martes, 2 de septiembre de 2025

152.- Una despedida temporal

    - ¿Se puede saber qué cojones habéis hecho?

    Gutiérrez apretaba los puños. En la sien, una venilla parecía a punto de reventar.

    - A ver, comisario, usted estaba en la parra y nosotros pensamos...

    Hortensio se la estaba jugando. Podía estar cayéndole una bronca de cojones. Afortunadamente, Mel se había portado y el asunto había acabado bien.

    Una vez desenterrado del jardín el cadáver de Teodoro Crispín, a Guadalupe Romero la habían detenido ipso facto. No habían necesitado mucho para demostrar que Lupita había envenenado a su marido y lo había enterrado, más mal que bien, en el jardín.

    A Gutiérrez no le había gustado la noticia, y la última mirada que ambos se cruzaron, antes de que se la llevaran esposaba, era digna de película, de aquel "lo nuestro podía haber sido de otra manera", o de aquel "si no hubieras matado a nadie todo sería diferente". En cualquier caso, parecía que Gutiérrez aún no estaba a salvo del influjo de Irene Adler.

    - Es su Némesis, comisario.
    - Que te jodan.

    Hortensio puso su mano sobre el hombro de Mel.

    - Tiene que admitir, comisario, que somos buenos...
    - Unos cabrones, eso es lo que sois.
    - Sí, pero unos cabrones muy buenos en lo nuestro...

    A Gutiérrez, por debajo del bigote, por detrás del enfado, se le escapó, casi imperceptible, una sonrisa de orgullo por sus chicos. Pero que ellos no lo supieran, no fuera a ser que se lo creyeran y se les subiera a las barbas...