viernes, 27 de junio de 2025

145.- Una mujer fatal

     Entró en el despacho de repente, como si estuviera acostumbrada a no llamar a las puertas, o a no pedir permiso; como si las entradas se le franquearan de forma automática. Pilló a Gutiérrez en una duermevela extraña, dando cabezadas y con el cigarrillo consumido colgando entre sus dedos.

    - Buenos días, comisario... -dijo.

    Gutiérrez, aún en ese tránsito entre el sueño y la realidad, la vio como un ángel que se le apareciera de forma inesperada. "Estoy muerto", pensó. "Y ya vienen a llevarme al infierno".

     La mujer se sentó, por iniciativa propia, al otro lado de la mesa, encendió un cigarrillo con boquilla (¡con boquilla! ¿pero quién fuma hoy en día con boquilla?) y cruzó las piernas de una manera que hubiera dejado a Sharon Stone a la altura del betún.

    - Comisario, creo que han matado a mi marido.

     Gutiérrez tuvo que limpiarse la baba que le caía de la boca antes de contestar.

lunes, 16 de junio de 2025

144.- El gran truco final

    - Algún día nos contarás tu secreto, Streller -dijo Hortensio, ufano.
    - Un buen mago nunca revela sus trucos, querido -respondió el periodista, acompañando la frase con un gesto que pretendía ser inquietante o misterioso.

    A Gutiérrez, a decir verdad, seguía cayéndole gordo. De todos modos, había que reconocer que, pese a sus métodos irregulares y a esa fea costumbre de meter las narices donde no lo llamaban, Streller había ayudado ya en un ramillete de casos.

    - Igual me vas a tener que contratar, ¿verdad, comisario? Y no soy barato, ¿eh?

    ¡Dios! Sí que le caía gordo.

    - Creo, en cualquier caso, que durante los próximos días me voy a tomar unas vacaciones. Sí. Haré un viaje.
    - ¿Adónde vas? -preguntó Hortensio.

    A Gutiérrez le daba igual dónde se fuera Streller de viaje. Se encendió un cigarrillo y los observó hablar.

    - Al norte de Europa, ya veré adónde. Seguro que allí hay algún caso donde pueda ayudar, como aquí...

    La idea de que Streller, con su gabardina y sus gafas de espía cutre, montara un spin-off con sus aventuras en el extranjero le revolvió el estómago. Lo mejor sería que no iba a volver a verlo en un tiempo al metomentodo este.

    Entonces pasó algo increíble. Streller dijo "en fin, me voy" y, sin moverse de su sitio, hizo un movimiento brusco con el brazo derecho. Inmediatamente, la habitación se llenó de humo. Cuando este se disipó, Streller había desaparecido. Como el mejor de los ilusionistas. Un homenaje a la última víctima del camarero de los smoothies asesinos, posiblemente.

    - Joder -dijo Hortensio, rebosante de admiración.
    - Joder -dijo Gutiérrez, hastiado de tanta tontería.

jueves, 12 de junio de 2025

143.- Hoy no morirá nadie

     - Vale, vale, de acuerdo. Fui yo.

    El camarero de los smoothies asesinos, pues así sería bautizado por la prensa a partir del día siguiente, se había puesto a llorar como un bebé en cuanto Gutiérrez y Hortensio le habían presionado un poquito y le habían soltado palabras como "carotenoide".

    - Vaya nenaza, Hortensio. Los asesinos ya no son lo que eran, ¿sabes?
    - Sí, jefe, pero este, ahí donde lo ves, se ha cargado a cuarto personas, y a punto estuvo de acabar con nosotros.

    Gutiérrez se recordó a sí mismo dudando si debería probar el smoothie o no. La madre que lo parió. Menos mal que pidió el vodka. Malditos brebajes ecológicos...

    Entre lagrimones y mocos el camarero contó no sé qué historia de que odiaba los gimnasios, de que lo habían echado, de que se reían de él, de que con los mensajitos quería crear una paranoia que acabara con todos los negocios deportivos...

    - Nos da igual, panoli -le gritó Gutiérrez. - Has envenenado a gente a sabiendas, y eso se paga con la cárcel.
    - Pero es que...
    - Que te calles.
    - Pero yo...
    - Que te calles, joder. Hoy no va a morir nadie, ¿verdad?

    El camarero de los smoothies asesinos negó con la cabeza.

    - Pues eso es lo que me interesa. Misión cumplida. ¿Lo celebramos, Hortensio?
    - ¿Con unos smoothies, comisario?
    - Anda y que te jodan, Hortensio...

jueves, 5 de junio de 2025

142.- Las razones de Streller y el poder de Wikipedia

    - Es una bacteria, la Xanthomonas fragariae. Aparece en las hojas de las fresas. Es mortal para el ser humano tomada en grandes dosis. Provoca coágulos en las arterias coronarias. Infartos, vamos.

    Gutiérrez tosió, todavía escéptico.

    - Qué listo eres, ¿no, Streller?
    - Lo he visto en Wikipedia.

    El silencio, durante unos instantes, se apoderó de la sala. Gutiérrez y Hortensio mascaban, lentamente, la información del periodista.

    - ¿Puede haber sido, entonces, una intoxicación involuntaria? -preguntó Hortensio.

    Streller negó con la cabeza.

    - La dosis que se necesita para provocar una muerte no es natural. Hay intención detrás, y creo que podría defenderse así ante un tribunal.
    - Un momento, sabelotodo -lo detuvo Gutiérrez, extendiendo la mano hacia delante. - Se han hecho autopsias, ¿sabes?, y no se ha encontrado ni rastro de la "fantasmona fragante" esa...

    Streller se inclinó hacia delante y aspiró el aire, preparándose para su gran gran golpe final.

    - Ahí está lo mejor, comisario. El mango contiene carotenoides.
    - Que te jodan, Streller. A ti y a tu Wikipedia.
    - Sucede que estos carotenoides anulan todo rastro de la Xanthomonas fragariae. No sus efectos, ojo, sino su rastro posterior... ¿Se me entiende ahora?
    - ¿Que si se te entiende? - dijo Gutiérrez, acelerado. - Vamos ipso facto a hablar con el camarero asesino...
    - ¿Y el chupito?
    - Nos lo bebemos por el camino...