jueves, 7 de noviembre de 2024

125.- Smith, Smith y Smith

    El teléfono comenzó a sonar. Smith entró en el despacho y tomó el auricular antes de que se apagaran los ecos del último timbre.

    - Smith al aparato...
    - ...
    - Sí, ya lo sé.
    - ...
    - Ya te digo, se lo han tragado entero.
    - ...
    - Seguimos con el plan, en efecto.
    - ...
    - Nos vamos a hacer de oro. Venga, hasta luego.

    Cuando colgó, a Smith se le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. El plan marchaba a las mil maravillas.

    No estaría tan contento, tal vez, si supiera que tenía el teléfono pinchado y que alguien inesperado había obtenido toda la información que necesitaba...

lunes, 28 de octubre de 2024

124.- Susúrrame un plan

     - Joder, comisario, repítemelo, que no me entero.

    El comisario se empezaba a cansar, aunque reconocía que el asunto mandaba huevos.

    - A ver, Hortensio. Otra vez. Y ve tomando nota, anda, para no tener que preguntarme más.

    Hortensio tomó lápiz y papel, se pasó la punta de grafito por la lengua y puso cara de interesante.

    - Empiece a cantar, comisario.

    Tras una mueca de disgusto, Gutiérrez recopiló lo que hasta entonces tenían.

    - Smith trabaja para dos empresas, Buenycao y Panterón. De hecho, y según nos ha dicho, trabaja para Buenycao, y espía para Panterón. Sucede que Buenycao va a sacar un producto que es la hostia, y Smith cree que en Buenycao piensan que él les va a ir con el cuento a Panterón.
    - Cosa que no es verdad.
    - Eso dice él, Smith.
    - Y en las empresas...
    - En Buenycao lo adoran. Eso dice su presidente ejecutivo, Atilio Esquimez.
    - Ya, pero Smith no lo ve tan claro.
    - No, en efecto. Y yo ya no me creo nada.
    - ¿Y en Panterón?
    - En Panterón no lo tragan. Al menos Lapuente, el ejecutivo máximo.
    - Con razón, ¿no? Si les espía.
    - Pero ellos no lo saben.

    Hortensio se rascó la sien.

    - Vaya lío, ¿no? Y entre medias, nos ponen micrófonos hasta a nosotros.
    - Así es.
    - ¿Y qué hacemos ahora?
    - Ven, acércate...

    Gutiérrez acercó su boca al oído de Hortensio y estuvo susurrándole durante un buen rato, mientras este asentía. Mejor que el plan quedara en secreto, y donde hubo micrófonos una vez podría volver a haberlos...

domingo, 6 de octubre de 2024

123.- En bollos Panterón

     En bollos Panterón la cosa resultó al revés. Totalmente al revés.

    - Entre usted y yo, y ya que me lo pregunta, es un gilipollas.

    Quien pronunció esa frase no fue Gutiérrez, aunque podía haberlo sido, sino Lapuente, el ejecutivo máximo de Panterón. El comisario flipaba.

    - Ya veo...
    - Lo que le digo, un auténtico gilipollas, ese Smith. Siempre con esos aires de superioridad. ¿Se puede creer que viene aquí y me habla de tú a tú, como si yo tuviera algo que aprender de él? Una patada en el trasero y una buena hostia, es lo que se merece.

    A Gutiérrez, que estaba calibrando la relación que había entre una hostia y una patada en el trasero, le dio por meter el dedo en la llaga.

    - ¿Y por qué no lo echan? Si es tan gilipollas...

    A Lapuente se le abrieron los ojos como si fuera a disparar por ellos ráfagas de metralla. Luego puso tal cara de asco que Gutiérrez, pensando que iba a vomitar, se echó hacia atrás en su asiento.

    - Joder, comisario... es que es bueno, el cabrón, ¿sabe? No se puede ni imaginar los ingresos que llega a proporcionar... y el dinero, ya sabe...

    Sí, Gutiérrez sabía. El dinero sí que era la hostia, y los ejecutivos de las empresas, aunque fueran de bollos y pastelitos, perdían el culo por él.

    Todavía, tras despedirse, y mientras salía del despacho, Gutiérrez podía oír a Lapuente susurrando para sí:

    - Es que es jodidamente bueno, el gilipollas...

miércoles, 4 de septiembre de 2024

122.- El presidente ejecutivo

     La fábrica de Buenycao era, de grande, casi una ciudad. Varios edificios se especializaban en distintas fases de una producción ingente.

    - El emporio Buenycao... -susurró Gutiérrez.
    - ¿Perdone?
    - Nada, nada...

    El presidente ejecutivo de Buenycao había recibido a Gutiérrez de buen grado. Se había presentado como Atilio Esquimez, don Atilio, para el común de los empleados. Tras recibir un ilustrativo y laudatorio paseo por las instalaciones, Gutiérrez había ido al grano.

    - Quería preguntarle por uno de sus empleados, Smith.

    Gutiérrez creyó observar que el rostro de don Atilio se ensombrecía.

    - ¿Smith? Sí, es jefe de sección. Un gran empleado, y una excelente persona. Me consta. ¿Por qué?
    - Por nada en particular... dicen por ahí que tiene algunos problemas personales...
    - ¡Oh, qué fatalidad! Ojalá todos mis empleados fueran felices, comisario. Pero es tan complicado...
    - Me hago cargo, don Atilio.

    Se despidieron con buenas palabras. Un tipo afable, don Atilio. Ese tipo de jefes que guarda un secreto. Ese tipo de personas que, a la mínima, te clava un puñal por la espalda. O se pone a espiarte...

sábado, 24 de agosto de 2024

121.- Demasiada gente

    Hortensio entró en el despacho como un torbellino.

    - ¡Comisario, comisario!

    Gutiérrez, que se había quedado traspuesto en la silla, dio un respingo.

    - Hortensio, joder. Te tengo dicho que llames antes de entrar y que no grites...
    - Pero, comisario... Tengo los resultados del visionado de la cámara. Me he pasado la noche en vela.

    Gutiérrez había tenido una noche aún peor. Pesadillas y obsesiones con cámaras que lo vigilaban, y con gente rara que se escondía para observarlo.

    - ¿Y bien?
    - Nada, comisario. Es la cámara de la entrada de la comisaria, ya sabe. Por ahí pasa demasiada gente. Cualquiera puede haberlo hecho. Hasta el de la limpieza.

    Gutiérrez se frotó la cara, bostezó y sacó un cigarrillo.

    - ¿Y para eso tanta emoción, Hortensio? -dijo mientras lo encendía.
    - Me gusta mi trabajo, comisario.
    - Tú veras...

lunes, 12 de agosto de 2024

120.- El de la limpieza como punto de partida

     Hortensio, siempre discreto y servicial, se guardó muy bien de expresar en voz alta su opinión cuando Gutiérrez le contó el tema del espionaje doble y el de la guerra oculta entre los Buenycao y los Panterón.

    - ¿Y si miramos las grabaciones de las cámaras para ver quién colocó el micrófono? -preguntó, por ser constructivo.

    Gutiérrez se puso tenso.

    - ¿Cómo? ¿Insinúas que tengo cámaras en mi despacho?
    - Bueno, para los interrogatorios...
    - Y una mierda -concluyó Gutiérrez. - En mi despacho no entra un micrófono ni por todo el oro del mundo...

    Hortensio tragó saliva...

    - Bien, pues en las cámaras de la entrada a la comisaría, o en la casa de Smith, o en la empresa...
    - Eso ya me gusta más...
    - No hace falta -dijo entonces Mel, que había acudido a saludar y se había quedado a curiosear las vicisitudes del último caso.

    Los dos policías miraron al escritor.

    - ¿Insinúas que has resuelto el caso, Mel?
    - Yo lo veo claro -dijo, este, con una sonrisa. - Ha sido el de la limpieza. Siempre es el de la limpieza...
    - No jodas, Mel, anda, majo...

martes, 6 de agosto de 2024

119.- El cacao como fuente de conflictos

     Smith necesitó desplegar todas sus habilidades didácticas para que Gutiérrez no le soltara un sopapo. Que si era una labor industrial de primer nivel, que si era un sector con una competencia feroz, que si había millones en juego...

    - La cosa es, comisario, que Buenycao va a sacar una nueva hornada de productos, nunca mejor dicho. Una nueva promoción, mejorada. Tengo una información que vale millones...
    - Un momento -interrumpió Gutiérrez extendiendo una mano con la palma hacia adelante, como un guardia de tráfico. - Has dicho antes que eras un espía doble, ¿no?
    - Así es, en efecto.
    - Eso quiere decir, si no me equivoco, que hay una empresa de la competencia que piensa que le estás dando información secreta sobre los Buenycao.
    - Si. Pero, en realidad...
    - Pero, en realidad, informas a los Buenycao que los proyectos que esa otra empresa tiene, y a los que tienes acceso...
    - Y a los que tengo acceso porque, obviamente, al ser espía, tengo amigos y contactos. Pero mi principal misión es la desinformación. Mandarle a la competencia información falsa, planes inventados, para condicionar de forma errónea su respuesta.

    Gutiérrez se quedó pensando. Una multitud de datos se cruzaban en su cabeza a velocidad vertiginosa.

    - Joder... -dijo, por fin.

    Se encendió un cigarro. Aspiró tranquilamente.

    - Llegados a este punto, tengo tres preguntas, Smith.

    Este asintió.

    - Primera: ¿cuál es la empresa de la competencia de la que hablamos?
    - Panterón. Bollos Panterón.
    - Vaya tela... Segunda: ¿cómo se mejoran los bollos Buenycao?

    Smith miró a uno y otro lado. Y bajó la voz.

    -¿Me promete guardar el secreto, comisario?
    - Por favor, soy un profesional...

    Smith susurró, de forma casi inaudible.

    - Más cacao...
    - Vaya tela...Tercera: ¿me confirma la empresa a la que usted le guarda fidelidad? Ya me estoy perdiendo...
    - Buenycao. Pero creo que ellos piensan que les espío.

    Gutiérrez apuró el pitillo y se rascó el ojo.

    - Vaya tela...