- Joder, comisario, repítemelo, que no me entero.
El comisario se empezaba a cansar, aunque reconocía que el asunto mandaba huevos.
- A ver, Hortensio. Otra vez. Y ve tomando nota, anda, para no tener que preguntarme más.
Hortensio tomó lápiz y papel, se pasó la punta de grafito por la lengua y puso cara de interesante.
- Empiece a cantar, comisario.
Tras una mueca de disgusto, Gutiérrez recopiló lo que hasta entonces tenían.
- Smith trabaja para dos empresas, Buenycao y Panterón. De hecho, y según nos ha dicho, trabaja para Buenycao, y espía para Panterón. Sucede que Buenycao va a sacar un producto que es la hostia, y Smith cree que en Buenycao piensan que él les va a ir con el cuento a Panterón.
- Cosa que no es verdad.
- Eso dice él, Smith.
- Y en las empresas...
- En Buenycao lo adoran. Eso dice su presidente ejecutivo, Atilio Esquimez.
- Ya, pero Smith no lo ve tan claro.
- No, en efecto. Y yo ya no me creo nada.
- ¿Y en Panterón?
- En Panterón no lo tragan. Al menos Lapuente, el ejecutivo máximo.
- Con razón, ¿no? Si les espía.
- Pero ellos no lo saben.
Hortensio se rascó la sien.
- Vaya lío, ¿no? Y entre medias, nos ponen micrófonos hasta a nosotros.
- Así es.
- ¿Y qué hacemos ahora?
- Ven, acércate...
Gutiérrez acercó su boca al oído de Hortensio y estuvo susurrándole durante un buen rato, mientras este asentía. Mejor que el plan quedara en secreto, y donde hubo micrófonos una vez podría volver a haberlos...