lunes, 25 de agosto de 2025

151.- Un cadáver incómodo

     Así que ahí estaba Mel, dale que te pego con la podadora. La experiencia con los setos de su madre había sido positiva. Él no había sufrido demasiado, y ella había quedado contenta con el resultado. Hasta le había querido dar unos eurillos por el trabajo realizado. Él, por supuesto, se había negado.

    - Que no, mamá... que no hace falta...

    Al final habían quedado en que Mel se pasaría por casa de su madre a cenar próximamente.

    Con Guadalupe Romero también había sido fácil entrar.

    - ¿Señores de Crispín? Soy el jardinero...
    - Adelante.

    El problema estaba en que se le acababan los setos y todavía no había podido colarse en la casa para buscar pistas. Ni en el garaje. Guadalupe estaba dentro, y el novelista disfrazado no se atrevía a inventarse una historia. ¿Podía decir que tenía que ir al aseo? ¿Que una rama se había colado en el dormitorio?

    El caso es que estaba ya pudiéndole la ansiedad, y el método Stanislavski mostraba ya sus fisuras, cuando Mel vio algo raro entre unos parterres preñados de hortensias. Se acercó. Comprobó que la tierra había sido removida recientemente en aquella zona, y no se imaginaba a Guadalupe Romero en labores de jardinería.

    Comenzó a escarbar con sus manos, mirando a un lado y a otro, para no ser descubierto.

    Vio una mano. Una mano enterrada. Una mano humana. Tuvo que ahogar un grito para no ser descubierto. La mano estaba pegada a un brazo. El brazo llevaba chaqueta.

    Lo volvió a enterrar todo y se fue por patas. Ni siquiera avisó a la señora de la casa, así que se quedó sin eurillos, y sin cena con Guadalupe. Ya tendría tiempo de verla cuando la detuvieran. Mejor quedar con su madre, que no parecía tan maquiavélica.

lunes, 11 de agosto de 2025

150.- Un disfraz estrafalario

     El novelista se miró al espejo y se sorprendió de lo que vio reflejado en él.

     - Joder, Mel, das el pego.
     - ¿Tú crees?
     - No te reconocería ni tu madre. De hecho, creo que tu madre, si te viera así, te pediría que le cortaras el césped y que le podaras los setos.

     Hortensio le dio una palmada en el hombro y quedaron, los dos, frente a frente con sus reflejos.

      - Y ahora, manos a la obra, y a meterte en el papel.

      A Hortensio se le había ocurrido vestir a Mel de jardinero y colarlo en casa de Guadalupe. Y hacerlo sin que Gutiérrez lo supiera, en lo que suponía un atrevimiento sin precedentes y plagado de riesgos. El primero de ellos, el enfado de Gutiérrez si se enteraba.

      Mel había aceptado, pero había recordado que él seguía el método Stanislavski.

     - Voy a hacer lo que dices. Me meto en casa de mi madre y le corto los setos. Si no me reconoce, es que va bien el plan.
     - Te vas a hartar de la jardinería.
     - Es el método Stanislavski, amigo.
     - Tú mismo. Hala, ve a por la podadora.