Hortensio, siempre discreto y servicial, se guardó muy bien de expresar en voz alta su opinión cuando Gutiérrez le contó el tema del espionaje doble y el de la guerra oculta entre los Buenycao y los Panterón.
- ¿Y si miramos las grabaciones de las cámaras para ver quién colocó el micrófono? -preguntó, por ser constructivo.
Gutiérrez se puso tenso.
- Bueno, para los interrogatorios...
- Y una mierda -concluyó Gutiérrez. - En mi despacho no entra un micrófono ni por todo el oro del mundo...
Hortensio tragó saliva...
- Eso ya me gusta más...
- No hace falta -dijo entonces Mel, que había acudido a saludar y se había quedado a curiosear las vicisitudes del último caso.
Los dos policías miraron al escritor.
- Yo lo veo claro -dijo, este, con una sonrisa. - Ha sido el de la limpieza. Siempre es el de la limpieza...
- No jodas, Mel, anda, majo...
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