lunes, 13 de enero de 2025

129.- Un crimen, por favor

    Andaba Gutiérrez aburrido. Quién lo diría. Calma chicha. Sin casos ni crímenes. La ciudad era una balsa de aceite, un remanso de paz.

    Echaba el rato en el despacho, con un cigarrillo entre los labios y tirando de la petaca. Hasta había recogido un puñado de informes y, haciendo bolas de papel con ellos, jugaba a tirarlas al otro lado del despacho y ver sin entraban en la papelera después de hacerlas rebotar en la pared.

    Se encontró a sí mismo deseando que se desataran las hostilidades.

    Entonces llamaron a la puerta. Hortensio, como un buen profesional, pasó por alto el perenne olor a tabaco, las bolas de papel tiradas por el suelo y la petaca de vodka volcada sobre la mesa.

    - Comisario...

    No necesitó decir más. Algo en su mirada lo delataba.

    Gutiérrez supo entonces que el juego volvía a comenzar. Una vez más. Y no sabía muy bien si lamentarlo, o celebrarlo.

    Asco de trabajo, que te hace perder el norte...

lunes, 6 de enero de 2025

128.- El pájaro

     - ¿A ver, a ver? ¿Cómo era eso, comisario? Es que es difícil de asimilar...

     Mel se partía la caja oyendo a Gutiérrez contar lo de Smith. También Hortensio estaba de buen humor. Hasta Gutiérrez disfrutaba con el narración de sus éxitos.

    - Pues que el tal Smith era un espía, en efecto, pero de la marca mayor. Un espía triple, ¿qué te parece?
    - ¿Pero se llamaba Smith de verdad?
    - Pues sí, por un antepasado escocés, por lo visto...
    - Joder, qué bueno, tenía ya el nombre de espía, el tío...

    Gutiérrez le dio una calada al cigarro y un buen sorbo al vodka.

    - El caso es que espiaba para una tercera empresa. En Buenycao pensaban que espiaba para Panterón; en Panterón no tenían muy claro si les espiaba, pero lo odiaban; y él, en realidad, espiaba a las dos para una tercera.
    - Joder...
    - Exacto, Mel, joder. Eso dije yo cuando me enteré.

    Hortensio reía a carcajadas.

    - ¿Y cómo lo descubrió, comisario?
    - Pues verás -dijo Gutiérrez tras una pausa dramática acompañada de una calada-. Yo no me fío de los espías, y deduje que nos estaba utilizando como cortina de humo.
    - Usted no se fía ni de su padre, comisario.
    - No lo sabes tú bien. El caso es que le pinché el teléfono y el muy estúpido lo soltó todo.
    - ¿Espiaste al espía?

    Gutiérrez guiñó un ojo.

    - Qué grande es usted, comisario.
    - Lo sé, Hortensio.
    - ¿Y qué más?
    - Pues lo pillé in fraganti, lo detuve, lo tuve encerrado para darle un buen susto y lo solté con cargos. Ahora serán las empresas las que lo desplumen con denuncias y acusaciones...
    - Menudo pájaro, ese Smith.
    - Ideal para una de tus novelas, Mel.
    - Qué va, una trama demasiado complicada para mis lectores, yo creo...
    - Menudo cabrón que estás hecho...

    ¡Hala, otra ronda de bebidas!

jueves, 19 de diciembre de 2024

127.- La noche más larga

    - Comisario...

    Gutiérrez levantó la cabeza y aspiró una buena calada de su cigarro.

    - ¿Sí. Hortensio?
    - ¿Este que está en la celda es Smith?

    Por toda respuesta, Gutiérrez movió la cabeza lentamente.

    - Así es, Hortensio.
    - Pero lo trajimos hace dos días, ¿no?
    - Dos días y tres noches, para ser más exactos...

    Hortensio tragó saliva, como si tuviera que confesar algo realmente incómodo.

    - ¿No deberíamos soltarlo?

    Gutiérrez miró a su subordinado con llamaradas en los ojos.

    - Que le jodan, Hortensio. Que le jodan a Smith. Se ha querido reír de nosotros. Pues que le jodan.
    - Ya, pero el habeas corpus...

    Gutiérrez resoplaba por las fosas nasales, emitiendo un estruendo como de cachalote en celo.

    - Que le jodan al habeas corpus, Hortensio. Y si te pones pesadito, que te jodan a ti también. ¿Vale? ¿Alguna otra pregunta?
    - No, comisario.
    - Bien, así me gusta.

    El comisario Gutiérrez se encendió otro cigarrillo. Hortensio creyó ver, a sus pies, una pila de colillas que casi le llegaba a la rodillas...

domingo, 8 de diciembre de 2024

126.- La noche no siempre confunde

     Las noches en el puerto son frías, solitarias. Los buques amarrados semejan mastodontes esperando a que llegue la actividad frenética del nuevo día. Algún guardia de seguridad nocturno, insuficiente para tanto espacio y tanto recoveco, es el único signo de vida entre redes de pesca y olor a mar.

    Por eso el puerto, por las noches, es el lugar idóneo para negocios clandestinos.

    Los dos tipos llevaban maletines negros. Los dos se embozaban con los altos cuellos de los abrigos de invierno. Los dos portaban gafas oscuras, a todas luces innecesarias, pero que contribuían a hacer irreconocibles sus rostros.

    Todo era silencio. Ambos tipos se miraron, asintieron y, por todo saludo, se intercambiaron los maletines.

    Ya se disponían a alejarse el uno del otro cuando, repentinas como una tormenta, sonaron las sirenas, se encendieron los focos y un buen puñado de coches de policía los rodearon.

    De uno de ellos se bajó el comisario Gutiérrez.

    - Vaya, vaya... -dijo con sorna. - ¿A quién tenemos aquí?

    No fue necesario requisar las gafas para reconocer el rostro de Smith.

    - Señor Smith, qué tal...

    Smith guardó silencio.

    - A la comisaría con ellos, joder -sentenció el comisario. - Qué poco me gusta que me tomen por tonto...

jueves, 7 de noviembre de 2024

125.- Smith, Smith y Smith

    El teléfono comenzó a sonar. Smith entró en el despacho y tomó el auricular antes de que se apagaran los ecos del último timbre.

    - Smith al aparato...
    - ...
    - Sí, ya lo sé.
    - ...
    - Ya te digo, se lo han tragado entero.
    - ...
    - Seguimos con el plan, en efecto.
    - ...
    - Nos vamos a hacer de oro. Venga, hasta luego.

    Cuando colgó, a Smith se le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja. El plan marchaba a las mil maravillas.

    No estaría tan contento, tal vez, si supiera que tenía el teléfono pinchado y que alguien inesperado había obtenido toda la información que necesitaba...

lunes, 28 de octubre de 2024

124.- Susúrrame un plan

     - Joder, comisario, repítemelo, que no me entero.

    El comisario se empezaba a cansar, aunque reconocía que el asunto mandaba huevos.

    - A ver, Hortensio. Otra vez. Y ve tomando nota, anda, para no tener que preguntarme más.

    Hortensio tomó lápiz y papel, se pasó la punta de grafito por la lengua y puso cara de interesante.

    - Empiece a cantar, comisario.

    Tras una mueca de disgusto, Gutiérrez recopiló lo que hasta entonces tenían.

    - Smith trabaja para dos empresas, Buenycao y Panterón. De hecho, y según nos ha dicho, trabaja para Buenycao, y espía para Panterón. Sucede que Buenycao va a sacar un producto que es la hostia, y Smith cree que en Buenycao piensan que él les va a ir con el cuento a Panterón.
    - Cosa que no es verdad.
    - Eso dice él, Smith.
    - Y en las empresas...
    - En Buenycao lo adoran. Eso dice su presidente ejecutivo, Atilio Esquimez.
    - Ya, pero Smith no lo ve tan claro.
    - No, en efecto. Y yo ya no me creo nada.
    - ¿Y en Panterón?
    - En Panterón no lo tragan. Al menos Lapuente, el ejecutivo máximo.
    - Con razón, ¿no? Si les espía.
    - Pero ellos no lo saben.

    Hortensio se rascó la sien.

    - Vaya lío, ¿no? Y entre medias, nos ponen micrófonos hasta a nosotros.
    - Así es.
    - ¿Y qué hacemos ahora?
    - Ven, acércate...

    Gutiérrez acercó su boca al oído de Hortensio y estuvo susurrándole durante un buen rato, mientras este asentía. Mejor que el plan quedara en secreto, y donde hubo micrófonos una vez podría volver a haberlos...

domingo, 6 de octubre de 2024

123.- En bollos Panterón

     En bollos Panterón la cosa resultó al revés. Totalmente al revés.

    - Entre usted y yo, y ya que me lo pregunta, es un gilipollas.

    Quien pronunció esa frase no fue Gutiérrez, aunque podía haberlo sido, sino Lapuente, el ejecutivo máximo de Panterón. El comisario flipaba.

    - Ya veo...
    - Lo que le digo, un auténtico gilipollas, ese Smith. Siempre con esos aires de superioridad. ¿Se puede creer que viene aquí y me habla de tú a tú, como si yo tuviera algo que aprender de él? Una patada en el trasero y una buena hostia, es lo que se merece.

    A Gutiérrez, que estaba calibrando la relación que había entre una hostia y una patada en el trasero, le dio por meter el dedo en la llaga.

    - ¿Y por qué no lo echan? Si es tan gilipollas...

    A Lapuente se le abrieron los ojos como si fuera a disparar por ellos ráfagas de metralla. Luego puso tal cara de asco que Gutiérrez, pensando que iba a vomitar, se echó hacia atrás en su asiento.

    - Joder, comisario... es que es bueno, el cabrón, ¿sabe? No se puede ni imaginar los ingresos que llega a proporcionar... y el dinero, ya sabe...

    Sí, Gutiérrez sabía. El dinero sí que era la hostia, y los ejecutivos de las empresas, aunque fueran de bollos y pastelitos, perdían el culo por él.

    Todavía, tras despedirse, y mientras salía del despacho, Gutiérrez podía oír a Lapuente susurrando para sí:

    - Es que es jodidamente bueno, el gilipollas...