí, ¿ves? Espero que estés preparado para el espectáculo final, que promete ser grandioso...
Se llevó la mano al arma, acariciándola...