Hortensio entró en el despacho como un torbellino.
- ¡Comisario, comisario!
Gutiérrez, que se había quedado traspuesto en la silla, dio un respingo.
- Pero, comisario... Tengo los resultados del visionado de la cámara. Me he pasado la noche en vela.
Gutiérrez había tenido una noche aún peor. Pesadillas y obsesiones con cámaras que lo vigilaban, y con gente rara que se escondía para observarlo.
- Nada, comisario. Es la cámara de la entrada de la comisaria, ya sabe. Por ahí pasa demasiada gente. Cualquiera puede haberlo hecho. Hasta el de la limpieza.
Gutiérrez se frotó la cara, bostezó y sacó un cigarrillo.
- Me gusta mi trabajo, comisario.
- Tú veras...
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