- Uno se entera de cosas, comisario.
Gutiérrez se rascó la barbilla pensativo. Los mentirosos siempre le habían tocado los cojones.
- A ver, Reguinaldo. Eres un camello de tres al cuarto... un mindundi, un chisgarabís... Lo sabes, ¿verdad?
Por conveniencia, y porque más que una pregunta parecía una afirmación, Reguinaldo asintió, no sin mostrar desgana.
- ¿Por qué coño iba a creerte, entonces? -continuó Gutiérrez.
Reguinaldo se encogió de hombros.
- Usted verá -dijo el camello.
- No te estarás poniendo chulito conmigo, ¿verdad?
- Para nada.
- ¿Entonces?
- ¿Entonces, qué?
Gutiérrez estaba en un tris de soltarle un sopapo a Reguinaldo. En lugar de ello, y en una muestra de sangre fría que le sorprendió a él mismo, suspiró y se encendió un cigarro.
- Venga. Vuelve a decirme eso que me has dicho antes, a ver si suena mejor.
Reguinaldo tomó aire y adoptó una pose seria.
- Agentes rusos quieren asesinar al presidente del Gobierno.
Gutiérrez confirmó que seguía sonando igual de mal.
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