miércoles, 5 de junio de 2024

112.- Tiempo muerto

    Hortensio apareció al rato. Gutiérrez quedó admirado por el hecho de que el joven policía no mostrara el más mínimo signo de agotamiento, como si no se hubiera hecho una carrera a la desesperada tras el tipo del bigote.

    Llegaba, además, con las manos vacías.

    - Lo he perdido, comisario.

    Gutiérrez se echó las manos a la cara.

    - Maldita sea, Hortensio. Ahora vuelta a empezar. Y será más difícil, porque ellos ya estarán avisados.

    Hortensio, entonces, levantó el dedo.

    - Creo no obstante, comisario, que sé dónde podemos encontrarlo.
    - Habla de una vez y deja de hacerte el interesante, anda.

    Pero eso, lo de hacerse el interesante, era ya inevitable.

    - Estuve merodeando por la zona por la que lo perdí. Un suburbio de callejones con pinta de estercoleros, qué le voy a contar. Pero hubo un lugar que llamó mi atención. Una puerta. Roja, e impoluta.
    - Y piensas -completó Gutiérrez- que ahí se cuece algo.
    - Ahí se cuece lo más grande, comisario.
    - Pues vamos, antes de darles tiempo a esconderse.

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