viernes, 16 de octubre de 2026

186.- Un camello de altos vuelos

    - Comisario...

    Gutiérrez levantó la cabeza. Se había quedado dormido sobre la mesa del despacho. Un hilillo de baba colgaba de la comisura de los labios. La petaca yacía vacía junto a un montón de papeles. Sobre el cenicero, un cigarrillo se había consumido mientras Gutiérrez sesteaba.

    - Dime, Hortensio...

    Hortensio tragó saliva.

    - Comisario, tenemos a un pequeño traficante a quien habría que interrogar.

    Gutiérrez se pasó la mano por la barbilla. Notó cómo la baba se le quedaba pegada en la mano.

    - Coño, pues interrogadlo vosotros, ¿no? Un camellito... ¿qué pasa, lo habéis pillado vendiendo hachís?
    - Es que...

    Gutiérrez se agitó.

    - Es que... ¿qué? Joder, Hortensio, habla, que pareces bobo...
    - Este camellito apunta alto, comisario. Lo que nos cuenta tiene unas implicaciones que... más vale que lo vea usted mismo.

    Gutiérrez asintió. Si Hortensio lo pedía, habría que acudir.

    - Déjame ir al baño primero, anda...

lunes, 5 de octubre de 2026

185.- Ring, ring

    El teléfono del despacho de Gutiérrez comenzó a sonar.

    - Ring, ring.

    Gutiérrez lo miró como quien mira una granada desanillada.

    - Ring, ring.

    Aquel teléfono solo traía malas noticias. Otro asesinato, otro caso de mierda que tener la obligación de resolver, más problemas. Gutiérrez pensó que, a lo mejor, no le apetecía cogerlo.

    - Ring, ring.

    Joder, qué pesado que era el cacharrito. Y quien estuviera al otro lado, que no cejaba en su empeño.

    - Ring, ring.

    Gutiérrez, que casi se había acabado la petaca de vodka y que tenía el cenicero a reventar, estuvo tentado de darle una patada al aparato y estamparlo contra la pared. Aunque luego le cargaran en comisaría la cuenta de los desperfectos...

    - Ring, ring.

    Tirándose de los pelos, y preparándose para lo peor, el comisario agarró el auricular.

    - ¿Sí?

    Del otro lado, tras unos segundos, sonó una voz aterciopelada y seductora.

    - Buenos días. ¿Le interesaría cambiar de seguro de vida? Nuestra compañía tiene unas ofertas que...

    Gutiérrez colgó. Casi arrojó el auricular contra la mesa. Lo que le faltaba.

    Se encendió un cigarro, miró al techo y pensó que se estaba volviendo loco porque, ahora que lo pensaba, prefería recibir esas llamadas de publicidad engañosa que volver a revolcarse en el lado más sucio de la sociedad.

    "Si al final se va a liar", pensó. "Es lo que hay". Y le vino a la mente un refrán: quien con niños se acuesta...

martes, 8 de septiembre de 2026

184.- Y ahora qué, comisario...

    Gutiérrez sabía que tenía que estar exultante. También sabía que no iba a estarlo. Siempre le sucedía lo mismo. El triunfo de la ley, la justicia vencedora, la eliminación del criminal nunca le causaba placer. Más bien una sensación de deber cumplido que, curiosamente, estaba más lejos del alivio que del agobio.

    - Mierda de trabajo.

    Hortensio se sentó a su lado. Con un leve gesto, rápidamente comprendido por Gutiérrez, le pidió un cigarrillo. Gutiérrez pensó que Hortensio estaba ya comenzando a fumar y beber demasiado. Que el joven se fijaba demasiado en él, en el veterano. Mal asunto. Él no era ejemplo de nada, no era ejemplo para nadie.

    - Y ahora qué, comisario -preguntó con inocencia.

    Gutiérrez escupió al suelo. Tenía la garganta seca y ganas de vomitar. Todavía podía percibir el olor de los sesos de Bonnie, esparcidos por la ventana y la pared, poblados de moscas que se daban un festín.

    - Ahora, nada, Hortensio -contestó Gutiérrez, con desgana. - A volver a empezar.

miércoles, 26 de agosto de 2026

183.- Los sesos de Bonnie

    No era su intención. La de Gutiérrez.

    A ver, sí que lo era, en realidad. Era su intención volarle los sesos a Bonnie. Pero tampoco de esa manera.

    Porque los sesos del hermano de Claudio, alias Clyde, reventaron como si hubieran instalado un petardo en su interior. Una cosa de locos. Como en una película gore.

    Gutiérrez, que no sabía, a pesar de su experiencia, que esas cosas podían pasar, se sorprendió. Miró su arma. ¿Cómo hacían las balas en los últimos tiempos? Felicio, que había oído el proyectil pasearse junto a su oreja antes de alojarse en el cráneo de Bonnie, había caído de rodillas. Los sesos de su captor se habían depositado en parte sobre su cabeza, y en sus hombros, y le daban un aire de medusa humana que se acrecentaba al verlo mover la boca, abriéndola y cerrándola, sin terminar de decir nada.

    - Joder, comisario. Vaya tela -acertó a decir Hortensio.

    Gutiérrez no dijo nada. Cogió un cigarrillo y se lo llevó a la boca. Le temblaban las manos, y eso que acababa de ejecutar uno de los disparos más certeros de su ya larga vida.

jueves, 30 de julio de 2026

182.- El tiro de gracia

    - ¡Bonnie! ¡Bonnie!

    Gutiérrez se desgañitaba, pero Bonifacio parecía haberse desentendido de los policías. Con un gesto hacia Hortensio, Gutiérrez dio unos pasos hacia adelante y se apostó a escasos metros de la puerta. Desde donde estaba podía ver a Bonnie hablando con alguien.

    - Estará con Felicio. Probablemente lo tiene amordazado en el sofá -le dijo a Hortensio, que llegaba a su altura en esos momentos.    
    - ¡Eh, cabrones, mirad esto! -gritó Bonnie, acercándose a la ventana con Felicio agarrado del cuello.

    Gutiérrez notó que Bonnie dirigía sus gritos hacia el lugar desde donde habían hablado antes. El rufián no se había percibido de su cambio de posición. Eso le daba alguna posibilidad.

    - Mire, comisario.

    Hortensio señalaba a Bonnie. A la cabeza de Bonnie. Agarraba a Felicio del cuello, pero se giraba hacia el lado equivocado y ofrecía un ángulo abierto que le daba a Gutiérrez posibilidad de tiro.

    - Dispare, comisario.

    Gutiérrez pensó que, si erraba el tiro, podía herir a Felicio. También pensó que Felicio era un poco gilipollas, y que habían sido sus actitudes como agente de la ley, sus falsos testimonios, quienes habían provocado a Bonifacio.

    - Dispare, comisario -repitió Hortensio. - Lo tiene a tiro.

    Así que, sin pensarlo más, Gutiérrez disparó.


    

jueves, 16 de julio de 2026

181.- Vais a morir todos

     - De acuerdo, Bonnie. ¿Qué quieres?
     - ¡Que os jodáis todos, cabrones!

     Hortensio miró a Gutiérrez.

     - Parece simpático, comisario.

     Gutiérrez, en un gesto, le pidió calma a su ayudante.

     - ¡Bonnie! ¡Tenemos que negociar! Algo podemos hacer...
     - ¡No hay nada que negociar! ¡Matasteis a mi hermano! ¡Os voy a matar a todos!

     El comisario resopló.

     - A ver, Bonnie. ¿Estás con Felicio?
     - A ese cabrón me lo cargaré enseguida. Ya ha visto en primera fila todo lo que he hecho. Todo por su culpa.
     - Tu hermano también asesinó a gente disparándole desde un coche.
     - A mi hermano lo acusaron injustamente de eso mismo -dijo Bonnie, lleno de rabia. - Y Felicio mintió al acusarlo. Ahora ha visto morir a gente, esta vez sí. He sido yo. En su nombre. Y ahora, va a morir.

     Siguió un silencio estremecedor.

     - ¡Bonnie! Un momento...

     En la penumbra interior de la casa, Gutiérrez vio, por unos momentos, una sombra que se desplazaba de la ventana hacia el salón donde, con certeza, se encontraba Felicio.

jueves, 9 de julio de 2026

180.- Parlamen... ¿qué?

    - ¿Tú crees que sabe que estamos aquí, comisario?

    A Gutiérrez ya le dolía la espalda de estar agachado detrás de los setos.

    - No tengo ninguna duda.
    - ¿Entonces? - preguntó Hortensio. - ¿Esperamos a los refuerzos?

    Gutiérrez hizo una mueca de disgusto.

    - Los refuerzos van a llegar en unos cinco minutos y van a reventarlo todo... y yo diría que este tío está dispuesto a matar a Felicio, a matarnos a nosotros y a matarse a sí mismo, si hace falta. Si pudiéramos arreglar esto antes de que la zona se llene de gente...

    En el interior de la casa no se movía un alma, lo cual reafirmaba a Gutiérrez en su impresión de que Bonnie estaba tras las cortinas, mirándolos.

    - Quizá podríamos intentar parlamentar.

    Hortensio no había oído esa palabra en boca del comisario desde que tenía memoria.

    - ¿En serio, comisario?

    Por toda respuesta, Gutiérrez se puso a gritar.

    - ¡Bonifacio, Bonifacio! ¡Sabemos que estás ahí!

    Una ráfaga de disparos los invitó a protegerse tumbándose bocabajo.

    - ¡Es Bonnie, imbécil! -respondieron desde dentro.

    "Genial", pensó Gutiérrez. "Ya hemos entablado contacto".