jueves, 26 de marzo de 2026

169.- Felicio

     - Con cuidado, Hortensio.

     Gutiérrez ya no estaba para esos trotes. Estas cosas tenían que hacerlas los grupos especiales de operaciones, que para eso estaban. Y, sin embargo, él seguía metiéndose en líos.

     - Aquí huele raro, comisario.

     Era verdad, olía a algo extraño. Una mezcla de rancio y de algo indefinible. Estaba oscuro. Podían estar pisando cadáveres y no se darían ni cuenta. Gutiérrez estaba sudando la gota gorda.

     - ¿No oyes algo, Hortensio?

     A Gutiérrez le habían enseñado que era mejor evitar las situaciones en las que carecía de ventaja. Y en aquella situación ni veía, ni sabía qué pisaba, ni qué olía.

     - Es como un tictac, ¿verdad? Debe ser un reloj.
     - ¿Un reloj? Los cojones. ¡Vámonos a toda hostia!

     Apenas habían salido de la casa cuando esta estalló por los aires. La onda expansiva los tiró de bruces contra el césped. Una explosión en toda regla, digna de material militar.

     - ¡Joder! Estuvo cerca -susurró Gutiérrez mientras se giraba en el suelo.
     - ¡Felicio! -gritó Hortensio.
     - ¿Qué?
     - Felicio. El dueño de la casa se llamaba Felicio. El sospechoso. Ahora me he acordado.
     - Pues Felicio sabía que llegábamos, y no quería que nos fuéramos con vida de aquí. El sospechoso ya es algo más que eso.

     Oyó sirenas a lo lejos. Llegaban los refuerzos. La explosión, claro. Gutiérrez se dijo a sí mismo que no estaba ya para correr estos riesgos. Al menos, ya sabían a quién buscar.

jueves, 12 de marzo de 2026

168.- La casa

     Apenas había luz. Gutiérrez se preguntaba por qué tenían que esperar a que se hiciera de noche para entrar en la casa, por qué el ayuntamiento no ponía más farolas en esa calle y por qué no había ni una bombillita encendida en el interior de la casa.

     - Esto tiene mala pinta, Hortensio.
     - Muy mala, jefe. ¿Buscamos refuerzos y volvemos otro día?

     Gutiérrez se lo pensó. La verdad es que parecía una respuesta lógica.

     - ¿A nombre de quién dices que está la casa?
     - Un antiguo miembro de la Policía, ya jubilado. ¿Cómo dije que se llamaba, comisario?
     - No me acuerdo. ¿Morticio?
     - Algo parecido. El caso es que tenía un coche y acceso a armas, y vive en el interior de nuestro pentágono.

     A Gutiérrez seguía sin gustarle ni un pelo el asunto; pero también seguía sin querer acudir a nadie más.

     - Un agente de policía jubilado, Hortensio. No me fío. Vamos a echar un vistazo.

     Saltaron la valla y se plantaron ante la entrada. La suerte estaba echada, y allí dentro no parecía haber nadie...

jueves, 5 de marzo de 2026

167.- La insoportable irregularidad del pentágono

     - Creo que hay algo, comisario.

     Gutiérrez sonrió mientras aspiraba una buena calada.

     - Genial, Hortensio. ¿Y qué es lo que tenemos?

     Hortensio se sentó frente a Gutiérrez y desplegó un mapa sobre la mesa.

     - En primer lugar, hemos marcado en el plano el lugar donde se han cometido los cinco crímenes. Los cinco, desde un coche en marcha. Los cinco, a punta de pistola.
     - Y ha salido un pentágono.
     - A ver, no, comisario... para qué le voy a mentir... hemos unido los puntos y tenemos una figura irregular de cinco lados, claro, pero eso del pentágono... nuestro hombre no es tan metódico.
     - Vaya -se lamentó Gutiérrez.

     Hortensio siguió.

     - En segundo lugar, hemos buscado propietarios de monovolúmenes oscuros en la zona marcada, y había un buen puñado, la verdad. Pero ya el número se había reducido. Por último, hemos revisado los historiales para ver quién podría poseer, además del monovolumen, una Glock 17.
     - ¿Y?

     Hortensio puso el dedo sobre un punto del plano.

     - Y tenemos un posible sospechoso.

     Gutiérrez apagó el cigarrillo en el cenicero.

     - ¿Y qué cojones hacemos aquí todavía? Vamos allá cagando leches.