Se reclinó ante el escritorio de su despacho, se encendió un cigarrillo y observó el infinito. Alguien llamó educadamente a la puerta. "Comisario", le dijeron, "alguien quiere verle". "Seguro que no es para nada bueno", pensó él, "nadie me llama para nada bueno". Sin embargo, de sus labios solo brotaron las palabras "¡que pase!". Y no era ninguna rubia despampanante, por supuesto. Eran problemas. Más problemas. "¡Mierda!", pensó. Y aspiró otra calada.
jueves, 7 de noviembre de 2024
125.- Smith, Smith y Smith
lunes, 28 de octubre de 2024
124.- Susúrrame un plan
- Joder, comisario, repítemelo, que no me entero.
El comisario se empezaba a cansar, aunque reconocía que el asunto mandaba huevos.
- A ver, Hortensio. Otra vez. Y ve tomando nota, anda, para no tener que preguntarme más.
Hortensio tomó lápiz y papel, se pasó la punta de grafito por la lengua y puso cara de interesante.
- Empiece a cantar, comisario.
Tras una mueca de disgusto, Gutiérrez recopiló lo que hasta entonces tenían.
- Cosa que no es verdad.
- Eso dice él, Smith.
domingo, 6 de octubre de 2024
123.- En bollos Panterón
En bollos Panterón la cosa resultó al revés. Totalmente al revés.
- Entre usted y yo, y ya que me lo pregunta, es un gilipollas.
Quien pronunció esa frase no fue Gutiérrez, aunque podía haberlo sido, sino Lapuente, el ejecutivo máximo de Panterón. El comisario flipaba.
- Lo que le digo, un auténtico gilipollas, ese Smith. Siempre con esos aires de superioridad. ¿Se puede creer que viene aquí y me habla de tú a tú, como si yo tuviera algo que aprender de él? Una patada en el trasero y una buena hostia, es lo que se merece.
A Gutiérrez, que estaba calibrando la relación que había entre una hostia y una patada en el trasero, le dio por meter el dedo en la llaga.
- ¿Y por qué no lo echan? Si es tan gilipollas...
A Lapuente se le abrieron los ojos como si fuera a disparar por ellos ráfagas de metralla. Luego puso tal cara de asco que Gutiérrez, pensando que iba a vomitar, se echó hacia atrás en su asiento.
- Joder, comisario... es que es bueno, el cabrón, ¿sabe? No se puede ni imaginar los ingresos que llega a proporcionar... y el dinero, ya sabe...
Sí, Gutiérrez sabía. El dinero sí que era la hostia, y los ejecutivos de las empresas, aunque fueran de bollos y pastelitos, perdían el culo por él.
Todavía, tras despedirse, y mientras salía del despacho, Gutiérrez podía oír a Lapuente susurrando para sí:
- Es que es jodidamente bueno, el gilipollas...
miércoles, 4 de septiembre de 2024
122.- El presidente ejecutivo
La fábrica de Buenycao era, de grande, casi una ciudad. Varios edificios se especializaban en distintas fases de una producción ingente.
- ¿Perdone?
- Nada, nada...
El presidente ejecutivo de Buenycao había recibido a Gutiérrez de buen grado. Se había presentado como Atilio Esquimez, don Atilio, para el común de los empleados. Tras recibir un ilustrativo y laudatorio paseo por las instalaciones, Gutiérrez había ido al grano.
- Quería preguntarle por uno de sus empleados, Smith.
Gutiérrez creyó observar que el rostro de don Atilio se ensombrecía.
- Por nada en particular... dicen por ahí que tiene algunos problemas personales...
- ¡Oh, qué fatalidad! Ojalá todos mis empleados fueran felices, comisario. Pero es tan complicado...
- Me hago cargo, don Atilio.
Se despidieron con buenas palabras. Un tipo afable, don Atilio. Ese tipo de jefes que guarda un secreto. Ese tipo de personas que, a la mínima, te clava un puñal por la espalda. O se pone a espiarte...
sábado, 24 de agosto de 2024
121.- Demasiada gente
Hortensio entró en el despacho como un torbellino.
- ¡Comisario, comisario!
Gutiérrez, que se había quedado traspuesto en la silla, dio un respingo.
- Pero, comisario... Tengo los resultados del visionado de la cámara. Me he pasado la noche en vela.
Gutiérrez había tenido una noche aún peor. Pesadillas y obsesiones con cámaras que lo vigilaban, y con gente rara que se escondía para observarlo.
- Nada, comisario. Es la cámara de la entrada de la comisaria, ya sabe. Por ahí pasa demasiada gente. Cualquiera puede haberlo hecho. Hasta el de la limpieza.
Gutiérrez se frotó la cara, bostezó y sacó un cigarrillo.
- Me gusta mi trabajo, comisario.
- Tú veras...
lunes, 12 de agosto de 2024
120.- El de la limpieza como punto de partida
Hortensio, siempre discreto y servicial, se guardó muy bien de expresar en voz alta su opinión cuando Gutiérrez le contó el tema del espionaje doble y el de la guerra oculta entre los Buenycao y los Panterón.
- ¿Y si miramos las grabaciones de las cámaras para ver quién colocó el micrófono? -preguntó, por ser constructivo.
Gutiérrez se puso tenso.
- Bueno, para los interrogatorios...
- Y una mierda -concluyó Gutiérrez. - En mi despacho no entra un micrófono ni por todo el oro del mundo...
Hortensio tragó saliva...
- Eso ya me gusta más...
- No hace falta -dijo entonces Mel, que había acudido a saludar y se había quedado a curiosear las vicisitudes del último caso.
Los dos policías miraron al escritor.
- Yo lo veo claro -dijo, este, con una sonrisa. - Ha sido el de la limpieza. Siempre es el de la limpieza...
- No jodas, Mel, anda, majo...
martes, 6 de agosto de 2024
119.- El cacao como fuente de conflictos
Smith necesitó desplegar todas sus habilidades didácticas para que Gutiérrez no le soltara un sopapo. Que si era una labor industrial de primer nivel, que si era un sector con una competencia feroz, que si había millones en juego...
- Un momento -interrumpió Gutiérrez extendiendo una mano con la palma hacia adelante, como un guardia de tráfico. - Has dicho antes que eras un espía doble, ¿no?
- Así es, en efecto.
- Eso quiere decir, si no me equivoco, que hay una empresa de la competencia que piensa que le estás dando información secreta sobre los Buenycao.
- Si. Pero, en realidad...
- Pero, en realidad, informas a los Buenycao que los proyectos que esa otra empresa tiene, y a los que tienes acceso...
- Y a los que tengo acceso porque, obviamente, al ser espía, tengo amigos y contactos. Pero mi principal misión es la desinformación. Mandarle a la competencia información falsa, planes inventados, para condicionar de forma errónea su respuesta.
Gutiérrez se quedó pensando. Una multitud de datos se cruzaban en su cabeza a velocidad vertiginosa.
- Joder... -dijo, por fin.
Se encendió un cigarro. Aspiró tranquilamente.
- Llegados a este punto, tengo tres preguntas, Smith.
Este asintió.
- Panterón. Bollos Panterón.
- Vaya tela... Segunda: ¿cómo se mejoran los bollos Buenycao?