Se reclinó ante el escritorio de su despacho, se encendió un cigarrillo y observó el infinito. Alguien llamó educadamente a la puerta. "Comisario", le dijeron, "alguien quiere verle". "Seguro que no es para nada bueno", pensó él, "nadie me llama para nada bueno". Sin embargo, de sus labios solo brotaron las palabras "¡que pase!". Y no era ninguna rubia despampanante, por supuesto. Eran problemas. Más problemas. "¡Mierda!", pensó. Y aspiró otra calada.
jueves, 30 de octubre de 2025
157.- Esto ya pasa de castaño oscuro
jueves, 23 de octubre de 2025
156.- Nada que llevarse a la boca
jueves, 16 de octubre de 2025
155.- Mejor sola que mal acompañada
La verdad es que a Paula no le gustaba nada, pero nada, regresar a casa sola desde la sala de estudios. Pero era necesario, si quería salir airosa del complicado periodo de exámenes que tenía ante sí. Sus compañeros vivían al otro lado de la ciudad, y ella, por no molestar, nunca había hecho a nadie conocedor de sus miedos y de sus inquietudes, esos que se guardaba para ella misma y que, de vez en cuando, salían a la superficie.
Solía acabar de noche, y el camino a casa, bordeando la valla del parque, se le antojaba siniestro. Siempre tan oscuro allí dentro, un terreno siempre poblado de susurros, silbidos, de sombras que se agitan... ¿cómo puede un mismo lugar ser, durante el día, un centro de vida y verdor y, al caer de noche, convertirse en la sede de todas las pesadillas?
La luz de las farolas, que caía pobre e insuficiente sobre la calzada, tampoco ayudaba a tranquilizarla. Por eso sintió alivio cuando vio la luz de un vehículo que se acercaba. Había pasado por aquel lugar decenas de veces, era cierto; y nunca había pasado nada. Pero reconfortaba saber que, en la aparente soledad, todavía había vida, civilización, semejantes que coincidían contigo en el espacio, que también se dirigían a casa, a descansar, probablemente, después de una larga jornada.
Así que sintió alivio.
Lo sintió, al menos, hasta que notó que el coche ralentizaba su marcha, que una ventanilla bajaba y que por ella asomaba el cañón de un arma.
A partir de ahí, Paula no supo nada más. Otros encontrarían su cadáver, tirado en la acera, con la cabeza reventada.
jueves, 9 de octubre de 2025
154.- Primeras pesquisas
jueves, 2 de octubre de 2025
153.- La detonación
La calle estaba desierta, tranquila. Se acercaba la medianoche, y todos los vecinos estaban descansando en sus hogares. Algunos ya dormían; otros alejaban con la televisión la hora de irse a la cama. Al día siguiente, en la mayoría de los casos, habría que levantarse temprano.
Solo un joven, tras torcer una esquina, se desplazaba por una de las aceras. Llevaba un perro atado a una correa. El perro olisqueaba cada rincón que encontraba a su paso, y el joven, dejándole hacer, avanzaba distraído.
Nadie se dio cuenta de que, desplazándose por la calzada, se acercaba un coche. Ninguno, ni el chico ni el perro, se percató de que, aun sin disminuir la velocidad, la ventanilla del copiloto, la más próxima al chico, comenzaba a bajarse.
Nadie vio el cañón de la pistola asomar por la ventanilla.
Pero todo el vecindario oyó la detonación, el resonar inconfundible de un disparo en mitad de la noche. Inmediatamente después, un par de ladridos.
El primer vecino que se asomó, desde un balcón colindante, solo pudo ver un coche que, al fondo de la calle, giraba a la derecha; y el cuerpo del chico sobre la acera, con un disparo en la cabeza. Un charco de sangre y sesos se había formado en torno a ella, y aumentaba de tamaño por segundos.
El perrillo, feliz, lamía y mordisqueaba el manjar que el destino le había puesto delante.
martes, 2 de septiembre de 2025
152.- Una despedida temporal
- ¿Se puede saber qué cojones habéis hecho?
Gutiérrez apretaba los puños. En la sien, una venilla parecía a punto de reventar.
- A ver, comisario, usted estaba en la parra y nosotros pensamos...
Hortensio se la estaba jugando. Podía estar cayéndole una bronca de cojones. Afortunadamente, Mel se había portado y el asunto había acabado bien.
Una vez desenterrado del jardín el cadáver de Teodoro Crispín, a Guadalupe Romero la habían detenido ipso facto. No habían necesitado mucho para demostrar que Lupita había envenenado a su marido y lo había enterrado, más mal que bien, en el jardín.
A Gutiérrez no le había gustado la noticia, y la última mirada que ambos se cruzaron, antes de que se la llevaran esposaba, era digna de película, de aquel "lo nuestro podía haber sido de otra manera", o de aquel "si no hubieras matado a nadie todo sería diferente". En cualquier caso, parecía que Gutiérrez aún no estaba a salvo del influjo de Irene Adler.
Hortensio puso su mano sobre el hombro de Mel.
lunes, 25 de agosto de 2025
151.- Un cadáver incómodo
Así que ahí estaba Mel, dale que te pego con la podadora. La experiencia con los setos de su madre había sido positiva. Él no había sufrido demasiado, y ella había quedado contenta con el resultado. Hasta le había querido dar unos eurillos por el trabajo realizado. Él, por supuesto, se había negado.
- Que no, mamá... que no hace falta...
Al final habían quedado en que Mel se pasaría por casa de su madre a cenar próximamente.
Con Guadalupe Romero también había sido fácil entrar.
- Adelante.
El problema estaba en que se le acababan los setos y todavía no había podido colarse en la casa para buscar pistas. Ni en el garaje. Guadalupe estaba dentro, y el novelista disfrazado no se atrevía a inventarse una historia. ¿Podía decir que tenía que ir al aseo? ¿Que una rama se había colado en el dormitorio?
El caso es que estaba ya pudiéndole la ansiedad, y el método Stanislavski mostraba ya sus fisuras, cuando Mel vio algo raro entre unos parterres preñados de hortensias. Se acercó. Comprobó que la tierra había sido removida recientemente en aquella zona, y no se imaginaba a Guadalupe Romero en labores de jardinería.
Comenzó a escarbar con sus manos, mirando a un lado y a otro, para no ser descubierto.
Vio una mano. Una mano enterrada. Una mano humana. Tuvo que ahogar un grito para no ser descubierto. La mano estaba pegada a un brazo. El brazo llevaba chaqueta.
Lo volvió a enterrar todo y se fue por patas. Ni siquiera avisó a la señora de la casa, así que se quedó sin eurillos, y sin cena con Guadalupe. Ya tendría tiempo de verla cuando la detuvieran. Mejor quedar con su madre, que no parecía tan maquiavélica.