Smith necesitó desplegar todas sus habilidades didácticas para que Gutiérrez no le soltara un sopapo. Que si era una labor industrial de primer nivel, que si era un sector con una competencia feroz, que si había millones en juego...
- La cosa es, comisario, que Buenycao va a sacar una nueva hornada de productos, nunca mejor dicho. Una nueva promoción, mejorada. Tengo una información que vale millones...
- Un momento -interrumpió Gutiérrez extendiendo una mano con la palma hacia adelante, como un guardia de tráfico. - Has dicho antes que eras un espía doble, ¿no?
- Así es, en efecto.
- Eso quiere decir, si no me equivoco, que hay una empresa de la competencia que piensa que le estás dando información secreta sobre los Buenycao.
- Si. Pero, en realidad...
- Pero, en realidad, informas a los Buenycao que los proyectos que esa otra empresa tiene, y a los que tienes acceso...
- Y a los que tengo acceso porque, obviamente, al ser espía, tengo amigos y contactos. Pero mi principal misión es la desinformación. Mandarle a la competencia información falsa, planes inventados, para condicionar de forma errónea su respuesta.
Gutiérrez se quedó pensando. Una multitud de datos se cruzaban en su cabeza a velocidad vertiginosa.
- Joder... -dijo, por fin.
Se encendió un cigarro. Aspiró tranquilamente.
- Llegados a este punto, tengo tres preguntas, Smith.
Este asintió.
- Primera: ¿cuál es la empresa de la competencia de la que hablamos?
- Panterón. Bollos Panterón.
- Vaya tela... Segunda: ¿cómo se mejoran los bollos Buenycao?
Smith miró a uno y otro lado. Y bajó la voz.
-¿Me promete guardar el secreto, comisario?
- Por favor, soy un profesional...
Smith susurró, de forma casi inaudible.
- Más cacao...
- Vaya tela...Tercera: ¿me confirma la empresa a la que usted le guarda fidelidad? Ya me estoy perdiendo...
- Buenycao. Pero creo que ellos piensan que les espío.
Gutiérrez apuró el pitillo y se rascó el ojo.
- Vaya tela...