A Gutiérrez ya le dolía la espalda de estar agachado detrás de los setos.
- No tengo ninguna duda.
- ¿Entonces? - preguntó Hortensio. - ¿Esperamos a los refuerzos?
Gutiérrez hizo una mueca de disgusto.
- Los refuerzos van a llegar en unos cinco minutos y van a reventarlo todo... y yo diría que este tío está dispuesto a matar a Felicio, a matarnos a nosotros y a matarse a sí mismo, si hace falta. Si pudiéramos arreglar esto antes de que la zona se llene de gente...
En el interior de la casa no se movía un alma, lo cual reafirmaba a Gutiérrez en su impresión de que Bonnie estaba tras las cortinas, mirándolos.
- Quizá podríamos intentar parlamentar.
Hortensio no había oído esa palabra en boca del comisario desde que tenía memoria.
- ¿En serio, comisario?
Por toda respuesta, Gutiérrez se puso a gritar.
- ¡Bonifacio, Bonifacio! ¡Sabemos que estás ahí!
Una ráfaga de disparos los invitó a protegerse tumbándose bocabajo.
- ¡Es Bonnie, imbécil! -respondieron desde dentro.
"Genial", pensó Gutiérrez. "Ya hemos entablado contacto".