jueves, 31 de julio de 2025

149.- Un ayudante necesario

     Hortensio dejó la comisaria en cuanto acabó su jornada de trabajo. Dobló una esquina, aparentemente en dirección a su casa, pero pronto cambió su rumbo habitual.

     De repente se detuvo. Miró a un lado y a otro, intentando comprobar que no lo seguían, y penetró en uno de esos callejones que, a espaldas de las fachadas principales, funcionan como repositorios de basura al tiempo que son olvidados por los turistas y, en general, por las personas de bien.

     Allí se encontraba el bar Holidays. Un antro cuyo lamentable aspecto exterior solo era superado por el interior, oscuro y polvoriento.

     Ponían rock del bueno, eso sí.

     En una de las mesas había un tipo con cara de niño bueno, pinta de no haber roto un plato y toda la sensación de no pegar en un sitio como ese ni con cola. Frente a ese tipo, sin perder ni un segundo, se sentó el ayudante de Gutiérrez.

     - Mel, necesito tu ayuda -dijo sin rodeos. - Gutiérrez se me está escapando de las manos.
     - ¿Qué le pasa a Gutiérrez? -preguntó Mel, el reconocido novelista, encantado de recibir primicias y ayudar en la resolución.
     - Está agilipollado.

     Mel asintió. "Todos hemos estado agilipollados alguna vez en la vida", parecía decir. La ayuda ni había ni que pedirla, por descontado que él haría lo que fuera necesario.

viernes, 25 de julio de 2025

148.- Como Irene Adler

     - De modo que fue aquí donde sucedió todo...
     - Sí, comisario, fue horrible, todo lleno de sangre, y yo, que soy tan sensible...

     Guadalupe Romero lloraba como una magdalena mientras se agarraba al brazo de Gutiérrez, que se dejaba hacer.

     - Dígame que encontrará a mi marido, comisario... ¡dígamelo, por favor!
     - Lo encontraremos, puede estar tranquila.

     Hortensio se aguantaba las arcadas mientras contemplaba la escena de la plañidera y el tipo duro. A él todo esto le olía a chamusquina. ¿Quién esconde un cadáver y lo deja todo perdido de sangre? ¿Quién salía ganando con la desaparición del potentado Crispín? ¿Quién estaba sobreactuando como si pretendiera extender una cortina de humo sobre la verdad del asunto?

     Para Hortensio, todas las preguntas tenían la misma respuesta: Guadalupe.

     Gutiérrez, en esos momentos, tomaba la mano de la compungida víctima, la mirada a los ojos y le decía que todo iba a salir bien, que no temiera.

     - ¿Recuerda a Irene Adler? -le dijo a Gutiérrez en cuanto se quedaron solos.
     - ¿Irene Adler? -preguntó este mientras se encendía un cigarrillo. - ¿No es la archienemiga de Sherlock Holmes? ¿La que siempre lo engaña, siempre va un paso por delante y juega con él como si fuera una marioneta?
     - Exacto.
     - ¿Qué pasa con ella?
     - Que se aplique el cuento, comisario.

     Hortensio no tenía muy claro si el comisario había captado la analogía. Este, por toda respuesta, se rascó la barbilla y le dio una buena calada al cigarrillo.

jueves, 17 de julio de 2025

147.- Una desconfianza absoluta

     - ¿Ha visto a esa tipa, comisario?

     Hortensio asomó la cabeza cuando el eco de los tacones de Guadalupe todavía resonaban en la mente de Gutiérrez.

     Gutiérrez, que aún estaba con la boca abierta, sumido en ensoñaciones, asintió con la cabeza.

     - No hay más que verla para saber que no es de fiar. Mucha seguridad aparente, mucho contoneo, muchas ganas de llamar la atención y un ego como un camión de grande. Es de esas que esconde algo. ¿No piensa lo mismo, comisario?

     Gutiérrez, ausente, asintió con la cabeza.

     - Me está escuchando, ¿verdad, comisario?

     Gutiérrez, sin saber muy bien qué le estaban diciendo, asintió con la cabeza.

     - Comisario, ¿está bien? Parece como si le hubieran hipnotizado. Cuénteme que quería esa mujer que acaba de salir, por favor.

     Gutiérrez, dócil, le contó de Guadalupe y de Teodoro, de crímenes en el baño y de cadáveres desaparecidos.

     - Joder, comisario, esto huele a chamusquina. Debería decirlo usted, pero como le veo muy parado hoy, pues lo digo yo. ¡Despierte, hombre, que está en la parra!

     Gutiérrez se preguntó cómo se atrevía Hortensio a hablarle así, de un lado; y por qué no reaccionaba dándole una buena hostia, por otro. A ninguna de las preguntas obtuvo respuesta.

martes, 8 de julio de 2025

146.- A tu servicio

      Se llamaba Guadalupe. Guadalupe Romero. Y fumaba cigarrillos, esos cigarrillos finos que se dejan emboquillar con docilidad, al ritmo al que lo hacía Gutiérrez.

     Su marido era Teodoro Crispín, un próspero hombre de negocios. De esos hombres discretos que tienen pasta sin llamar la atención, sin que su apellido, aunque este sea Crispín, esté todo el tiempo en boca de todos.

     - ¿Y cómo sabe que lo han matado?
     - Llámame de tú, no seas tonto.

     Acompañó el insultó con un guiño, "es broma, guapetón", parecía querer decir. Y Gutiérrez no se reconoció en el tipo ese que se dejaba hacer, que sonreía bobalicón, perdido en un escote infinito y unas caderas abundantes, ricas.

     - Había sangre en el baño, comisario. Todo lleno. Muy desagradable.
     - Y el cadáver.
     - Para eso he venido, para que lo encontréis vosotros...

     Gutiérrez asintió. Sonrió. Agachó la cabeza.

     - A tu servicio, señora.

     Y le tomó la mano y le plantó en ella un sutil beso.

     Todavía no se había extinguido el eco de sus tacones en el pasillo, ni el contoneo de su cuerpo en la mente de Gutiérrez, cuando este se estaba ya preguntando, sorprendido, qué había pasado para que se hubiera comportado como un completo gilipollas.