miércoles, 4 de septiembre de 2024

122.- El presidente ejecutivo

     La fábrica de Buenycao era, de grande, casi una ciudad. Varios edificios se especializaban en distintas fases de una producción ingente.

    - El emporio Buenycao... -susurró Gutiérrez.
    - ¿Perdone?
    - Nada, nada...

    El presidente ejecutivo de Buenycao había recibido a Gutiérrez de buen grado. Se había presentado como Atilio Esquimez, don Atilio, para el común de los empleados. Tras recibir un ilustrativo y laudatorio paseo por las instalaciones, Gutiérrez había ido al grano.

    - Quería preguntarle por uno de sus empleados, Smith.

    Gutiérrez creyó observar que el rostro de don Atilio se ensombrecía.

    - ¿Smith? Sí, es jefe de sección. Un gran empleado, y una excelente persona. Me consta. ¿Por qué?
    - Por nada en particular... dicen por ahí que tiene algunos problemas personales...
    - ¡Oh, qué fatalidad! Ojalá todos mis empleados fueran felices, comisario. Pero es tan complicado...
    - Me hago cargo, don Atilio.

    Se despidieron con buenas palabras. Un tipo afable, don Atilio. Ese tipo de jefes que guarda un secreto. Ese tipo de personas que, a la mínima, te clava un puñal por la espalda. O se pone a espiarte...