Gutiérrez levantó la cabeza. Se había quedado dormido sobre la mesa del despacho. Un hilillo de baba colgaba de la comisura de los labios. La petaca yacía vacía junto a un montón de papeles. Sobre el cenicero, un cigarrillo se había consumido mientras Gutiérrez sesteaba.
- Dime, Hortensio...
Hortensio tragó saliva.
- Comisario, tenemos a un pequeño traficante a quien habría que interrogar.
Gutiérrez se pasó la mano por la barbilla. Notó cómo la baba se le quedaba pegada en la mano.
- Coño, pues interrogadlo vosotros, ¿no? Un camellito... ¿qué pasa, lo habéis pillado vendiendo hachís?
- Es que...
Gutiérrez se agitó.
- Es que... ¿qué? Joder, Hortensio, habla, que pareces bobo...
- Este camellito apunta alto, comisario. Lo que nos cuenta tiene unas implicaciones que... más vale que lo vea usted mismo.
Gutiérrez asintió. Si Hortensio lo pedía, habría que acudir.
- Déjame ir al baño primero, anda...
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