lunes, 15 de julio de 2024

117.- Agente doble

     - A ver, comisario... todo esto quedará entre usted y yo, ¿verdad?

    Gutiérrez hizo una mueca de disgusto que Smith quiso entender como un asentimiento.

    - Pues, como le decía, soy agente doble. Espionaje industrial, se puede imaginar. Secretos de empresa, prototipos de productos, proyectos para la temporada próxima. Una empresa cree que espío para otra, pero en realidad a esa otra le digo lo que veo en la primera...
    - Joder.
    - Sí, comisario, es jodido. Y arriesgado. El caso es que últimamente tengo la sensación de que me siguen, me observan, me escuchan, conocen mis movimientos con antelación...
    - Y no sabe qué empresa es la que lo está haciendo, ¿verdad?
    - Verdad.

    Gutiérrez se echó hacia atrás en su asiento, encendió un pitillo, expulsó el aire hacia arriba.

    Mientras tanto, Smith se había agachado y se perdía debajo de la mesa del comisario.

    - ¿Qué coño hace?

    Por toda respuesta, Smith levantó la cabeza sobre la horizontalidad superior de la mesa, se llevó el índice a los labios y pidió silencio al tiempo que invitaba al comisario a bajar con él.

    Gutiérrez le iba a mandar a la mierda, pero pudo más la curiosidad. Se agachó.

    - ¿Qué es eso ahí enganchado? ¿Un chicle? -preguntó por señas.
    - Un micrófono -susurro el espía.
    - ¿Un jodido micrófono en mi mesa? -gritó Gutiérrez.
    - Calle, calle -se desesperó en vano Smith. - Que se van a enterar de que los hemos descubierto.
    - ¡La madre que los parió! ¡Que les zurzan a todos!

    Gutiérrez, entonces, le dio un manotazo al micrófono, que cayó al suelo, se quitó el zapato y comenzó a arrearle al aparato, como si fuera una cucaracha, hasta hacerlo migas.

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