jueves, 20 de febrero de 2025

131.- Paseo por el parque

     Gutiérrez miraba con cara de asco la fauna que pululaba por el parque. Niños corriendo y tirándose de los columpios, madres hablando en corro mientras sus hijos se entretenían, un puñado de gente sacando a un puñado de perros, vagos tirados al sol, burócratas comiéndose el bocata... desde luego, aquel no era su hábitat.

     Se encendió un cigarrillo y convirtió en carajillo el café solo que se había pedido en un puesto a la entrada.

    - Aquí no vamos a encontrar nada, comisario -dijo Hortensio, optimista como siempre. - No hay huellas, no hay rastros... Si no fuera por la notita, ni siquiera estaríamos investigando esta muerte.
    - Ya lo sé, Hortensio -contestó Gutiérrez. - Tú sigue mirando...

    De repente, Gutiérrez notó una mano en el hombro. Cómo odiaba que le tocaran en el hombro...

    - Buenos días, comisario Gutiérrez.

    Gutiérrez se giró irritado, y su irritación aumentó cuando comprobó que tenía ante sí a Streller, siempre con su gabardina, siempre inquietante, siempre repelente.

    - Hombre, el gacetillero...

    Streller se tocó con dos dedos la punta del sombrero a modo de saludo. Gutiérrez se preguntó por qué a Streller le gustaba ir vestido del inspector Gadget durante todo el año; se preguntó, también, cómo coño se había enterado de que estaban investigando un posible crimen.

    - ¿Alguna novedad?
    - Nada, Streller. ¿Qué haces tú por aquí?
    - No sé, comisario. Un tipo muere de forma aparentemente natural, pero la policía lo investiga como si fuera un crimen. ¿Qué pasa, tenía una nota en el bolsillo o qué?

    Puto Streller...

    - Anda Hortensio, vámonos... Habrá que hacerle la autopsia al tipo y seguir investigando, porque aquí no hay nada. Te mantendremos informado, Streller, no te preocupes...
    - No, comisario, si no me preocupo, me voy a enterar igualmente de todo lo que vaya sucediendo -contestó con sorna, acompañando con un guiño irónico sus palabras.

    "Si no fuera por lo que ya hemos pasado juntos, joder", pensó Gutiérrez, "se iba a enterar el Streller este de lo que vale un peine...".